in mis cosas

Las cosas que mola de ser un freelance

Hablaba esta tarde con Mario y su hermano sobre cosas que nos habían pasado en nuestras vidas laborales. Historias de sexshops, porteros de fincas de la calle Orense transitadas por putas de lujo, y otros argumentos dementes. Me recuerdo diciéndole a una reportera, que el señor que tenía enfrente era Santiago Carrillo, un chavalín. Con un argumento muy básico de defensa, la chica en cuestión me respondió con un lacónico “ah, vale, vale“. Como si lo que hice hubiera sido refrescar un cerebro de experta analista política a la que bailaban caras y nombres.

Noche de primavera en Cannes. Hotel de Niza. Una modelo morena y yo en la cama. No podría haber presentado mejor la historia, para un desarrollo tan deprimente. La chica, acostumbrada a volver de una sesión de fotos en Tokio con 50.000 euros en el bolso de Gucci, se encontraba en una encrucijada. Se había propuesto ser popular, salir por la tele y, como dijo Woody en La Maldición del Escorpión de Jade: “chica, por muy mal que vaya la economía jamás pasarás hambre”, por lo que lo había conseguido.

En Madrid gestionaron mal las acreditaciones, y con las que teníamos no podríamos entrevistar a Tom Hanks como estaba previsto. De hecho, a duras penas podíamos hacer nada. El cámara y yo dejamos las pajaritas de atrezzo para otra ocasión, porque no habría alfombra roja. A ella le disgustó la noticia, al punto que se tiró toda la noche mirando al horizonte y pensando que no valía para esto de la prensa. Le mentí. Mentí como un perro. Más por volver con un gasto de viaje justificado, que por otra cosa, porque mi realización personal estaba muy lejos de la Croisette.

La dejé dormida, y convencida de que triunfaría en la televisión, y me fui con el cámara a beber ron con cocacola tirado desde un grifo. Delicatessen. No le bastaba estar buena, estar a punto de casarse con un político del PP, tener mucha pasta, y la posibilidad de ganar más como modelo. Quería ser popular. Salir por la tele. Quería (con tono de tía buena que no engaña a nadie) “ser actriz”.

Han pasado años. Ella ha salido más en la tele. Presentó un puñado de ventas de películas, de estas de “se rueda” o movidas así, en Antena Tres (ese contrato se gestó en un pedo en GulaGula, pero eso es otra historia), fue colaboradora en otro programa de Telecinco, y seguro que no se metería en un proyecto basado en las nuevas tecnologías. Yo debo seguir en el mismo punto. Pero sabiendo todo lo del punto anterior. Y quedan más historias. Preguntadle a Jóse.

PD: Jóse, hazte un blog, que no hay quién te linke.

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  1. ¡Je!… Lo de las acreditaciones mal gestionadas era habitual. Recuerdo que para una entrega de premios me dijerón que llevase traje y menos mal que no hice caso. Esa es un de las cosas que molan de ser freelance, desarrollas una percepción especial para saber cuando el megaestrellareportaje va a quedar en uno más y justito… Aquél programa dio como para escribir un libro… ¿Como quedó la denuncia de De?… ¿Se supo algo más de la productora?, ¿y del director?…
    A la protagonista de tus andanzas en Niza me la encontré en el casting para el programa de Telecinco. Desfilarón por allí unos pibones tremendos y cuando semanas después la ví en la tele me quedé de piedra…
    Para comentar lo que no mola de ser freelance habría que dedicar muchos posts