in mis cosas

Las puertas del campo

Lo de Ricky Gervais en los Globos de Oro está trayendo cola. En parte porque los medios de comunicación andan aturdidos y lo mismo te abren con una “Histórica ola de tiempo normal“, como con la revelaciones del twitter de tal o cual famoso. Y pregúntenle a mi madre qué es el tuiter ese. Si no, como ayer en Hora 25 de la SER, ponen a parir a Túnez ya que “en su nuevo gobierno todavía había ministros del anterior régimen“. Que lo digamos nosotros con un Fraga todavía senador, no deja de tener sus cojones.

El caso es que la polémica nos pone ante uno de mis temas favoritos: ¿Tiene límite el humor?, es decir ¿Se puede hacer humor con muertos, secuestrados, moribundos, discapacitados, alimañas, niños, humillados…? en realidad se hace, así que la pregunta es ¿Es lícito?

Hace bastantes años, cuando dirigía un magazín radiofónico en Guadalajara, tuve problemas con uno de los principales clientes de la radio: Central Nuclear de Trillo. En uno de los programas entrevisté a niños de Chernobyl que venían, como cada verano, en una especie de programa de oreo continental. Les comenté que vivir en Chernobyl e ir a Guadalajara (entonces con dos centrales nucleares) era como vivir en Disneylandia e irse de vacaciones a Eurodisney.

La broma no gustó, al punto que tuve que pedir disculpas públicas al día siguiente por mi osadía, y por si a la dichosa Central Nuclear le daba por retirar el pastiche que se dejaba en su contrato anual. En realidad los cómicos -y yo me lo considero- debemos tender hacia no perder la raíz histórica del concepto “bufón” que era aquel ser, desprovisto de dignidad, pero único en su legitimidad para reírse del propio rey en sus narices.

Poner límites a humor, la chanza, la parodia, es algo complejo. Hay formas y formas de afrontar los temas, claro está, pero evitar los tabúes de cada momento a la hora de satirizar, significa perder uno de los puntos de vista más ricos e inteligentes. Aunque os parezca increíble, hay una peli que me marcó en su momento (la pusieron en Días de cine, que sí, que Garci es un estirao gilipollas y lo que quieras, pero que a muchos nos ha enseñado un cojón, en sentido figurado), y que cuenta toda esta relación entre humor y sistema de valores -sistema en general, qué coño- mejor que un post. Sí Enrique Dans, ¡Mejor que un post!

La peli se llama Lenny, la dirigió Bob Fosse y Dustin Hoffman hace Lenny Bruce, un cómico norteamericano que tuvo problemas con la justicia de su país que, a base de querellas y arrestos contra el monologuista, consiguió arruinar su carrera. El último tramo del filme es una agobiante carrera hacia ninguna parte, plagada de frases descarnadas y momentos patéticos. La clásica pelea del hombre contra el muro. El muro sólo existe porque siempre hay un hombre intentando tirarlo. Pues eso.

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  1. – Papá, papá, cómprame una bicicleta…
    – Papá, papá, cómprame una bicicleta…
    – Papá, papá, cómprame una bicicleta…
    – ¡Basta ya! Hijo, además de paralítico, eres gilipollas…

    Este chiste le conté en Radio Azuqueca y en poco tiempo, en la revista Azucahica, un imbécil dijo que yo había contado ese chiste porque era un acomplejado y así compensaba mi complejo. Y ahí lo dejó. Es verdad que cualquiera que me conozca sabe que yo soy un tullido pues tengo la pierna izquierda que va a la birulé. Ni que decir tiene que en cuanto me le eché a la cara le llamé fascista de mierda, en sus putos morros.

    Por otra parte, me cabe el dudoso honor de haber sido, a escala planetaria -sin contar a Bin Laden y su recua-, el primero en enfocar con una miaja de cachondeo lo de las Torres Gemelas.
    Haciendo entrevistas para Balcon de Ferias, de Televisión Guadalajara, me “jarté” de peguntar entre los miembros de la peña Caracol, si entre ellos estaba el autor de tamaño espectáculo mediático, algo que no volverán a ver nuestros ojos.

    ¿Límites al humor? Que se los ponga otro, no te jode!!

  2. Cierto es que no hay que poner límites al humor, pero siempre hay que ver quién hace uso de ello. A mí personalmente un mismo comentario jocoso, chiste o lo que sea, no me hace la misma gracia según quién lo haga. No es lo mismo que (ejemplo manido) un tipo muy gracioso que es misógino haga chistes machistas que los haga otro que simplemente utiliza el chiste para denunciar, por decirlo de alguna manera, esa situación. No sé si me explico.
    ¡Vivan los bufones anyway!