in mis cosas

Notas sobre el viaje a Asturias

1. El Guggenheim es único. Y eso que hay dos. Me refiero a que pocas instalaciones han tenido un impacto transversal tan enorme en su entorno como el museo de Bilbao. El Guggenheim Bilbao es una idea que no ha tenido más remedio que revestirse de una carcasa en forma de construcción, dotarse de una programación… Para entendernos es una olimpiada para Barcelona. Encaja, proyecta, cambia y positiviza. Eso no se encuentra en el Niemeyer de Avilés. No se percibe efecto en la ciudad. Estéticamente no encaja. Es un giro forzado hacia un proyecto a corto plazo. Esos proyectos nacen muertos. Leyendo la prensa local, andan a hostias por la custodia de la criatura. Veremos.

2. Me sorprende la vitalidad de la calle. Acostumbrado a no ver seis meses seguidos la misma tienda en el mismo local, o el mismo chigre abierto. Bares llenos, comercios abiertos, gente, charlas, paseos, cafés. Lo único bueno que tienen los lugares en crisis constante (mis padres pertenecen a una diáspora brutal en los ochenta), es que la crisis global se nota mucho menos. Ni la Lisboa en coma, ni la Barcelona, que me cuentan, muerta. La vida allí sigue igual y es para bien.

3. Antes viajaba mucho a Asturias, cada tres o cuatro meses. De una vez para otra -tal cual- Gijón se convirtió en una viñeta de Jordi Labanda. Niños-cuentamé, pijas larguísimas, señoras con pedigrí, modernos de cuello vuelto, señores hiperestirados, perros de alto copete… eso sigue. Siguen las borlas y la pata de gallo, y las gasas y los taconazos y los perfumes que provocan subidas de azúcar. A medio camino entre el aldeanu que reniega, y el moderno que no alcanza.

4. Hace tiempo, en una entrevista con Chuky Piqueras, el presidente del gobierno contestaba con un lacónico “efectivamente, es un problema“, a la pregunta del periodista sobre la ineptitud del servicio estatal de empleo. Que el INEM es una mierda pinchada en un palo es una verdad absoluta, reconocida por los cargos públicos, y asumida por todo ciudadano. En Asturias es de coña: 110 ofertas de empleo para 80.000 parados. Debe ser una especie de estigma, un servicio estandarte, un símbolo, porque si no no me explico por qué seguir manteniendo la inutilidad. De traca.

5. La idea de mandarlo todo al carajo, y volver a una casita en mitad de un pueblín crece. Y crece.

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