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San Eurovegas

Madrid sigue viviendo momentos épicos de fervor en las calles del centro. Las palabras “fervor” y “sentimiento“. Hace años tuve un director, en la radio, que era un hijo de la gran puta. Y como hacía muy bien su trabajo -el de ser un hijo de la gran puta, no el de ser director-, me “sugirió” realizar reportajes a todas las cofradías de Guadalajara. Para mí la primera noticia fue saber que en Guadalajara hubiera cofradías, y eso que fui a colegio Marista. Asumido el shock, me pongo a entrevistar y, cofradía tras cofradía, se llenan la boca del puto fervor y el puto sentimiento. Por supuesto, el remate argumental es “esto se siente o no se siente“. Vale.

Hoy, bajo un manto de lluvia -porque dios lo ha querido-, he podido cruzarme con una procesión que nacía de la calle Toledo, y atravesaba la Latina, partiendo el barrio pijojipi por la mitad. Había una cámara de Telemadrid por cada dos fieles. La proporción no es mala ante tal evento. “Atrae turistas”, dicen algunos comerciantes. Claro que sí. Poner en la Plaza Mayor a Charles Manson también, seguro.

Esto de las estupideces, además de no pasar de moda, se va depurando con el tiempo. Justificaban los representantes madrileños y catalanes, su patética presencia en Las Vegas para montar el Eurovegas. Hace unos meses se rumoreaba, se hablaba de la necesidad de cambios legislativos para poder montarlo en España. Problemas con la ley del juego, impuestos… en realidad era un globo sonda. En comunicación, los globos sonda son noticias, rumores, runrunes, que se lanzan “pa ver qué pasa“. Como hubo una polémica de intensidad media-baja, la cosa va para adelante, y hemos pasado de la polémica a la familiaridad más absoluta con la “candidatura madrileña”.

La justificación es que atraerá dinero y generará empleo. Cojonudo. Lujo, prostitución y espectáculos familiares, agitados en un cóctel de capa caída, punta del lanza del auge de la miseria y el paro en Estados Unidos. No es mal referente. Pero qué coño más da. De las obras de la M30 que nos cuestan 10.500 millones de euros -grábense la cifra-, nadie se acuerda ya, pero qué coño más da. ¿Por qué no abrimos un campo de concentración? de esa manera podemos acabar con carteristas, y a la vez atraer turistas. ¿Qué busca el turista?, ¿Niñas tailandesas complacientes?, ¿Caras en paredes de pladúr?, ¿Pozos en los que tiran monedas?, ¿Discotecas en las que se inflan de Dyc con Red bull? Qué coño más da.

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  1. bueno, pues ya verás, si con la escusa de “crear empleo” pueden hasta construir un campo de concentración con ambiente alemán (como la primita de riesgo, la que no creo que se suba a una barra americana)

    ;)