in mis cosas

Esa caja de cartón

Imagino esa caja de cartón. Uno es rico cuando tiene cajas de cartón compradas ad hoc, y no recogidas de la calle, reutilizadas. Cajas de marca blanca, sin logotipos de lejías o de marcas de tabaco, cajas por las que has pagado dinero rechazando los cientos que te esperan como satélites del contenedor azul. Alguien tendrá que tomar cartas en el asunto sobre la apertura estrecha y peluda de los contenedores azules y su inexorable choque contra la ancha y viscosa realidad. Sólo tiene cajas ad hoc un rico y él es rico.

Así que tiene su caja de cartón esperando verse repleta con sus fotografías familiares enmarcadas, su pluma, su bandera y su pisapapeles, la escenografía de un despacho en el que nunca habrá pasado nada. La caja espera a ser portada con la parsimonia de la que se disfraza la rabia del exempleado, todavía en estado de shock. Vete a casa, Joe. Deja aquí tu placa y tu arma. Estás demasiado implicado en el caso, necesitas descansar.

Estoy seguro que él se cree su propia historia, la narrativa que con tanto mimo ha cuidado casi hasta el final. Pero el crimen perfecto no existe. Como si de no estar cazando paquidermos, hubiera podido hacer algo por reducir la longitud de las colas del paro, o entrar en las negociaciones entre patronal y sindicatos. No.

Y hoy juega España.

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