in mis cosas

La Odisea (VII El infierno)

(*Este post pertenece a la selección propia “Los mejores post del viejo blog“, en la que recopilo aquellos artículos del blog anterior a los que, por una u otra razón, me apetece rescatar. La serie “La Odisea” fue publicada en agosto de 2009, y relata unas muy cortas y movidas vacaciones?)

No me atrevo a decirles que me lleven al médico, pero voy cada cinco minutos al water, he vomitado seis veces, no puedo parar de temblar y los dolores abdominales son los más punzantes y duraderos que he sentido nunca. CuandoM. sale de la habitación con rostro desencajado, supone un apoyo fundamental en esta especie de senado de enfermos, así que agarramos el coche y vamos al ambulatorio de Conil. A mitad de camino paramos, M. y yo salimos y perdemos la dignidad en mitad de la carretera cagando codo con codo.

Llegamos, nos piden la tarjeta sanitaria y nos preguntan qué hacemos a las doce de la noche allí. Nos hacen esperar tanto que algo pisa el acelerador dentro de mí y empiezo a ser incapaz de parar la vista en algo. Entre flashazos blancos aparece V., han ido a por él a casa, los mismos síntomas. Entro el primero a la consulta y le digo al presunto médico (se sacó el MIR hacía no menos de diez horas, seguro) que saque las cosas que tiene en un lavabo, porque voy a vomitar. Me dice que no me preocupe, así que vacío el estómago encima de su intrumental y me pregunta qué me pasa. Le cuento la película y me dice que seguro que es una intoxicación. Nóbel de medicina, por mis cojones.

Nos mete a los tres en una sala y aparece la oscura figura del practicante (más presunto todavía). Dicen que tenemos cuarenta de fiebre, y que estamos deshidratados, como esas frutas que nunca acabaron de ponerse de moda y te meten en los paquetes de cerales Muesly. Nos van a poner una vía y empiezan por M. M. pesará unos cincuenta kilos, así que en su brazo no caben muchos pinchazos. El practicante entra a matar y falla, tendrá que pinchar de nuevo. Yo flipo, pienso que si ese impresentable se cree Curro Romero y digo, con V. inconsciente en una camilla, que yo me hidrataré por vía oral. Tomo dos tragos de agua y a los diez segundos sale por donde entró, así que tendré que someterme al pinchazo del practicante/novillero.

Pincha, me engancha al aparato con la bolsita que siempre ves en las pelis y se convierte en una lacra para atravesar el ambulatorio hasta el baño, que tengo que visitar con asquerosa frecuencia, arrastrando la estructura como Cristoarrastró la cruz en el Calvario. Grito que quiero que me metan algo que me calme el dolor, pero me pinchan algo para cortar los vómitos y lo consigue. Me tumban en una camilla y los dolores me destrozan. En las últimas cuarenta y ocho horas he dormido dos, he recorrido mil doscientos kilómetros en coche, he perdido la cartera y la he vuelto a recuperar, me ha desaparecido un bañador deputamadre, he limpiado una casa, he nadado un kilómetro y no puedo dejar de temblar… así que caigo dormido de puro agotamiento.

Me despierto cagado. Me incorporo y lo comento pidiendo unos pantalones, pero en todo un ambulatorio no hay unos putos pantalones, así que me dan una sábana para que me la enrrolle por encima de los pantalones cagados, por si quedaba algo de dignidad. V.M. duermen y escucho cómo gestionan la ambulancia, porque la fiebre nos ha subido a cuarenta y uno, y el presunto médico precoz está acojonado, no quiere decirle mañana a su novia que ha levantado tres cadáveres en su primer día de trabajo. Los de la ambulancia le dicen que no van a dar, ni de coña, tres viajes al hospital, así que debe escoger a uno. M. es la elegida, la Cristiano Ronaldo de la cagalera.

Tras meternos un litro de líquido en vena, una cosa blanquecina, a M. en una ambulancia y no se qué más, imprime un papel en el que dice que tenemos que comer arroz, pechugas de pollo, y que estemos tranquilos hasta que caguemos sangre. ¿Algo para la fiebre? Bueno, bastante ha hecho el neodoctor. En el coche para voler a casa V., grogui, no deja de balbucear que tiene frío, yo sigo temblando y m., que conduce, comenta que le empieza a doler la tripa. Son las cuatro y media de la mañana y estamos en lo que queda del tercer mundo de la puta Unión Europea.

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