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Más cine, por favor

Anoche Un turista entre un millón se llevó el primer premio en la décima Muestra Alcarreña de Cortometrajes. Vaya por delante que un servidor de ustedes es uno de los protagonistas del mismo, por lo que el premio me hace ilusión y me produce alegría por el equipo. El Centro San José se llenó-una vez más-  para ver catorce cortometrajes hechos en Guadalajara, o por gentes de Guadalajara, y pudo disfrutar de una serie de películas exhibidas en un formato aplastante, pero que parece el más dinámico posible: en tandas de cuatro o cinco. Vaya por delante que me pareció lamentable que sólo el presentador de la noche, Isra Calzado, tuviera un recuerdo para reivindicar la reapertura del Teatro Moderno, corazón del Cineclub Alcarreño, y cuyo cierre representa la condena de la cultura ante los desmanes políticos.

Para mi la noche tuvo reencuentros con gente a la que hacía tiempo que no veía, pero con los que me reúno en saraos de esta naturaleza. Son saludos llenos de cariño, nostalgia, y relatos de futuros proyectos en los que todos podríamos encajar. Al final de la noche hablamos de las pelis y, como siempre pasa en el mundo del cine, nos comemos la pollas unos a otros. Los premios se repartieron mediante jurado popular, y el sistema de valoración de las películas era una papeleta con dos votos por papeleta, por aquello de evitar que cada cual vote solo a su propia película.

La exhibición me permitió ver grandes deseadas como La presa número 7 de Luis Moreno, una producción excelente que ha originado una serie de leyendas equiparable al rodaje Apocalypse Now -más de seis años de proyecto-, o Sun, sand, survival, de mis queridos Álvaro Moro y Óscar Cavaller, cuyo primer montaje pude ver hace unos meses, y que supusieron un salto cualitativo abismal con respecto al resto. La primera es una reflexión pretenciosa pero más que interesante, y la segunda un homenaje a la luz, un festival de fotografía catapultado por un par de magníficos actores. Ninguna de las dos supo enganchar con sus historias. Por lo menos a los cuatrocientos del San José.

Los que sí le tienen cogido el punto al público son los chicos de La Quimera En Corto, que recibieron premio por la historia del gato Quentin en Nihilista, de Laura Benito, y también por la excelente pakistaní, de Daniel Ramírez, que cuenta una historia que sabemos de una forma que sabemos y con un final que conocemos, pero como nadie lo había hecho hasta ahora. La Quimera representa el gusto del público y las habilidades para comunicarlo: más ágil, más directo y más publicitario, si quieren, y con todo el recorrido por hacer.

En esa línea de homenaje al entretenimiento encontramos Canapé, de Elvira Ongil, un corto que merece ser regrabado, al nacer muerto por un sonido horrible. Uno de los principales hooligans del cine como herramienta de entrenetimiento en la provincia, Manolo Peco, no podía fallar con su Pequeño Diablo, que ganó con la exhibición en mitad de un festival, en el que también merece mención la delirante Recíclame, por favor, de Antonio Ruiz García, que resultó ser una de las favoritas del público, igual que  la muy atrevida La técnica Schiffer, de Carlos Gómez-Trigo, que nos sorprendió con un requetecorto genital. ¡Gracias!, de Nacho Hidalgo supuso el primer gran punto de una noche que tuvo momentos dramáticos con Eyengui, de Luis David Pedroviejo, con un gran Jesús Chicharro en el papel protagonista, pero con una historia que se podía contar en muchos menos minutos. Chicho se comía los focos también en Te extraño tanto, de Conrado Berlinches, otro clásico de la ciudad, que presentó una historia plana, salvada por las interpretaciones y una gran fotografía.

Tiempo, de Basilio Rodríguez, y Usar y tirar de Marcos Abad, pusieron la nota social más evidente con dos cintas muy diferentes pero con mensajes muy claros. Esperemos que sus directores sigan con ganas de hacer más cosas, porque hacen falta nuevos nombres y un bullir de gente con interés por contar.

Tras el veredicto del jurado ha habido polémica y voces críticas. Hay quien piensa que el premio estaba cantado, dada la popularidad del director, Julián de la Fuente, entre el respetable. Seguro que es así. Es evidente que Sun, sand, and survival y La presa número 7 debieran haberse repartido el premio, o pelearlo con Té Pakistaní, pero el jurado popular vive de historias que les calen, y suele mirar con desprecio los alardes técnicos. Al jurado popular le dan igual los tocamientos de los directores y, probablemente no valore un huevo interpretaciones, iluminaciones, o sonidos impolutos, y creo que es sano asumirlo. Es evidente que la ganadora Un turista entre un millón, no era la mejor, ni probablemente estaba entre las tres mejores películas que pudimos ver -en gran parte por mi floja actuación, que desentona con con el resto del reparto, y por la ausencia de ambientación musical, o la necesidad de un mayor ritmo-, pero seguro que fue la segunda opción de casi todo el mundo.

Julián de la Fuente se llevaría cualquier premio otorgado mediante votación popular, entre otras cosas porque el noventa por ciento de los que nos reunimos allí, empezamos a hacer cine después de que Julián llamara a nuestro teléfono. Porque el cine de Guadalajara no puede entenderse si el voluntarismo, el carisma, el esfuerzo, el sacrificio  y el cariño de Julián, que tuvo el reconocimiento de la Diputación Provincial, del público, y de un servidor. Tal vez para otros años varíe el sistema de elección, y me parecería fenomenal. Llámenme idiota, pero creo que lo importante era que cuatrocientas personas disfrutaran de una de las pocas cosas que todavía nos reconcilian con la humanidad: aplaudir historias, celebrar creaciones.

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  1. Estoy de acuerdo contigo en todo, menos en una cosa:

    Ni tu interpretación es floja, ni desentona con el resto del reparto. Y eso lo digo yo, el resto de tu compañeros de reparto, el equipo técnico y todos los que han visto el corto hasta la fecha.

    Un abrazo bien fuerte.