in mis cosas

Go on

(*Este post pertenece a la selección propia “Los mejores post del viejo blog“, en la que recopilo aquellos artículos del blog anterior a los que, por una u otra razón, me apetece rescatar. “Go on” fue publicado el 24 de marzo de 2009?)

Cada vez que caía una bomba atómica, a mi mente siempre venía la misma idea: de veintemil que van a palmar, seis o siete personas merecen la pena. Desde entonces, el porcentaje no ha variado en exceso y, a poco observadores de su entorno que sean, me darán la razón. Sólo en determinados momentos puntuales llegamos a creer que el ser humano, en su mayor parte, es maravilloso. Pero éstos momentos se reservan a estados previos al coma etílico, o cualquier otro raro efecto, que también provoca que experimentemos alucinaciones, como la confianza en nosotros mismos, o el amor hacia nuestras mujeres o maridos.

club2Pero el mundo se empeña en darme la razón. Si me han echado de menos éstos días, sepan que el resto del globo también, porque estuve desaparecido  de la mirada pública, gracias a un trabajo ratonero. Ni blog, oigan. ¡Y para menudo atajo de hijosdeputa! Mira que me jode la ignorancia. Me jode en general, porque los ignorantes emponzoñan el mundo y traban todas sus redes sociales. Pero si afecta a mi persona… es que mato. Llevo trabajando para imbéciles hijosdeputa desde mi alta en laSeguridad Social, hasta nuestros días (en forma de clientes). Y me temo que moriré por ello, y si no al tiempo.

Es injusto, la democracia me come los cojones a dos manos. Mi voto no vale lo mismo que el de Bigote Arrocet. Ni el de Poli Díaz, ni el del señor del Youtube que dice que es secreta/profesor de chino mandarín/embarazado de gemelos/transexual. Es injusto, no vale. ¡Meritocracia ya! El gobierno de los mejores. Pero en toda relación de poder productivo también, por favor. Estoy harto de obedecer a catetos borrachos, que son los mismos que, en mi clase, se reían del que sabía la lección. No, no era yo, pero me jodía.

Imbéciles, absolutos burros, enanos mentales. Son los que no han abierto un conjunto de papeles encuadernados, desde La Regenta en el Bachillerato, los que compran los discos que ponen en las columnas del Carrefour (Riky Martin, y los BOOM, y Revólver, y… joder toda esa mierda que sale luego en las listas) , le ponen la pegatina del toro al culo del coche,  pasean por su barrio el domingo en chándal, con la mujer de una mano, y el Carrusel en los auriculares. Esa gente asquerosa con la que no se puede hablar de nada que no sea el puto tiempo, la puta crisis o el puto tema de moda (el aborto, la pena de muerte, los malos tratos, el atropello de FarruquitoETA, los pederastas, la violencia en el fútbol, la sequía, el alza de los precios, la juventud…) que, casi siempre se soluciona con la cadena perpetua, y el exabrupto asdjfhjagtomarporculo!

Ésos son los que mandan. O bien jefes, o bien clientes. Esos mendrugos, que no saben si el Greco es un extremo del Betis, o el novio de Chenoa. Pero les da igual, porque “es que para los nombres son muy malos“. Han contratado a un experto en desarrollo de software, para les mande los correos electrónicos. Así son ellos, dirigiendo y mandando a la generación con mayor nivel de conocimiento -que no de criterio- de la Historia.

¿Y nosotros qué? Nos dijeron que si nos esforzábamos saldríamos adelante, que el mundo premia el esfuerzo, la preparación. Que el talento se ve recompensado, que podemos empezar en un sótano y llegar a ser los nuevos popes. Una puta mierda. Y nos damos cuenta en cuarto de carrera. Anestesiados ya. Pero tenemos una misión. Nosotros estamos dentro, la jodimos, les creímos. Pero podemos advertir a la nueva generación: amigos, todo es mentira. Pensad otra cosa. Liadla parda.

Y esto es una cagada con respecto a lo que tengo dentro. Los sutantivos y los adjetivos hacen lo que les sale de los cojones. No hay quien saque un artículo bueno con éste tema. Es como si nos acercáramos al centro de la Tierra, y se desmagnetizara la sintaxis. Mierda de palabras, mierda de cárcel.

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