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Lo nuevo II

Vivimos en un mundo lleno de gente que habla del tipo de mundo en el que vivimos. Algunos de los argumentos más reiterados tienen que ver con la inmediatez de la información, la capacidad de acceder a ella, o la necesidad de participar en la carrera esquizofrénica por generar contenidos de manera constante. Desde que me dedico a la creación de contenidos vivo en mitad de un tsunami informativo, y contribuyo al crecimiento exponencial de la producción de información. Aquí lo habitual es incluir el dato de la cantidad de bits que se han producido desde el principio de la Historia hasta los noventa del siglo pasado, y que esa misma cantidad de produce hoy en dos días. ¿Cómo se ha hecho ese cálculo? No lo sé, pero nadie lo pone en duda en las presentaciones. Un señor me dice eso en un powerpoint, me vale.

Los powerpoint dicen hoy que el contenido es el rey. A falta de monarcas decentes, bueno es el contenido, aunque no haya encontrado a dos personas que me lo hayan definido de la misma manera, por tanto ¿Qué es contenido?, ¿Cuándo se considera que se ha consumido un contenido?, ¿Cuál es su vida útil?, ¿Qué es consumir un contenido?, ¿Cuánto contenido necesitamos para darnos por satisfechos? En los últimos meses son muchas las iniciativas online que aseguran basar un futuro éxito en la calidad del contenido, que generará tráfico, y con el llegará el negocio. Debate aparte merece definir el concepto “calidad”. Hasta no hace mucho, pensaba que los medios de comunicación se dedicaban a generar contenido de calidad basándose en caras conocidas, grandes escritores, o estrellas rutilantes, y vivían de la publicidad que vendían gracias a su prestigio. Pero resulta que esos mismos medios anuncian EREs cada dos semanas, ¿A qué llamamos contenido de calidad?, ¿Tiene más calidad un meme que un artículo de Vargas Llosa?, ¿Acaso el contenido no fue siempre el rey?

Tal vez la clave esté en entender las nuevas reglas del juego. En esas nuevas reglas hay espacio para lo inmediato, comido por unas redes sociales que dinamitan cualquier competencia, pero también hay hueco para un contenido de fondo, cuyo ciclo de vida se amplía hasta ofrecer sorpresas como la sucedida en la web de El País en 2011, cuando se colaba entre las noticias más leídas una fechada seis años antes. Parece importante que las historias estén bien escritas, pero resulta fundamental que estén bien contadas y, por primera vez hablamos de cosas diferentes. La tecnología ha bajado a lo doméstico la capacidad para contar historias.

Hace diez años los medios de comunicación estadounidenses gozaban de un cierto prestigio. El 70% de los ciudadanos consideraba que sus medios eran creíbles. En 2011 el porcentaje de creyentes era del 62%, y hoy del 52%. Uno de los factores clave en el descrédito podría ser la cruzada de los medios por contar su propia historia, justificar sus editoriales, proteger sus intereses económicos. Cada vez son más los ciudadanos que consideran que se trata de empresas que comunican, con sus ciclos y sus cuentas. Conceptos como la publicidad camuflada en informativos (ING y sus consejos sobre el fondo del mapa meteorológico), o las autopromociones de productos entre medios del mismo grupo empresarial (muy evidente siempre en PRISA y ahora entre Antena3 y La Sexta), ayudan poco a ganar crédito.

Si a esta falta de crédito sumamos la confianza en la recomendación de nuestro círculo más cercano, encontramos un escenario muy diferente, donde reinan las fórmulas de la información social. El error está en pensar que esas fórmulas no existen, que el tubo por el que nos llega la información ya no es un grupo empresarial, como si Google, Facebook o Twitter fueran hermanas de la caridad.

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  1. No sé si por alusiones, pero es posible que el señor que ha disertado sobre los millones de trillones de bits producidos cada microsegundo desde las eras paleolíticas. Como veo que te interesa la metodología para llegar a este tipo de conclusiones, aquí tienes una de las fuentes, donde se estima toda la mandanga a fecha de 2003:

    http://www2.sims.berkeley.edu/research/projects/how-much-info-2003/printable_report.pdf

    No te diré que domino el texto como si lo hubiera leido ;) pero a mi me parece que la metodología es decente y al menos sirve para estimar órdenes de magnitud.