in mis cosas

Lisboa I (la eterna crisis)

Pensé que sólo un snob de mierda me podía mirar con ese desprecio. El desdén que me lanzó un chaval, con todo el odio que acumulaba entre sus cascos Sennheiser, que seguro creía saber todo de música, pero que con tanto Breakbeat, Cut & Paste, Florida Breaks, Electro Minimal, Italo Disco, Jumpstyle e Industrial Hardcore, se ve que no le daba el cerebro para conocer a Jazzanova, y sí para lanzarme esa cara de imbécil cuando le pregunté por ellos.

A la ciudad se la sigue comiendo la crisis por los pies. Es una sensación que tengo desde que la conozco. El uno de noviembre de 1755, Lisboa sufrió un terremoto que fue prefacio de un maremoto (que ahora la prensa llamaría tsunami) y un incendio que se cobraron más de cien mil muertos, y la destrucción completa de la ciudad. Creo que a una desgracia de tal calibre no se puede sobrevivir. Al rey José I, que se libró de la desgracia de puta chiripa, se le quedó para siempre una considerable claustrofobia que le hizo comenzar a vivir en complejos de tiendas de campaña.

Una ciudad queda herida de muerte, aunque se refunde, aunque el primer ministro, el Marqués Pombal tuviera más pelotas que nadie. Hay cosas que no puedes elegir y, pese a lo que digan las películas americanas, hay cosas que no se pueden cambiar, contra las que resulta imposible luchar y, parece que convendremos ustedes y yo, en que la muerte es una de ellas.

Desde el incendio, las crisis parecen el mayor contacto de Lisboa con la posibilidad de sentirse viva. Supongo que en una sociedad con un catolicismo tan marcado, lo del sufrimiento se llevará bastante bien. Con resignación, como nos decían en el colegio. Se nota en las calles en las que, si pudieras despejar con facilidad a las hordas de turistas, hallarías un ejército de miradas locales de recelo y desconfianza ante tus pequeños momentos de felicidad. El resto es publicidad del Ministerio de Turismo. Y por eso me encanta.

Ah, y esto es Jazzanova, jodido snob:

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  1. No creo que puedas juzgar el catolicismo en base a eso, al igual que reprocharle a esas personas la “miradita”. En primer lugar está la situación en la que estaban y en segundo lugar las miraditas están sujeta a la interpretaciones (es subjetivo).

  2. Buena aproximación. Lisboa en tres días: muy hermosa, no demasiado barata, proverbial hostilidad hacia el castellano-hablante, luctuosidad católica (muy atractiva, al menos antrolopógicamente), saturación absoluta en las calles de españoles y franceses; como trasladarse a un estado híbrido en que, de nuevo, eternamente, los portugueses hubieran sido desplazados de su mapa.

    Respecto a Jazzanova, para esta que firma, aborigen musical sin ipod ni spotify, es lo mejor que me está pasando esta tarde. Gracias por el link.