in mis cosas

#manubravo

Creo que uno de los puntos más apasionantes del debate sobre las nuevas formas de contar cosas, radica en la relación entre los medios tradicionales, y los que surgen de las posibilidades que abre Internet. Frente a los gurús de la red, siempre he defendido el peso brutal de teles, y radios y, algo menos de la prensa tradicional, que venía herida de muerte desde hace tiempo.

Hay quien hace apuestas por ver cuál es el diario de papel que echará el cierre primero, sin preocuparse por el proyecto informativo online que será rentable primero. Preguntad en la calle por Enrique Dans, y hacedlo por Matías Prats. Las personalidades offline se convierten, ipso facto, en celebrities online. Desde pioneros como Buenafuente, hasta recién llegados como Leo Messi que, en las 7 primeras horas de vida de su fanpage en Facebook, registró 7 millones de fans, que se dice pronto.

A la inversa, me llama la atención lo estanco del mundo socialmedia, representado por el instrumento que mejor mezcla lo popular con lo trendy: Twitter. Suficientemente minoritario como para gustar a unos, y sobradamente conocido como para importar a muchos (2 millones de cuentas en España, un tercio de ellas empleada, y una décima parte que aportan contenido).

Estudian pagar a los redactores en función al número de visitas que generan. Estudian que las empresas entren en las Universidades con la rentabilidad por delante. Una rentabilidad que, según cree la UE, podría marcar nuestros salarios. ¿Quién definirá los conceptos?, ¿Quien rellenará el significado de la palabra “rentabilidad”? Como siempre sucede en este, nuestro capitalismo, el problema no son las letras que forman palabras y teorías como la del libre mercado o competencia. El problema está en la definición, y en la desviación entre teoría y realidad.

Manu Brabo es un fotógrafo de Gijón. Quinto mío. Estaba cubriendo en Libia la guerra civil cuando las fuerzas de Gadafi le sorprendieron, junto a otros compañeros, y le secuestraron. Ha aparecido en informativos de medios on y offline. Su cuenta de Twitter tiene 134 seguidores. Pues eso. Rumbo directo al populismo.

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