in mis cosas

Collage no

(*Este post pertenece a la selección propia “Los mejores post del viejo blog“, en la que recopilo aquellos artículos del blog anterior a los que, por una u otra razón, me apetece rescatar. “Collage no” fue publicado el 9 de junio de 2009?)

Si sales de mi portal, a mano izquierda, encuentras la calle Primavera. Si te deslizas pavimento abajo chocas con la calle de la Fe. Mientras ruedas como una pelota pensando en que vivo en la ciudad de las figuras retóricas, donde cada distrito postal tiene un significado metafísico, alzas la vista y en el segundo puedes ver asomada a una mujer.

En la trayectoria descrita te has cruzado con otra señora con la cabeza redonda, que es una cabeza de cuatro silencios. Completamente redonda, perfecta. ¿Es un cráneo deforme o es que el resto son aproximaciones a esa figura? Es posible que si salieras con una mujer de cabeza redonda, perfecta, pudieras estar geométricamente orgulloso, aunque en las fiestas te miraran mal. Tiene cuatro pelos, uno, dos, tres y cuatro, pero muy grandes, tan grandes que le cubren la cabeza perfectamente redonda y parece que tiene muchos más, pero son cuatro porque los has contado al bajar.

La señora asomada a la ventana del segundo puede vivir en el tercero y le daría igual porque está completamente loca, ida, grillada. Todas las tardes se asoma a la calle con un chupete en la boca. Llama la atención porque no hay muchas señoras de sesenta años que puedan vivir en un tercero y asomarse a la ventana de un segundo con un chupete en la boca. Supones que los chupetes son para los bebés, pero como el chupete se la tapa no sabes si su boca será también la de un bebé. Todavía queda gente de ese tipo encerrada en sus casas, porque nunca has visto a la señora que se asoma al segundo y que podría vivir en el tercero y tener la boca de un bebé, en la calle. Nunca.

Pasas rápido por la plaza de Lavapiés sin reparar en nada ni en nadie, y giras hasta dar con Argumosa donde lamodernez pasa el scaner de sus soledades por las letras de tu ropa. Si no lleva letras es mejor, y si llevas algo en contra de llevar letras es mejor todavía. Te roza con el hombro un indigente sujetándose los pantalones, con un estilismo muy de David Delfín, pero sin lavar, auténtico, que fue portero del Real Madrid en la década de los cincuenta, pero que cayó en desgracia al encajar un gol que fue muy famoso en su época y que ahora ya no, pero que, en su momento, le condenó al ostracismo. Su mujer le echó de casa. La perspectiva del tiempo te demuestra que nada es para tanto.

Has tomado drogas y no debiste hacerlo, así que a la altura del Reina Sofía, te da la sensación de que el edificio viejo y la ampliación copulan en piedra y metal, empiezas a tambalearte. Oyes gente pero no la ves, hacen comentarios muy típicos, de poner las piernas así, o asao, pero te gustaría no tener piernas. Tienes como arena en los párpados y sólo ves a esa gente de papel que te advirtió que la vida en cartulina sólo puede acabar en un corcho de primaria, así que el recorte de una foto de Zapatero en el País Semanal te dice que si has empleado bien los famosos cuatrocientos euros y tú le contestas. Que sí.

Suena Crepúcolo Sul Mare y el sol se come tu barrio.

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