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Easy

(*Este post pertenece a la selección propia “Los mejores post del viejo blog“, en la que recopilo aquellos artículos del blog anterior a los que, por una u otra razón, me apetece rescatar. “Easy” fue publicado el 8 de diciembre de 2008?)

Esta es la historia de un tipo que nació sin problemas, en el seno de una familia de clase media. Dedicó su infancia a estudiar en el colegio y jugar a las canicas en los recreos. Con siete años se compró una peonza, a cuyo cordel ató a una moneda dorada de 25 pesetas. Con la peonza le dieron unas sencillas instrucciones, en las que ponía que era un juego de los siete a los once años, así que dejó de jugar a las canicas, porque las consideró demasiado infantiles. El día de su once cumpleaños enterró la peonza.

Esta es la historia de un tipo que pasó su adolescencia, como le recomendaron sus padres y su tío -numerario delOpus-, estudiando y formándose en actividades extraescolares. Que cuando le ofrecieron su primer cigarrillo dijo no, y que nunca quiso mezclarse con chicas salvo un par de besitos fáciles, regalados para considerarse normal, y no caer en la locura. Sacó buenas notas, hizo deporte, y empezó a opinar de las cosas y a ver que sus padres siempre fueron sabios.

317669804_940aa119b0Esta es la historia de un tipo que traspasó su juventud. Sin dudas. Memorizó, se sacó una oposición, y puso el cerebro en barbecho. Tampoco probó ningún tipo de droga, y juzgó a sus conocidos que sí lo hicieron, como si fuera un avance del juicio final. Encontró a una chica, sin ningún tipo de aspiración, de clase media-alta, coeficiente intelectual medio, dos amigas, un perro, y siete discos de Mecano. No le dejó follar hasta los cinco meses, pero a él no le importó, porque vistió su indiferencia de amor, y el amor -como aprendió en el colegio- consiste en estar con alguien sin follar. O como él decía, sin hacer el amor.

Esta es la historia de un tipo normal, de un español medio. Que dió al banco la moneda de 25 pesetas de la peonza, junto con otro buen montante, para culminar su hipoteca a 50 años. De un hombre que aseguró que nunca tuvo ninguna tentación y, si la tuvo, fue una invención para no ser menos en la reunión de los domingos con sus amigosfutboleros. No le gusta el fútbol, pero el domingo es lo que toca. Cuando todos piden cerveza, él pide una clara, y cuando llega a casa, su mujer le da un beso en la mejilla, y le dice que si le saca algo para picar. El lunes vuelve al trabajo, un trabajo sin complicaciones, que le tiene ocho horas al día en una fábrica. Llega, entra, y a las ocho horas sale. Gana bien, pero prodría estar construyendo bombas atómicas, o yoyós. A nadie le importa.  Los jueves se reúne con gente y entre sí, como si hablaran en clave, se llaman amigos. Allí habla de dietas y pluses y complementos y extras, y nadie le pregunta si se dedica a la industria armamentística, o del juguete.

Esta es la historia de un tipo que entró en la madurez seguro de lo que otros quisieron que fuera su “sí mismo”. Que follaba cada quince días, vestía camisas de cuadros metidas por dentro de pantalones de pinzas. Un tipo que un par de veces al año se iba de putas, y todos los domingos a misa. Y si alguno se le olvidaba, decía que a dios se le lleva dentro y no hace falta ir a la iglesia. Un tipo que si te veía un lunes te decía que “estaba de lunes”, fingiendo malestar, que a la vuelta de las vacaciones -en Gandía– cuando le preguntaban qué tal, siempre contestaba “muy cortas”, que los domingos hacía paella, demostrando que, aunque sólo cocinara un día a la semana, esa comida era especial, y aplastaba las aspiraciones de su mujer contra la moqueta.

Esta es la historia de un tipo que votaba al PP, pero que una vez votó al PSOE. Y todo lo que no fuera eso no entraba en su cabeza. Sería tirar el voto. Su cabeza tiene la facultad de grabarse a fuego los argumentos que escucha en las tertulias de la radio. Es monárquico pero, sobretodo juancarlista, porque si no, el 23F la cosa hubiera cambiado, y gobernaría la ultraderecha. Que mira a los jóvenes izquierdistas con una sonrisa de superioridad y a los mayores con un gesto de desprecio. Que no se considera racista pero… Ni machista pero…

Esta es la historia de un tipo que lleva el mismo rostro conduciendo su coche al taller, que llevando a su madre al asilo.  Que no le gusta el cine, pero va una vez al año a una de esas salas múltiples y enormes que huelen a la margarina de las palomitas. Que no le gusta leer porque es aburrido y no hace falta. Una vez que apruebas lengua y literatura de COU, en este mundo no hace falta leer. Y si una cosa no hace falta, no es necesaria. Es la historia de un tipo seguro de todo lo que piensa, y que murió pensando que hacía lo correcto.

Literariamente es una mierda de personaje. Pero murió pensando que hacía lo correcto.

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