in mis cosas

No fear?

Mis últimos días están muriendo a las nueve de la tarde. Gasto zapatilla con una nube de conceptos gigante sobre la cabeza. No entiendo el criterio para seleccionar los tags, pero ahí los llevo. Ayer, por ejemplo, me sirvieron para taparme de la lluvia, pero visito y visito y me encuentro respuestas parecidas y cansinas: el miedo. El pequeño empresario español es un ser al que le gusta vivir bien en la Latina, y que a su hijo no le falte de nada. A mí nunca me faltó de nada, pero jamás tuve unas botas Timberland.

Quien pretenda hacerme creer que el Recreativo de Huelva no puede vencer en el Bernabéu, está perdiendo el tiempo, porque sé que es mentira, y que en la estadísitica quedan las heridas de la sorpresa, que son cicatrices que siempre dejan marca. Si el hombre hubiera tenido la mentalidad del empresario, jamás hubiera salido de las cavernas. Salieron porque existe el emprendedor, y el gen emprendedor es algo que se encuentra en lugares tan oscuros como Wall Street, y tan claros como las estanterías de una biblioteca de, por ejemplo, Prosperidad.

Además se da un caso curioso. En nuestro país comenzamos a notar la zozobra, enmarcados en un naufragio global. Ahora que los demás achican aguas, aquí siguen lanzando eseoeses. Es un período muy cómodo para guardar reservas en la cueva, calentitos. Como vuelva a ver una oficina o establecimiento, con el artículo de Einstein sobre la crisis achinchetado en la pared, vaciaré la munición sobre su sesera, al más puro y falso estilo de Dani Martín en la serie aquella que era tan buena. Fariseos.

Mis últimos días están muriendo a las nueve de la tarde. Pero no están acabando conmigo.

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