in política

Nos dijeron que éramos de Champions

Debe ser un puntazo ver cómo la policía nacional aparca frente a tu casa mientras tienes que decidir si utilizas tu último minuto para guardar dinero en lugares recónditos, o tirar documentos por el retrete. Díaz-Ferrán dejó un pufo de ochocientos millones de dólares en Aerolíneas Argentinas, ciento sesenta millones de euros en Air Comet, y seiscientos millones de euros en Viajes Marsans. Las deudas del expresidente de la CEOE superan con creces el dinero recaudado con la amnistía fiscal a los defraudadores -mil doscientos millones de euros- en la reciente campaña de perdón nacional a los estafadores.

Esta figura de la economía, este emprendedor, fue pieza clave en la negociación de la reforma laboral que ha dado carta blanca a los EREs que se multiplican a lo largo y ancho del territorio nacional. Este figura evadió casi cien millones de dólares en su época de Aerolíneas Argentinas, se llevó a su bolsillo otros cuatro millones en Marsans por unos viajes que dejaron a miles de clientes tirados en los aeropuertos, siendo objeto de condenas por un valor total de cincuenta millones de euros. Menos de la mitad del botín. De haber sacado los cincuenta y cuatro millones restantes, hoy los podría meter en España dejándose cinco coma cuatro en impuestos, y todos tan contentos.

Verán, el mundo de lo racional, el argumento de los valores económicos sobre los políticos, la reducción de todo argumento a que “lo que importa es el resultado”, ofrece varios problemas. El primero de ellos es que en el mundo también contamos con lo irracional, con decisiones políticas, y con personas que creen que el juego bello importa tanto o más que el resultado. El segundo, es que todos esos argumentos son tramposos y chapuceros. Casi siempre nos dicen que manda lo racional -regularizar dinero negro- una vez que se han realizado el acto irracional de obtener ese dinero negro. Siempre nos dicen que la economía prima sobre la política, como si la economía fuera un ente orgánico en el que la mayoría pobre tuviera, por naturaleza, que pagar los desmanes de la minoría rica.

Igual recuerdan el vídeo de un desalmado pegando puñetazos a una inmigrante en el vagón de un tren, ante la inmovilidad del resto de viajeros. Pues esto es una estafa, y nosotros somos sus espectadores. Vemos cada una de las partes que componen un cuadro de injusticia pero, como los viajeros de aquel vagón, consideramos que movernos puede traer problemas. Mientras abandonamos a los enfermos pobres a su suerte, observamos cómo se multiplican las historias de recolección de tapones, cómo aumenta la cifra de parados, cómo se amnistía a las grandes fortunas, cómo se disparan las ventas de productos de lujo, cómo familias enteras se quedan en la calle siendo culpabilizadas por ello, llamándolas vagas e irresponsables, como quien desprecia al viejo juguete con quien pasó grandes momentos. Hay que “trabajar más, y ganar menos” pensaba Díaz-Ferrán mientras escondía bajo una butaca un kilo de oro. Elegimos ser fachada, empezamos por el tejado. Nos dijeron que era lo mejor, que éramos de Champions.

PD: Me pasa Milleiro el vídeo

Share

Leave a Reply