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Navidad feliz

Lo pasé mal sí. Un buen día descubrí que no podría volver a ejercer la profesión con la que me ganaba la vida en el lugar en que había crecido. No fue fácil. Los teléfonos de la agenda se convirtieron en un témpano inhabitable, las miradas de los compañeros caían siempre al suelo. Reinventarse, empezar de cero, es algo que queda muy bonito en sinopsis de las películas americanas, y en las portadas de revistas musicales, pero aplicado a tu vida es una putada.

La Junta de Comunidades de Castilla la Mancha, presidida por José María Barreda, del Partido Socialista Obrero Español, había acumulado demasiadas amonestaciones. La comunicación entre el Ayuntamiento de Guadalajara (también en manos del PSOE)  y el despacho de mi director siempre se utilizaba para lanzar torpedos a mi línea de flotación. Tocado y hundido. No pude pedir heroicidad a aquel director, y mucho menos exigir defensa ante la utopía que resultó ser el periodismo.

La historia es larga, tiene su miga y su intriga, y si tienen a bien, con un vaso de ginebra se la cuento, pero lo que me hace escribir hoy es el regalo de Navidad de uno de esos amigos que no sabes que tienes hasta que se abre paso, y se arriesga con este artículo. Y quien se ganó el pan jugando con las palabras se ha quedado sin ellas para poder expresar lo que ha sentido leyéndolo. Gracias Sergio.

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