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La Navidad (y de repente la comida se convirtió en manjar)

El sorteo de la Lotería Nacional suele dar el pistoletazo de salida real a las fiestas navideñas. El premio siempre está repartido, más que nunca, cae en barrios humildes, donde hace mucha falta, y es madrugador caiga a la hora que caiga. El de este año a las 10:07, una hora después de empezar el sorteo. Brutal madrugón las diez de la mañana. Considerar “madrugador” a algo que sucede a las diez y siete de la mañana dice mucho del colectivo periodista. Luego gente brindando en vaso de plástico con sidra El Gaitero, sandeces balbuceadas a cámara, y una pequeña fortuna que se dilapidará en menos que tarden los compañeros periodistas en recogerse, tal vez en un viaje a putas a Benalmádena.

El Gordo llega tras dos o tres meses de bombardeo preventivo. Desde octubre podemos comprar dulces típicos en las grandes superficies comerciales, y la televisión nos abrasa con spots de temática navideña, plagados de emoción barata, con divertidos papás noeles y reyes que son tan magos que no cazan en Botswana. Son momentos críticos en los que el pensamiento único defiende la fortaleza de la verdad, el bien y la belleza, en este caso pasar estas fechas con “los tuyos”. Este año hemos encontrado una especial tendencia por parte de las marcas y las agencias, a sacar tajada emocional a la crisis, como si los bancos fueran unos hijos de mil madres, y el consumismo irracional se fuera de rositas en todo esto.

Mi favoritos son  los spots de colonias, que luego se llamaron perfumes para más tarde ser fragancias. Siempre frase final en francés, que si no parece una paletada, siempre imágenes locas, siempre mensajes soterrados, siempre modelos haciendo gestos raros, como si fuera una perfomance de final de curso en Bellas Artes. Perfecto para impactar en el mismo target que hace un rato, en ese mismo canal, veía Gandía Shore. Los perfumes, como los feos en los garitos a las cinco de la mañana, venden por atolondramiento. ¡Imágenes, sensaciones, pasión, caballo, señor con perilla, chica mordiendo manzana…!, ¡¡Compro!! Es posible que no sea necesario pagarle el anuncio a un fan del costo. Los perfumes son regalos de compromiso, se ponga uno lo lírico que se ponga.

Y llega el turno de la comida y las nomenclaturas. De repente todo se convierte en ibérico. Hasta el corte de mangas que se le hace a la crisis es ibérico  Este año, dado que todo es ibérico y por tanto la etiqueta no vale como diferencial, se introduce el concepto “ibérico puro“, que es algo como muy del PNV. Se entiende que al cerdo se le examina antes de los dolores para comprobar lo a gala que lleva eso de ser íbero. Creo que con el lomo embuchado deberían entregar el certificado de nacimiento, árbol genealógico y escudo heráldico del animal. Cada vez que ustedes se consideren seres inteligentes, recuerden que en los 90, en las superficies comerciales, había unos señores que imprimían sus presuntos escudos heráldicos en un folio que simulaba ser un pergamino, se lo enmarcaban, ustedes le daban diez mil pesetas a cambio, y se iban a casa tan contentos.

Hoy no hay caja de mazapanes que no se convierta en una “cuidada selección de figuritas artesanales de mazapán”, nombre que da a entender que en el templo del siglo XIII en el que unas monjas puras han realizado el mazapán con una ancestral receta también del siglo XIII, una de ellas selecciona los mejores para ti, y los introduce en una caja industrial, tirando el resto de mazapanes que no son perfectos a la basura. En navidad todo es artesanal -excepto el packaging-, todo es selecto, todo es de primera calidad, todo es “extra” o, si me apuran, “supremo”. Por cierto que en el convento, en el siglo XIII, se apareció una monja del futuro que les dijo que no se preocuparan, que se descubriría América y de allí traerían fécula de patata para sustituir a la almendra en su ancestral receta, y así se abarataría el coste de la producción.

Un paquete de dátiles ya no es un puto paquete de dátiles, es un “viaje a un mundo del sabor más exótico con la cuidada selección de dátiles que sólo Sekitos puede ofrecerte”. Y aquí los amigos de Sekitos SL introducen un sabio e inolvidable consejo: “Ideales para tomar solos, o para combinarlos como prefieras”. Flipa con el mundo de posibilidades que una caja de dátiles abre ante nosotros. De repente a los turrones, peladillas, polvorones, mazapanes…, se unen desde hace años los dátiles, pasas o frutas escarchadas, perfectamente encontrables en cualquier establecimiento el resto del año, pero que en Navidad se venden como producto típico. Las galletas de barquillo se convierten en “delicias de turrón”, y te lo cuentan con letra Kunstler Script cursiva, como las tarjetas de los abogados en los años ochenta.

Las pasas de Corinto son ahora selecciones supremas, y el Vicente del Bosque de los Frutos Secos, comparece en rueda de prensa en Corinto, ciudad griega del Peloponeso, para dar la lista de las uvas que formarán pare de la selección que llegará al armario de mi casa. Porque ahí tengo todo: en el armario. Estoy atenazado, me siento incapaz, soy gastronómicamente responsable de lo que pase con esos productos navideños. De vez en cuando abro el armario y me pregunto si soy merecedor de tener tal colección de manjares. Si de verdad soy digno de saborear un poco del más puramente ibérico de los chorizos. No sé quién me creo para pensar que merezco ensuciar con mis dientes un turrón duro con una receta de valor incalculable que ha transmitido secretamente durante años, de generación en generación. Vivo con hambre, preso del pánico, porque soy el único hombre de España que se cree lo que pone el envoltorio de las cosas. O se acaba esto y vuelven los productos industriales de mierda de los que sí soy digno, o me temo que me quedan pocos días de vida.

Felices fiestas y que tengan un día repleto de la mejor selección de horas supremas, con artesanales minutos, y extraordinarios e ibéricos segundos.

Vídeo: Los Cavernas

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