kafka

in mis cosas

Rendir cuentas

A las siete y cuarto me despierto y apago la alarma que me debería avisar a y media. Pocas cosas hay más absurdas en mi vida que un despertador. Deben sentirse frustrados, siempre me adelanto. Como mi despertador es mi móvil, seguro que se venga con ese silencio que cada vez es más tenso. Golden Grahams (parece que me desayuno a una familia dorada) y a sacar a la pequeña bastarda.

Como llueve, decido ponerme Converse, pantalón de chándal negro de Puma y una chaqueta de agua gris. Cuando me veo reflejado en un escaparate, me doy cuenta que parezco el puto Luis Aragonés. Me cruzo con la morena que me cruzo siempre en el Paseo del Prado que, en lugar de decirme un “hola” entre su sonrisa habitual, se me queda mirando raro. Como si acabara de ver al exseleccionador. Llego a casa empapadao y utilizo todos los trucos posibles para no mojar la casa: me descalzo en la puerta, espero a que Nico se sacuda en repetidas ocasiones, me quito la chupa y la meto corriendo en la ducha.

Oigo ruido en casa. Conversaciones. Cuando giro la esquina me doy cuenta de que tengo el salón lleno de gente. Me hacen un pasillo hasta el sofá. En la mesa de enfrente un ejército de micros de numerosos medios espera mi comparecencia, y todos me llaman “señor Aragonés“. Ostias. Si algo aprendí de Kafka es que ante las situaciones más absurdas hay que reaccionar con la mayor de las normalidades, así que me siento y espero que los gráficos acaben su trabajo mientras me atuso un poco el pelo, todavía mojado.

-Señor Aragonés, para la gazeta dello sport (¿Qué responsable de prensa de mierda tengo que ha dejado entrar a un italiano?) se rumorea que tiene los días contados ¿No?

Joder, si contesto como quisiera quedará como un gesto simiesco más que añadir a mi álbum -Bueno, hasta que matemáticamente no estemos fuera, tenemos opciones de seguir en la pelea -toma topicazo, ahora vuelves.

-Sí, para el diario As, ¿No le estará superando entrenar a un grande? -vaya con la rueda de prensa, vienen a por mí a máscara quitada. Sereno, Luis, sereno

-No entiendo por qué dice eso -digo haciéndome el falso sorprendido

-No -contesta el hijoputa del becario de mierda del As- se le ha visto cómodo con Numancias y Racings este verano, incluso con algún Valencia o Sevilla, pero parece que no sabe usted gestionar el vestuario de un club grande…

- Bien, creo que siempre aprendes cosas y estoy dispuesto a ir aprendiendo con la ayuda del equipo. Es cierto que un club grande siempre da un poco de vértigo, las decisiones afectan a mucha gente y la lupa con que se miran es de mayor aumento, pero confío en que los resultados sirvan como bálsamo para la situación convulsa que se ha creado en los últimos días. -ni yo me lo creo. La verdad es que esto huele a podrido. Probablemente me haya confundido y en realidad no sepa gestionar un club así, pero tengo que parecer vivo los próximos cinco minutos.

Cuatro preguntas más y veo, de refilón, como el reportero de La Farola está metiéndo la zarpa en la nevera. Pilla mortadela con aceitunas, la criaturita. Le dejo y sigo en mi farsa. Sé que la mitad de periodistas que están frente a mí con una sonrisa de oreja a oreja, saldrán zumbando a sus redacciones a despedazarme. Ellos saben que los odio.

Recogen sus cachivaches y les acompaño a la puerta de casa. Una plumilla rubia, resultona, que va de Comoestoybuenalesacodeclaraciones me pide un aparte. Se lo niego y sale de casa con un palmo de narices, probablemente pensando que soy un viejo chocho. Me recuesto en el sofá y mi segunda de abordo, Nico, me dice “Luis, sé que no es novedad en este 2008… pero estamos jodidos“. Me gusta tener segundo. Me saca de dudas.

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