in marketing

Irrealidad virtual

Los medios de comunicación de masas causaron un impacto tan brutal como difícilmente asumible. De un día para otro, después de millones de años de existencia sobre la Tierra, podríamos enterarnos casi de cualquier cosa que pasara en el mundo. Y no nos adscribimos a un interés local, que nos haría pensar que vemos las cosas desde un etnocentrismo atroz, sino que tenemos un punto de vista global, porque a todo llegamos.

De tan manoseado, casi no tiene sentido decir que la primera sensación que deja la revolución de los medios, es que lo que no aparece reflejado, no ocurre. ¿Conocéis a Víctor Sandoval? Cada show en Sálvame es un denodado ejercício por sentir que existe. Como él cientos de personajes televisivos, y millones de personajes no televisivos, pero que creen que merecen su propio programa, educados para ser estrellas, como dijo Chuck Palahniuk.

De esta primera consecuencia, deviene la segunda, y es que tener acceso a información desde cualquier parte del mundo, hace que tengamos una visión global. La cuestión es que toda información recibida, es buscada, capturada, procesada, transmitida y asimilada desde el etnocentrismo, no existen esos puntos de vista globales que pedía Lyothard.

La red ha supuesto otro estado de shock para la forma que tenemos de comunicarnos, pero también de ver, de entender el mundo. Si lo que no aparecía en la tele no existía, imaginemos si existe algo que no aparece en la tele ni deja huella digital alguna. Ni en redes sociales, ni una entrevista perdida… Por eso, hay veces que me pregunto quién ordena todo. Me pregunto si la red está al servicio del usuario y, si es así hasta cuándo.

Si ustedes buscan en google a la jamelga de Beyoncé Knowles, el servicio de autocompletado del buscador le ofrece a la cantante en cuanto han marcado las letras “be“. Busque a Lyothard, y el mismo servicio se lo autocompleta cuando hemos escrito “lyothar“. Los servicios de coockies y matching son tan fantásticos, que apetecen. Espiarnos para obtener nuestros usos, costumbres, gustos y depravaciones, parece bueno para el negocio y útil para nosotros, pero teniendo en cuenta que hay personas que talan el Amazonas, o producen bombas de racimo, dudo que no sea tentador que nos introduzcan productos interesados entre nuestros gustos, y que llegue el punto en el que los fabriquen (los gustos) atinando más que ahora, que no van mal: el control absoluto (con trasfondo, obviamente político y de control social).

Y en el momento que nos cuelen productos (como comenzará realizar Twitter con sus invasivos tweets de empresas a las que no sigues), podemos empezar el debate sobre cómo nos moldean más el cerebro. Y habrá quien diga que siempre habrá intrépidos cabrones, viejos topos, capaces de explorar, y de ofrecer cosas que mejoren nuestro mundo. Y te diré que su número es residual, que el resto se deja llevar entre cantos de sirena de un futuro donde llevar unos pantalones CK te haga más feliz.

Hemos creado un mundo virtual en el que podríamos hacer cosas tan extrañas e increíbles como nos pudiéramos imaginar. Y sin embargo no las hacemos. Los juegos de simulación social funcionan. Juegos en los que podemos huir de las frustraciones del día a día, y convertirnos en otro. Y muchas veces ese “otro” se corresponde con el “yo” que nos gustaría. Es decir que podríamos ser exploradodes en Andrómeda, pero la mayoría se quedaría como está, pero con huevos para decirle a la del cuarto que si se lo montan en el ascensor.

¿Se podrá tocar lo virtual?, ¿Las herramientas de marketing serán siempre tan cutres como en Second Life?, ¿O se refinará la cosa? Suena tan tentador poder generar los anhelos de las personas de manera directa. Y suena tan peligroso, como lo ha sido siempre. Y ahora me voy con el Tamagotchi a por el Paper.li. Buen domingo.

Share

Write a Comment

Comment