in mis cosas

Notas frívolas de fin de año

-La señora que aparca, entra en el gimnasio del centro polideportivo, y se pone a andar en la cinta. Esas cosas todavía pasan, esos trastornos en el gasto de la energía del cuerpo humano los veo yo todas las mañanas de mis vacaciones. Estar de vacaciones es como regresar a la época bohemia de mi vida, sólo que nadie me debe dinero y tengo leche en la nevera.

-Esas señoras de gimnasio público que queman 350 calorías al día, pueden verse afectadas por los recortes del Gobierno. En caso de que, por ajustes presupuestarios, se vieran obligados, dios no lo quiera, a cerrar estos centros deportivos, con sólo 100.000 de estas señoras tendríamos 35 millones de calorías diarias que ya no se queman. A lo largo de un año son casi 13 billones de calorías a disposición de las proclamas incendiarias de Ana Rosa Quintana: en principio del fin de Occidente.

-Ayer paseaba por Tribunal con camisa, jersey, corbata, zapatillas de deporte y barba de una semana, y me di cuenta de que ese barrio está habitado por cientos de miles de personas con camisa, jersey, corbata, zapatillas de deporte y barba de una semana, así que pienso que no debería mudarme allí. Si lo hiciera, por ir a la contra, vestiría con chaleco plumífero y polo de manga larga Tommy Hilfiger. Prefiero que me miren mal los punkis, a que lo hagan los modernos.

-Rectifico mis críticas a la prensa que en estos días da la brasa con tópicos. Siempre odié a los plumillas que nos cansan con que en Italia se comen lentejas, y que hay que meter oro en las copas de champán, y con imágenes del año nuevo en Australia, que es donde primero lo celebran. Si les parece les dan las 12:00, y esperan a que José Mota les diga que ya es año nuevo. Pero como digo, prefiero eso a los chachi-guays. En El País, por ejemplo, que van de modernos, cuando no tienen contenido meten una entrevista a Felipe González, o a un premio Nobel que no dicen nada. Hoy han colado la de Pamuk: “Todos mis libros tienen una edición pirata“. Blas, para el rotativo.

-Echen un vistazo a la foto. Es Ana, mi/nuestra alcaldesa. Luce chaqueta de vestir con estampado de leopardo, un colgante vintage, y enseña las fauces ante la prensa presentando a su nuevo equipo. Vemos risas en primer plano, con una tipa que lanza una mirada cómplice al lugar más atractivo de toda foto: lo que no se ve. Alieada con ella está la nuca de un estómago agradecido, que bien podría ser anónimo. Le sigue un señor que a mi me parece serio responsable sólo por el hecho de llevar traje, ser bajito y calvo. Al otro lado más risas, un señor con pajarita, y otro señor con las manos en un aparato. Ese cacharro es el motor que les mueve a todos. Y muchas risas.

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  1. Para mí, el punctum de esta foto es el señor del fondo que maneja una máquina. Tiene cara de ser del PSM, y maneja la máquina para ver si todos se desconectan.