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Es.

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(*Este post pertenece a la selección propia “Los mejores post del viejo blog“, en la que recopilo aquellos artículos del blog anterior a los que, por una u otra razón, me apetece rescatar. “Es” fue publicado el 27 de febrero de 2009?)

La melancolía es. Se presenta en casa sin que nadie la invite, con los planos del apartamento en la mano, y decide hacerlo pequeño y jodido como una canción de Cat Power. Andas por el mundo, porque andar por la vida sólo sale de un verso, intentando fingir que no la ves, pero siempre acecha y te controla. Creo que te maneja como a un muñeco, y que cuando ríes, se estremece de placer pensando en la caída. La melancolía es un señor pesimista y con sombrero.

Dos hielos flotan panza arriba, haciéndose los muertos, mientras cuatro “oes” de humo atraviesan la habitación cual cosmonautas.  Los números pares son estúpidos. Completos, redondos, comerciales, que se dejan dividir por dos. Yo jamás me dejaré dividir por dos. La perfección y yo. Una forma de reconocer los cadáveres es la que se hace por las marcas de la dentadura. Ni eso escapa a mi imperfección. ¿Qué se puede esperar de alguien que no muerde bien? El señor del sombrero lo sabe y por eso pasa, directamente, a la segunda fase. La primera es ésa en la que no sabes en qué has fallado. La otra, en la que lo sabes a la perfección. Conocer perfectamente tus imperfecciones debería valer. En mi mundo valdría.

Porque confío en que alguna vez haré el mundo. Creo que todos tenemos ese derecho. Estoy seguro de que cada mañana un tipo diferente lo diseña, por eso pasan cosas tan raras. Pero deberíamos conocerle, que pusieran su foto en la calle, como la del empleado del mes de una hamburguesería, o en la cabecera del google. Todo por hacer, en el principio la oscuridad, y tienes siete días, chaval. Si te lo curras, el domingo libras. Yo el martes lo tendría acabado. Me tocaría los cojones cinco días. Sería una chapuza con muy buenas ideas pero, al fin y al cabo, el mundo que estrenamos cada día no es muy diferente.

Mire -le digo- creo que debería coger su sombrero y largarse por donde ha venido. Lágrimas tengo, pero es que me duele la garganta, la tengo inflamada, y la perfomance del lloro no me sale bien así. Me conformo con soliviantar mi mal poniéndo el paladar en Barceló, provincia de añejo. Usted no tiene contrato éste año. No le voy a denunciar, porque me cae bien, porque le necesito y porque estamos hechos de lo mismo, pero haga el favor de no agobiar. No ésta noche.- y creo que lo entendió.

Hasta otra melancolía. No me falle.

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