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Hijos de puta (la teleserie)

En capítulo del viernes de “Golpe de Estado”, pudimos ver a tres ministros contando recortes en las líneas rojas que dijeron que no superarían: sanidad y educación. Estuvo entretenido ver a Wert encarnando el papel más cómico con entereza y credibilidad, se notan las horas de vuelo en tertulias. Soraya, único vínculo actual con la generación JASP de los años 90, junto con las camisas de cuadros, pierde las formas cuando cree que la cámara no enfoca: su gesto mientras hablaba Mato era, cuanto menos, curioso. Y la propia Ana Mato, en el papel de mala fue quizás lo más flojo del capítulo.

Así, a grandes rasgos, el episodio iba de que para mantener el actual Estado de Bienestar, es imprescindible desmontar el Estado de Bienestar. También que para eludir el copago sanitario, sería una buena idea comenzar el copago sanitario. No se olvidaron de indicar que el PSOE había puesto en peligro la sanidad pública, universal y gratuita. Pérmítaseme aquí apuntar la importancia del “gratuita“. Como bien sabemos, ni el personal sanitario cobra, ni los hospitales pagan luz, o agua, se les regala el material… O bien lo paga un señor muy rico de Cuenca porque, se hartan de decirnos que es gratuita.

Entiendo que con todo esto existe un problema en el que también inciden: al tener las cosas “gratis”, no las valoramos. Parece un argumento lógico, y propongo una solución: en vez de pasar por caja otra vez, que hagan como con las “facturas informativas” impuestas en los centros sanitarios, pero al revés. Esto es, que en la declaración de la renta, nos envíen una factura sabiendo a qué se destina cada céntimo de nuestros impuestos. Que en cada cartón de tabaco, botella de alcohol, repostaje de gasolina, abono del IVA, alta de actividad empresaria, impuesto de beneficios, pago por servicio público, o caja de compresas (que saben tienen impuesto de producto de lujo) aparezca señalado dónde va esa pasta: tantos céntimos a pagar a su médico, tantos al profesor de su hijo, tantos a farlopa para el Director de Trabajo de su comunidad autónoma, tanto para el palco del Teatro Real, y tanto para evadir a Suiza.

El capítulo del viernes estuvo trufado de referencias a la “racionalización“. Una de las bases del pensamiento único, cultivado desde hace años, es que existe una razón, única en indivisible, que curiosamente está en poder del sistema político imperante, el capitalismo. Por ello, cada vez que oigan a un político o ideólogo del sistema hablar de “racionalización”, se están refiriendo a extremar las medidas ultraliberales. De hecho se puede sostener, sin sonrojo, un discurso idéntico apelando a lo racional en el gasto, y que no cuestione, por ejemplo, la racionalidad del jefe de Estado (recuerden, un monarca designado por Franco y, como todo monarca, elegido por dios).

Con la brasa que han dado los diarios fascistas (ABC, La Razón, La Gaceta) justificando el copago en base a que no había derecho que Emilio Botín no pagara por las medicinas, ahora resulta que don Emilio va a pagar 18 euros al mes. ¡Wow! Magnífico. Hablar del déficit de la sanidad es obsceno. Dividir un presupuesto, y parcializarlo para buscar partidas que gastan más de lo que ingresan de manera directa, es tan absurdo, como echar de los hogares a todo aquel miembro familiar que no fuera productivo: niños y abuelos, discapacitados, parados… todos a la puta calle -¡Pero si los miembros que trabajan lo sostienen!- Ya, y qué, pero ellos son deficitarios.

¿Qué pasa con empresas que daban un enorme superávit? Pues que se han puesto en manos de amigos (Telefónica), o que se quieren poner en manos de amigos (Canal de Isabel II). Ahora nos queda lo deficitario, así que sigamos desmantelando, claro que sí.

Entran en la educación a sangre y fuego. El ministro Wert dice que en los másters no se repite, porque duele el bolsillo. No sé si el ministro Wert habrá echado cuentas de si es más rentable pagar un año de universidad a un repetidor, o un año de paro a un magnífico licenciado que sale directamente al paro. Igual deberíamos aplicar ese sistema de incentivos con la clase alta, con las élites, con los elegidos. Si no hacen funcionar todo esto: tiro en la nuca. Creo que puede ser suficientemente motivante. Y bastante complicado, dirán. De momento.

Después de tomar el control político de RTVE sin tapujo alguno (echando a los sindicatos de la directiva), después de anunciar que un millonario pagará 18 euros por sus medicinas, y un pensionista que cobre 200 euros, pagará 8, después de anunciar que el sistema educativo será elitista o no será, después de todo esto, ¿Qué? Esa es la pregunta. ¿Qué ha pasado con los indignados?, ¿En qué está mutando la indignación?, ¿Seguimos creyendo que el movimiento será masivo, popular y racional? Sería la primera vez, hijos míos…

Ahora miren (vía frannixon):

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  1. Mis alumnos.de secundaria están tan acostumbrados a que les digan lo que hacen mal y lo que no sanen hacer, que se paralizan ante tareas para las que están perfectamente capacitados. Hay que aprender a no depender de lo que nos digan los demás y confiar en nuestros instintos y posibilidades. Está claro que una sociedad de borregos siempre es más fácil de doblegar que una de ciudadanos, pero no hace falta rendirse a la primera de cambio, ellos ( los que nos gobiernan), no lo hacen.