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Mondo fifí

Dependiendo de la empresa, los departamentos de comunicación y marketing suelen ser lugares destinados a lo que denomino fifís. Señoritas y caballeretes de apellido compuesto y un poquito blandiblús, cuyas familias nunca se han permitido verles pasar hambre, y que han perpetuado la especie en tal o cual máster de prestigio, o que han estudiado en Estados Unidos que es algo como muy enriquecedor per se. Suelen ser departamentos donde se manejan buenos sueldos y no demasiadas responsabilidades. Son difíciles las evaluaciones y llamativos los éxitos. Son departamentos perfectos para quienes tienen esa mezcla entre la vena comercial que necesitar ir de compras por Serrano, y esa personalidad artística que les permitirá relacionarse con agencias supercreativas-osea, que les ayudarán a conceptualizar la vida mediante argumentos más bien etéreos.

En los últimos saraos en los que he tenido la fortuna de estar presente, me ha llamado la atención la pasión de esa casta por la futurología. ¿Qué pasará mañana?, ¿Cómo será nuestro cliente?, ¿Cómo debemos relacionarnos con él?, ¿Cómo querrá relacionarse con nuestras marcas? El mondo fifí vive en una realidad paralela, probablemente la burbuja de una preciosa urbanización parecida a lo que las películas nos enseñaron que sería la felicidad. El fifí mete su pickup de alta gama en el garaje del complejo empresarial de turno, tiene asistentes que le limpian la casa y cree que Lidl es un jugador de cricket, o un baile nuevo que ha salido por Internet.

Los habitantes de mondo fifí viven, por tanto, alejados de la normalidad, creen que un Metro son cien Centímetros, y necesitan proveerse constantemente de estudios que les pongan los pies en el suelo y les digan cosas que para los humanos pueden ser más o menos obviedades sobre opiniones, formas de consumo y, en definitiva, realidad. Al mondo fifí cualquier cosa le parece de early adopter aún teniendo una penetración de más del 70%. Están interesados en saber el futuro a costa de despreciar el presente y, sobretodo adolecen de cualquier tipo de perspectiva.

El mondo fifí, por supuesto, no ve Gran Hermano, ni programas del cotilleo. Pero es que tampoco les gusta el deporte ni el cine. No hablemos de la música -aseguran que les gusta todo-, el teatro, la literatura -nada más allá del libro del verano-, o prácticamente cualquier tipo de actividad. Para ellos un blog es la cosa esa que se hace el en mundo de la moda, e Internet es una cosa “impresionante”. En realidad no sé a que cojones se puede dedicar el mondo fifí.

En ese panorama desolador todavía existen pequeños seres pensantes verdaderamente buenos. Personas de mirada afilada y dirección precisa que nadan entre la basura olvidando la brillantez que resalta frente al mar de mediocridad colindante. Gente de cuyo sentido común y trabajo puedes aprender en cada momento. Y en esas estamos.

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