in mis cosas

Próxima estación: Lorca

Ayer iba en el metro y vi a una treintañera leyendo a García Lorca. No soy un flipao de Lorca -a nivel Ian Gibson– pero me mola, es una especie de poeta flamencopop. Su teatro me dice más (el amor de don Perlimplín con Belisa en su jardín es cojonuda), y su figura es noticia porque van a escavar en la fosa común en la que yacía desde que lo fusilaron los chavalillos aquellos del 36. Se pongan como se pongan y pase el tiempo que pase, sólo con ver a la chica con su libro, puedo saber qué periódico compra, qué emisora de radio escucha, a qué partido vota, qué tipo de pelis va a ver al cine, por qué garitos de mueve, en qué barrios le gusta salir… Se pongan como se pongan y pase el tiempo que pase, cada vez que un político del PP abre la boca -además de que sube el pan- me entra una especie de sarpullido con picor. Bueno, igual yo no soy un ejemplo válido, porque cuando lo hacen los políticos del PSOE me pasa tres cuartos de lo mismo, pero me pica un poco menos.

Este país está dividido, porque un día a un señor se le puso por los huevos (bien pequeños los tenía, por cierto) cambiar los designios que se habían elegido democráticamente y eso, por narices, tiene que salir a flote en cada esquina. Sobretodo cuando en la gran trampa de la Transición, todo se hizo tan mal. En el prefacio de la constitución portuguesa, tras la Revolución de los Claveles, aparece una condena expresa al regímen dictatorial anterior. Aquí no. Es como si no hubiera pasado nada, como si no hubiera habido un golpe de estado ilegal y cuarenta años de represión necia. Es como en esa familia (la mía, sin ir más lejos) en la que hay un problema y nadie lo habla, ergo, no hay solución.

Nada, pondré la radio y un tío con voz de gilipollas me dirá que ya está aquí el weekend… y a tomar por culo. Jodida ignorancia, jodida irracionalidad, jodida gente que opina sin tener ni puta idea, sin haber dedicado un minuto a la reflexión, de manera gatuíta. Que vuelvan los postulados griegos. Señoras, señores, alzo la copa de Pamperocola al Sol y pido un brindis:

¡¡Por la Tercera República!! (o por la meritocracia)

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  1. Un día en el metro en Londres,vi a una chica leyendo La sombra del viento.
    Que suerte que teneís metro por allí.Aquí en el sur tenemos cutretranvía….