in mis cosas

Miércoles…

Como ayer me dejé el tabaco en la oficina, esta mañana, al pasear a Nico, he metido la nariz en un tubo de escape y me he tragado una bocanada de gases tóxicos que me están nublando la cabeza el resto del día. De vez en cuando estornudo una nubecilla negra, que tizna a todo aquel con el que se cruza. Hay momentos en los que me gustaría provocarme estornudos, como Quique se provocaba, en el cole, los eructos, o la acción de sus glándulas salivales, que lanzaba a sus enemigos como si fuera el veneno de una cobra. Menudo era Quique, un número uno en puntería con el canuto. Un figura de la infancia, un gigante con pies de barro, un muñeco roto, que no pudo con su fama de malvado divertido.

Justo al final de la canción Miles Ahead, del disco Mellow Miles, de Miles Davis, se pierden los sonidos de una trompeta. Son como unas colas de melodía que reverberan un poco y desaparecen, anticipando el final de la canción. Bueno, pues también se han colado en mi cabeza y se repiten sin parar, rebotando en la parte interior del cráneo, teñidas de negro. Tiene que compartir espacio con nuevemil dólares. Nuevemil dólares es lo que respondió un señor español que trabajaba como broker en la Gran Manzana, a la pregunta de la periodista de Callejeros Viajeros “¿Cuánto pagas al mes por este apartamento en el centro de Manhattan?”. Nuevemil dólares me lleva rebotando desde que ví el programa.

Cada día me apetece menos lo de largarme a NY para no volver. Me puedo encontrar a ese broker hijoputa, a Ray Loriga -que me dará lecciones de vida, que siempre está bien: que si experimenta, que si ahora tengo un hijo y mira no, que si tal…- o al mismísimo Ramoncín que, el otro día, reconoció tener un piso en la capital del mundo. Joder, como todas las nacionalidades hayan mandado gente de semejante calaña, vamos listos.

Querido Clint Eastwood: me ofrezco como asistente. Si le place pondré acento peruano, le acompañaré en sus tareas de cada día, daremos un paseo por el parque, hacerle labores domésticas, a cambio de una conversación de café al día. Me olvidaré de NY, pero ayúdeme a sacarme de la cabeza este humo negro, las trompetas replicantes, y los nuevemil dólares, que me vendrían tan bien…

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