in mis cosas

Goliat F.C.

“Muchas veces, la victoria empobrece a las personas. Yo prefiero la estética a la victoria”

Julio Llamazares.

Cualquiera que me conozca, puede sospechar de mi simpatía por la frase del escritor leonés, incrustada en un artículo que pretende ser una loa a la derrota, en la edición de ayer (por hoy) de El País, firmado por Juan Cruz, ese editor con voz de chica, que es el intelectual del Grupo PRISA. Es decir, que si sacaran una línea de muñecos articulados del grupo empresarial de Polanco, “el intelectual”, el “smart spice“, sería Juan Cruz.

De ahí, me bajo a Mercadona pensando en el puto relato de David contra Goliat, y me doy cuenta, años después de haberlo oído en el colegio Marista, que en realidad voy con Goliat, o que el personaje y la historia de Goliat, honestamente, me resulta más atractivo que el de David. A mí también, como a Llamazares, me seducen más los perdedores, pero creo que en la historia bíblica, el que tiene todas las de perder es Goliat, el favorito.

Ya he comentado en otras ocasiones, que mi Elvis preferido es el de Las Vegas, el acabado, el decadente, el devorado por un personaje incontrolable, comido por contratos, marcas de gomina y barbitúricos. El Lennon interesante no es el colocado de ácido clamando por la paz, sino el que pega una paliza a unos mariachis que, en un resturante newyorkino, intentando agradarle, interpretan Yesterday.

En el último minuto de una liga, David no era Djukic. El central yugoslavo del Deportivo, con la Liga en sus botas, tenía 24 pies de ancho por 8 de largo para ganar, y González, el portero del Valencia, sólo sus dos manos para detener una historia ya escrita. Y ganó David, y los focos huyeron de Goliat a Barcelona, donde años después, Guardiola ya lo advirtió: “algún día perderemos“.

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