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Razones

Esta mañana Nico, esa perra que ayer comió mierda de otro perro, me preguntó qué hacían todos esos furgones policiales en el barrio, y le contesté que esa pregunta me la podía hacer la niña de Rajoy, pero que ella no. Estuvimos de acuerdo en dejarnos de hablar, porque a Nico tampoco le gusta mucho la humanización, y a mi me parecía un recurso cutre para abrir fuego en el blog.

No menos de quince furgonetas, popularmente conocidas como “lecheras”, con tampoco menos de ocho antidisturbios por vehículo desplegándose desde la plaza de Cascorro hasta la calle Fray Ceferino, tanto por Ribera de Curtidores, como por Embajadores. El motivo de semejante operativo era proteger el desahucio de unos vecinos, cuyo destino fatal fue prorrogado en anteriores ocasiones por la mediación del apoyo vecinal. El cálculo del coste, a ojo de un servidor, no anda por menos de 9.000 euros. Operación Cacemos a Bin Laden MODO ON.

Se trata de Uddin y Hafiz, y cito textualemente la descripción facilitada en Stop Desahucios:

Uddin y Hafiz compraron hace cinco años un piso de 40 m2 que el banco tasó en nada menos que 248.000 euros, y donde viven muy modestamente junto a sus familias. Hace unos meses, Hafiz perdió su empleo, y Uddin, al que tras bajarle el sueldo gana poco más de 1.000 euros por su trabajo como camarero en un restaurante, no pudo afrontar él solo el pago de las cuotas hipotecarias impuestas por el banco, que ascendían a 1.500 euros al mes.

El banco se quedó con la casa por 151.000 €, el 60% del precio que según sus tasadores valía, reclamándoles una deuda pendiente de 235.000 € entre el capital pendiente de la hipoteca, intereses, costas, etc, casi la misma cantidad que le concedió por la hipoteca. Un negocio redondo que convertirá a estas dos familias en sus esclavas de por vida.

La sensación de violencia que he sentido de un vistazo, es difícilmente descriptible. Por un lado la imagen de Ribera de Curtidores como si estuviéramos en plena operación Elefante Azul, y por otro el quiosco de San Millán, luciendo lindezas como por ejemplo la vil portada de La Razón, tapando con basura cobarde las vergüenzas del banco podrido al que todos vamos a sanear, incluidos Uddin y Hafiz. Demasiado descarado, demasiado bestia, demasiado todo. El desmontaje del Estado de Bienestar, el pillaje de las capas altas, sabedores de que la nave va a la deriva, es grotesco. Y la falta de reacción popular, que no por esperada deja de ser también ridícula.

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  1. Tan sólo una puntualización: el Banco no impone las cuotas, éstas se negocian en la firma de la hipoteca.

    Lo más triste de todo, es que es algo inútil: ni tan siquiera es, como dicen en el artículo, un negocio redondo para el Banco. El negocio redondo para el Banco sería que hubieran conseguido pagar 30 años de cuotas.

  2. Ya Juan, pero tampoco entro en la generación de escenarios que hacen los comerciales de los bancos. Las oficinas que hacen de poli bueno y las de poli malo, los seguros y productos que dicen “son obligatorios por ley”, el juego con la ignorancia del cliente.
    El problema de todo esto está en la diferencia entre lo que cree la gente que son los tipos de las oficinas (asesores) y lo que son en realidad (comerciales agresivos, exigidos por objetivos poco realistas).
    Sería maravilloso que todos los clientes tuvieran dos dedos de frente, se informaran, tuvieran la capacidad de negociar, o de ver que por 40 metros, no se debe pagar un cuarto de millón de euros…
    Efectivamente, ahora para los bancos, sus activos en ladrillos empiezan a ser un lastre para su contabilidad, pero hasta ahora eran una inversión que se revalorizaba cada día (por eso tampoco se desplomaba el precio)…