in política

Puro teatro

Le robo a Jesús Blanco, que fuera compañero en la radio, la fotografía del cartel que ilustra el post. Se trata de una representación teatral en Guadalajara, y en él se aprecia cómo el ayuntamiento (PP) se dedica a poner pegatinas encima de los carteles del Teatro, y con ellas tapa donde dice “Patrocinado por la Junta de Comunidades (PSOE) y por Cadena SER Castilla la Mancha“.

Se trata de una muestra más de lo que yo llamo el “politiqueo“. El politiqueo es el día a día de nuestros representantes públicos y su relación con los medios, los mensajes, y los que optan a relevarles en sus cargos. En el politiqueo se sobreentienden toda una serie de bajezas indignas, que jalean a sus consumidores/votantes, y les hace perder prestigio y credibilidad ante el sentido común, y frente a una masa cada vez menos implicada, esto es, menos peligrosa.

Se trata de bravuconadas, deslices y codazos, de fallos en la memoria y frases publicitarias vacías, repetidas una y otra vez. El politiqueo es para la política una rémora rentable, que ocupa a la gran mayoría de concejales, diputados y senadores, y que rellena la programación de los mass media. Por ejemplo: el PP pide una serie de recortes sociales, porque según ellos, es la fuente de todo mal. Cuando el PSOE las adopta, desdiciéndose, al PP le parecen medidas criticables, y se intercambian los argumentos con toda naturalidad. En provincias se pueden apreciar detalles como el caso del famoso cartel teatral.

Esa bajeza militante, que merienda cerebros y prima el barbecho intelectual, acaba siendo asumido como si se tratara del forofismo hacia un equipo deportivo, alimentado por las tribunas que políticos y tertulianos afines a partidos, tienen en los medios. Y aterrizo en Esperanza Aguirre.

Tras la declaración en la que revelaba que debía ser tratada de un cáncer, los forofos pusieron las máquinas a funcionar a toda velocidad. En un lado del ring un autético crack de la estupidez demostrada,el pseudoescritor Salvador Sostres, dedica unas palabras en su columna de El Mundo a la Presidenta de la Comunidad de Madrid, dignas de una mezcla entre Santa Teresa de Jesús, Marie Curie, y la Afrodita de Mazinger Z:

“Conocí a Esperanza Aguirre y su ímpetu magnífico, su manera impúdica de dar la cara -y lo que sea- por las cosas en las que cree. Desde Margaret Thatcher -que, por desgracia, me pilló demasiado joven y no pude vivir como adulto sus años más maravillosos, su lucha feroz contra el comunismo atroz y contra el chantaje sindical-, desde aquellos años esplendorosos no había conocido a ningún político con las ganas que ha tenido Esperanza Aguirre de llevar un poco más allá los límites de la libertad (…) Para una causa o para la contraria, pero siempre con honor y cumpliendo cada cual su misión, nos quedan pocos héroes, pocos corazones valerosos que obren recta y dignamente y que honoren con su vivir insistente la memoria de sus muertos. Pocos que vivan de pie y que sean ejemplo del gran mandato de caminar erguidos. Esperanza Aguirre es uno de ellos”.

En la otra esquina del cuadrilátero, la tarde de la noticia, pudimos leer en Twitter al community manager de la Diputación de Guadalajara, luciéndose por no variar. Empezó suave: “Aguirre, te deseo una muy pronta recuperacion en un HOSPITAL PÚBLICO y tras aguantar las listas de espera como el resto de madrileños”, para avanzar con otro tweet: “Y a cuantas mujeres va a adelantar en la lista de espera?“. Muy bien chaval, muy elegante.

El citado community manager, un veinteañero, que escribe el blog de aquí, hace méritos en cada post para ascender pronto en el partido, aplicando el leirepajinismo de primera fila y aplauso al líder. ¿Hijo mío, crees que el Presidente Barreda no tendría ese trato preferente?, ¿Crees que no es algo natural? En esa guerra por los bajos fondos, hay cosas con las que no se puede disparar, si es que creemos en un mundo con la más mínima ética. Más que nada porque solo quien ha estado próximo al poder, puede conocer ciertas claves, y lo que el chico en cuestión hace, es algo menos novedoso que el Twitter, que se llama demagogia.


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