in mis cosas

Herederos de Polanco

Abría fuego ayer elmundo.es, y al final los medios del propio grupo editor no pudieron por menos que publicarlo: PRISA va a deshacerse del 18% de su plantilla. Fue elpais.com quien abanderó el reconocimiento, y una pequeña nota en el boleto de las 21 en la Cadena SER, lo anunciaba con voz apagada como de necrológica a la que se quiere dar poco bombo.

Porque la muerte hoy en día se trata como un espectáculo con ciertas dosis de morbo, y el morbo es suficiente para convertir algo en noticia per se, excepto cuando la muerte es la nuestra. Decía Román Reyes, doctor en filosofía y maestro de descarriados, que todos nos reiríamos del orgasmo ajeno, pero que el nuestro no nos haría puta la gracia. Anoche, la voz de la radio contaba la confirmación de un desastre de manera monótona, en lo que fueron unos segundos de un texto que pedía otro deleite y que, por tanto, quedaban algo fuera de contexto. Y yo soy muy fan de las cosas fuera de contexto. Pero para sacar algo de contexto, primero hemos de conocer esas circunstancias satelitales.

Lo malo de la noticia, enclavada en un proceso de desintegración de un gigante de la comunicación, e incrustada inequívocamente en un entorno de crisis económica, es el olvido. Este tipo de noticias parecen cestas de cabezas en la Plaza de la Bastilla, adolescentes de un cuerpo que les dé coherencia. Es un olvido a todas aquelas noticias en la que anunciaban megafusiones en Latinoamérica (de las que el único país rentable está siendo Brasil, donde la estrategia de Polanco no intervino), compras de derechos de distribuciones (buen momento)… cuando todas las fichas de la rentabilidad caen, proyectos no rentables, en tanto van a toda velocidad, como El País, CNN+, Cuatro… acaban por no sostenerse.

Pero en ese proceso destructivo y de olvido, no sólo se va cayendo la historia, también se van borrando fotos. La personalización de los momento grandes, ejemplificada con Juan Luís Cebrián abriendo la sesión en Wall Street, desaparece paulatinamente, para que los procesos de destrucción aparezcan como anónimos.

Y aquí está la trampa. Los responsables, con sus riñones forrados pese a la caída, se empeñan en hacer ver a sus empleados, y por extensión a la sociedad, lo inevitable de su destino. Insisten en la traición de las rachas económicas, en el ciclo Kondrátiev, y en que es la mejor de las decisiones, en tanto en cuanto la economía es un movimiento impersonal e imparable que lo devora todo.

El discurso, repetido machaconamente, cala en la sociedad, en sus pequeñas idiosincrasias de bar, que luego son las que escapan a estudios sociológicos, y marcan sus decisiones. Por tanto, las excusas de gestores a los que las apuestas salen mal, acaban conformando la principal alianza con las ideas más reaccionarias. Y como en todo lo importante en este mundo, no hay una sensación de responsabilidad. Ni siquiera sé si los popes de la izquierda más o menos millonaria de PRISA, se han parado a pensarlo.

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