in mis cosas

Coa cola

(*Este post pertenece a la selección propia “Los mejores post del viejo blog“, en la que recopilo aquellos artículos del blog anterior a los que, por una u otra razón, me apetece rescatar. “Coacola” fue publicado el 7 de abril de 2009?)

Es posible que haya llegado el momento en el que Penélope deje de esperar en la estación del AVE. Pero esas cosas nunca se saben. Es posible que ya haya llorado suficiente piel. Pero esas cosas nunca se saben. Es posible que haya pasado el tiempo de estar entre flores muertas, y navegar en el mar de losteechosdemenos sinceros. Pero esas cosas sólo las sabe Lichis.

A un cínico nunca le queda París, pero escuchar el avión al ralentí siempre le remueve un poco -no será cínico del todo, dirán- y eso gusta. Tener el mejor ataque y la peor defensa, garantiza vivir al borde del infarto, pero también dar espectáculo. Y soy de los que creen que a ésta liga se viene a dar espetáculo, al run and gun, a que los socios y aficionados recuerden siempre tu paso por el equipo como una época de emoción, inseguridad, una montaña rusa.

Quien vió en un diván una tumba, ahora ve un trampolín. Y ante el espejo, la misma cara de perdedor, del looser al que Lennon revistió de glam, la misma nariz que no sabe si respirar o adormecerse, la misma boca que no sabe si besar o ser besada, y el brillo en unos ojos, que se cansaron de verme vomitar nieve de domingo por la mañana. Es posible que la historia de mi vida, sea la de la huida del “complejo de hombre de hojalata“, es posible que al caballo ganador se le pierda el adjetivo en la carrera. Pero me apetece correr. Correr, así sin reflexivo.

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