in mis cosas

Los elegidos

Dios existe y me llamó ayer. Me citó a las siete menos cuarto en La Fugitiva, una librería-cafetería de Antón Martín. Cuando llegé las persianas metálicas estaban bajadas, pero enseguida se subieron y pude entrar. Tras mis pasos las persianas volvieron a bajarse formando gran estrépito y guillotinando cualquier atisbo de corriente que pudiera engañar al calor de julio.

En una mesa central blanca rebotaba la luz de unos fluorescentes, aumentando la sensación de calor. Dios presidía la reunión donde, por lo que dijo, estaba acompañado de dos científicos que habían encontrado un tratamiento para el cáncer, y al resto los conocía: Paul McCartney, Bill Gates, y Pelé. Yo le llamaba jefe todo el tiempo, porque me hacía gracia, me recordaba a Michael Landon en Autopista hacia el cielo, que iba como de bonachón enrrolladete, que creo que es lo que quiere él para todo el mundo, el rollo de los cristianos de base y tal.

Nos dijo que en ese preciso instante, un desastre nuclear estaba aconteciendo en todo el planeta. Que nosotros habíamos sido los elegidos para salvarnos, y que en aquel lugar no nos pasaría nada. Relató una somera lista con candidatos que se habían quedado fuera, como Madonna, Julio Iglesias o Steve Jobs. Cuando nombró a este último hubo un murmullo que acabó en carcajadas. Me preguntaron quién era yo. Dios se puso un café y todos nos quedamos mirándonos en silencio, hasta el fin de nuestros días.

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