in mis cosas

Galanterías

“Yo ya he dejado atrás
nombres y teléfonos,
yo ya he dejado atrás
el miedo al ridículo,
yo ya he dejado atrás
los sábados insólitos
en los que andaba
haciendo el tonto.”

Francisco Nixon

Antes de que decidieras pasar la noche en casa, yo ya lo había previsto todo. Tengo la teoría de que la revolución de los claveles en Portugal fue una gran mentira. Ni deseo de cambio, ni seducción al ejército, ni nada que se le parezca. Es que antes de que existiera el Diario de Patricia, o de que las teleseries americanas nos enseñaran que ser romántico es cenar con velas y poner la chaqueta de béisbol sobre los hombros de las chicas, los galanes lo teníamos más difícil.

Un tipo convenció a medio país para que sacaran flores al balcón. Les dijo que era por amor, y antes la gente era más blanda para esas cosas. No se había estrenado Alien contra Predator. Además en Portugal la gente siempre es de antes, y por eso el chaval vió el filón y logró que desde Oporto hasta Loulé engalanaran las calles para un paseo eterno -o, por lo menos muy largo- con su amada. Luego los socialdemócratas lo aprovecharon para ver en ello un acto revolucionario, tomar el poder y todo eso.

Antes de que decidieras pasar la noche en casa ya tenía todo preparado para impresionarte haciendo que llueva dentro. Y ahora me las veo con el técnico del calentador, el presidente de la comunidad de vecinos, y la jodida realidad.

Share

Leave a Reply