Onda Lavapies

in mis cosas

Radio Esencia

A don Antonio le ponía nervioso que me pusiera ante del micrófono con una mano delante y otra mano detrás. Decía que Iñaki Gabilondo siempre hablaba con un “cerro de papeles” al lado, que no usaba, pero que los tenía por si acaso. Era muy generoso con la documentación, y muy de cuidar los porsiacasos. En otros aspectos don Antonio era tacaño y no le importó que mi tránsito desde comercial hasta la antena se dejara por el camino el setenta por ciento del sueldo. A mí tampoco. A cambio hablaba bien de uno en Radio Madrid y aguantaba las presiones por las que pagan en los medios a las personas para ser jefes. Don Antonio es uno de esos casos de persona que se jubila y que muere a los dos años de una mezcla de cáncer con melancolía.

Manolo, mi siguiente jefe, fue la tarjeta de visita de la muerte del periodismo o de cualquier oficio: servil, opaco, vago y corrupto. Parecía que no le iba mal porque creció dentro de la casa multiplicando cuentas de resultados mediante acciones comerciales invasivas en antena, y sirviendo a tal o cual diputación, ayuntamiento o comunidad. La vida le ha agradecido tales cualidades con un puestecito en su pueblo como asesor del alcalde, por el que todos sus vecinos le pagan un sueldo de 36.398,67€ (página 4.550). Para sus gastos.

Las cosas no fueron a mejor. Sucesivamente el imperio del ladrillo fue poniendo en mi camino a jefes o presidentes con unas cualidades cuestionables que me hicieron dejar de verle la salida al callejón, y escapar por los guiones como el perseguido que escala una valla metálica en una mala película de policías. Hay vida más allá de casi todo. La vida siempre está a la vuelta de la esquina, con el coche al ralentí, esperando.

Ahora llego cada viernes al Casino de la Reina con las responsabilidad de tener un grupo al que inculcar el amor por un medio que, en esencia no ha cambiado. Y veo a Ibian y Jotaele con sus portátiles, y suena el ascensor y es Manolo con aquel cerro de papeles del que me hablaba don Antonio, y aparece Albert, con un premio bajo el brazo para que sorteemos en lo que te cuenta que jugó al fútbol profesional en Estados Unidos, y montamos la mesa y abrimos los micros y se va pintando en el aire una cosa que se llama radio, o podcast, o el marco que más les guste.

Es más sexy citar a Leonard Cohen que a Víctor Manuel, pero el asturiano definió un día la felicidad como un prado eterno y dos jerseys que hacen las veces de portería. Pues eso, el reconfortante momento de volver a la esencia.

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    • Una cosa es no poder ejercer en una región, y otra no poder pisarla.
      Suicida, pero no tanto.
      Y tengo una buena lista…
      :)