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La sociedad de la información

Qué grandilocuente el título, cómo me gusta. Suena muy a asignatura de libre configuración de 1999, o muy a Daniel Bell y toda esa mierda de sociología de cajón autoafirmante, relajante, reaccionaria y laxante. El pasado 23 de abril, además del día del libro en el que no leí una sola página, pero regalé una rosa a mi señora y felicité a mi amigo Claude por su cumpleaños, se produjo un fenómeno curioso en el mercado de valores estadounidense. A las 13:07 alguien entró en twitter.com, con el usuario de Associated Press y la contraseña pertinente, tuiteó que se había producido un atentado en la Casa Blanca, y desapareció sin dejar rastro. Quince segundos después la bolsa norteamericana se desplomó 138 puntos, un 1%. A los cinco minutos, confirmando la falsedad de la noticia, el dow jones volvió a la normalidad.

No sólo eso, como una reacción en cadena, el dólar cayó en la comparativa frente al yen, el precio de petróleo repuntó a la baja, el rendimiento de los bonos estadounidenses a diez años también sufrió. En todos estos casos, caída con rebote a los cinco minutos. Los trabajadores de Associated Press habían sido víctimas de phishing minutos antes. Según la investigación el FBI los culpables de la acción son un grupo de piratas informáticos que apoyan al presidente sirio Bashar Al Asad. Y esas son todas las explicaciones que trascienden.

La extraordinaria velocidad en las reacciones, las brechas enormes en negocio pero mínimas en tiempo entre la publicación de un conjunto de palabras y su interpretación y valoración humana, se deben a que la gran mayoría de las operaciones bursátiles están en manos de logaritmos, de máquinas que tratan datos, con problemas para la interpretación de los mismos. Es exagerado pensar que su puesto de trabajo, el de ustedes, está directamente relacionada con las inversiones que sobre su empresa realizan potentes ordenadores -siempre me ha gustado la expresión “potentes ordenadores”-, pero no es tan exagerado pensar que el negocio que se produce en esas pequeñas brechas sí pueden afectar a su empresa, a sus vidas.

Fuente: CNNMoney

Fuente: CNNMoney

¿Quién ganó en esos cinco minutos? Quien supiera que se publicaría ese tuit. No es difícil pensar que su autoría está relacionada con los principales beneficiados por la jugada, información que no ha trascendido ni en prensa, ni en blogs. Resulta difícil no entender que esas estrategias son poco limpias y producen efectos sobre la economía real. Para el abajo firmante se trata de robos. Siempre han existido (¿Remember Terra?) y esos pequeños robos han servido para chantajear con sus consecuencias, esto es, para generar terror económico. Son actos de terrorismo que durante años han realizado jefes de estado, medios de comunicación u organismos internacionales con más o menos legitimidad. Luego la legitimidad cayó a las agencias de calificación y organismos poco transparentes. Ahora el listón se desmorona a la altura de Twitter.

Además, este tipo de ataques permitidos por los mercados de valores, plantean un escenario interesante para todos aquellos gurús del marketing y el dospuntocerismo de canapé y blablablismo, ¿Cuánto vale un tuit? Porque en este caso el valor monetario se nos va un poco de las manos: un volumen de negocio colosal y el gabinete de prensa de  Obama hablando sobre la salud del presidente. Quizá lo interesante sea plantearnos el valor monetario de la credibilidad y sobretodo de los márgenes de error que se empiezan a manejar al meter Todo en una casilla de excel. La soledad y el frío ante la ausencia de respuestas válidas.

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  1. La soledad y el frío ante la nada, nuestra rapidez crédula, la ausencia de valoración crítica y los efectos mariposa. Todo en un post, qué bueno. (Nota bene: a mí también me encanta la expresión “potentes ordenadores”).

  2. Cuando eres pequeño la bolsa te parece una cosa seria, con gente en traje y números pasando muy rápido en pantallas y todo eso. Luego, cuando cumples 18, vas a un casino cutre y ves a gente en traje y números pasando muy rápido y ya te parece menos seria.