in mis cosas

Momento dulce de juego

Perdíamos cuatro a cero. Llovía y la camiseta, roja por entonces, pesaba mogollón, me rozaba los pezones, a veces me hacen heriditas las camisetas de poliester. Tengo los pezones sensibles, yo que sé. El partido estaba siendo un desastre, atrás parecíamos un catálogo de regalos de El Corte Inglés. Las nubes nos habían entrado por los ojos y ahogaba el cerebro para atacar. Ellos jugaban en alfombra roja y nosotros estábamos hasta las trancas de barro. Alvarito andaba muy nervioso: las tres primeras internadas por su banda, tres goles. Julio tenía miedo. Miedo al choque, a fallar, le temblaban los pases y así no se puede servir el género a los delanteros perdidos, allá a lo lejos. Necesitábamos prismáticos para verlos. Hubo que parar el partido. Diez minutos para que pasara el diluvio.

Nos sentamos en los bajos que hacían las veces de vestuario en aquel campo de Salesianos, y les dije que no comentaran nada, porque sé que en esa espiral, hablar es una estupidez: nadie escucha, sólo pasan por su mente imágenes de ellos mismos cagándola, y salen al retorteo palabras como “cojones”, “tranquilidad”, “morder”. Sobretodo cojones, esa sale mucho. Sería mejor aprovechar ese tiempo para coger aire y descansar. Al escampar salimos al terreno en silencio y les dije que me quedaba abajo con Julio, que los demás se movieran libres arriba. Cogí a Julio y le dije que no se preocupara, que defendíamos los dos, y que era el mejor, de verdad lo pensaba.

Es difícil verbalizar qué puede hacer que un equipo, en el segundo tiempo, encaje otro gol y marque once.

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  1. Ya me acuerdo, fue un buen partido en el campo de Salesianos, tal vez deberíamos juntarnos para ver si volvemos a repetir momentos iguales. Este año en la liga lo intentaremos.
    Es una lástima que no puedas volver a jugar, el ritmo se coge rápido y solo recuerdas los buenos partidos.

  2. Siempre se puede remontar. Eso pensé yo en sexto de Egb cuando nos ganó Maristas por 82 a 6 (el problema es que nos pusieron el partido un sabado a las 9 de la mañana y estabamos hechos asco después del viernes noche).
    Y los mejores catálogos del Corte, los de las listas de boda, increíbles.