in mis cosas

Javier Bordem

Lo sé, para muchos de vosotros el título del post supone una decepción respecto a mi posible calidad como escritor, pero es que Antonio Ozores ha muerto, y alguien tenía que ocupar su puesto. El caso es que escucho ayer el circo de entrevistas de promoción en el que participó Javier Bardem, de tele en tele, de radio en radio, repitiendo las mismas frases como contestación a las mismas aburridas preguntas.

En una de ellas le cuestionan si no se sintió raro, dado su talento interpretativo, al compartir cartel con actores noveles. El tío dijo que le era igual, que todos son iguales y que no sabe a qué talento se refieren. Es un rafanadalista y, los lectores habituales sabéis que cuando veo, leo o escucho a un rafanadalista, me salen sarpullidos. Denomino rafanadalismo a todo acto de humildad hecha por un privilegiado, o millonario. El orígen del término está en el architenista yernoperfecto de Rafael Nadal, un tipo que, aunque se enfrente al 1.536 de la ATP, sigue mintiendo al personal, declarando que será un partido muy complicado.

Bardem me parece la sobrevaloración hecha carne. Siempre papeles muy muy característicos -discapacitado, gay con pluma, parado paletillo– es un actor que dista de ser bueno, pero que malo, tampoco es. Nada del otro mundo, nada merecedor de la vitola que le rodea de actor de método de la polla en cebolla. El caso es que el tío, no sólo lanza veintitrés titulares por entrevista, sino que va de “no veo todo lo que tengo alrededor, no me creo nadie“. No digo que, como sugiero en la cabecera, haya que ir partiendo cráneos por los campos de fútbol, pero tampoco rendirse al populismo bonachón, que tantas alegrías ha dado a sagas como la de los Borbón y Borbón.

Los rafanadalistas son gente pulcra, grandes profesionales y bellísimas personas, que luego suscitan enorme sorpresa cuando se les pilla tocando a menores. Son esa gente que te vende que no tienen lado oscuro, que adolecen de esa cara hijoputa y humana. Seguro que el agente de Bardem, a la hora de exigir su caché, tiene bastante más clara la diferencia entre su representado, y el resto de seres humanos.

PD: Absténganse de comentar los seguidores de El Gato al Agua y otras tertulias filonazis, que ponen al actor a parir por su ideología.

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  1. El rafanadalismo es lo habitual en casi todos los aspectos de este sistema occidental desde hace ya muchos años… Si empiezas a enumerar ejemplos no tendrías espacios en el blog… Dicho esto, siento discrepar (la verdad es que no lo siento; mi guiño al rafanadalismo), pero a mí Bardem sí que me parece un actor bueno… Lejos de los mejores de toda la historia, pero muy por encima de un buen número de actores… Claro está que esto lo digo como espectador ocasional (otro guiño rafanalista; tendría que decir friki del cine), ya que de actor tengo lo mismo que de monja ursulina (nada, por si alguien se lo pregunta)…

  2. Algo habrá aprendido el capullo susodicho a fuerza de salir hasta en la sopa. A mí simplemente me da un poco de asco, pero sólo un poco. El suficiente para no gastarme un €uro en verle. Y de la “señora” que tiene por madre, pues no digo na’ que luego to’ se sabe.
    Creo que ha llegado el momento de que el colmo de un comunista se cumpla: Que les corten la polla -la lengua a ellas- con una hoz y se la metan por el culo a martillazos, todo, en aras de la defensa de la democracia cubana y de la integridad del Pringuezorra*

    *pringuezorra

  3. Pues chico, casi prefiero el rafanadalismo al fernandoalonsismo: “Soy demasiado guay para vuestros oídos plebeyos”.

    Discrepo en otro punto: Bardem no tiene ideología conocida. Creerse que sí, creerse la que proclama por los foros, es creerse su rafanadalismo.

  4. A mi todos estos archimillonarios que a la par parecen capaces de sentarse a hacer botellón en un parque me parecen la versión post-franquista (me resisto a escribir demócrata) de aquellos mercadillos solidarios de señoras de visón y collar de perlas.

  5. Entiendo que la única humildad hecha por un privilegiado o millonario que le interesa a SPCB es la de Pep. Yo en cambio defiendo al mundo actoral en este sentido. Ellos son perfectamente conscientes de lo que son y lo que arrastran. Y el momento en que digan: “Sí, me lo creo”, están perdidos por ellos mismos y sobre todo, por los medios, esas bestias de titulares sensacionalistas descontextualizados.

  6. a mí me cae un poco gordo, tampoco le considero buenísimo actor…Tu post al menos ha sido muy gracioso!!!!!