in mis cosas

Recuerdos

Yo digo que el exilio es una decisión que otros tomaron por uno; en cambio, el desexilio, que después de todo es una palabra que yo inventé y tengo derecho a usar, es una decisión individual. Una decisión que uno toma.

Mario Benedetti

Tengo la fábrica de nostalgia a pleno rendimiento. Después de un ERE y refinanciar la deuda, eso sí. Mateo es el break even, su nacimiento ha sido el punto en el que la fábrica ha empezado a dar beneficios.

Recuerdo, más en gris que en sepia, el trasiego Bilbao-Gijón de mis primeros años. La lluvia, el color del hierro incandescente de los pequeños calefactores de los ochenta. Recuerdo el camino del Cantábrico, antes de la autopista, cuando las rectas eran especies en peligro de extinción. Recuerdo ver a mi padre volver el viernes con un camión de juguete, un cuento, o un paraguas de chocolate.

Vivir en tantas ciudades es dejar jirones, descomponer recuerdos. Fabular es el único pegamento. Buscar coherencia con el tiempo, aportar un cierto sentido para clasificar en la memoria. ¿Qué habrá de cierto en mis recuerdos? La vida te construye un camino hacia el final. Como si estuviera escrito. La fiesta racional acaba apagando las luces, no encendiéndolas. La racionalidad no vale nada. ¿Será, por tanto, cierto el camino de vuelta?, ¿Será cierto el desexilio?

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