in mis cosas

Su plan

Teníamos asumida la condición de perdedores sin glamour. Es la peor de las condenas, acostumbrase a morder el polvo y no ser capaz de mentirte, de revestir el fracaso en esa heroicidad que empezó con el I am a looser de Lennon, y no encontró mejor apóstol que el Atlético de Madrid. Ver a la selección era sentarse en un sofá cama chungo, con estampado de cuadros verdes, pasar calor, y ver a tu padre sufriendo, callado, sin quitar ojo a la tele, reviviendo un partido que ha sido el mismo siempre, con idénticos resultados, por supuesto desfavorables.

Y precisamente ha sido nuestro padre el que ha sido capaz de generar vida donde no la había. Nuestro padre era Luis Aragonés, nuestro padre es Vicente del Bosque, representantes generacionales, ejemplos del anti-nini, de lo que no mola, del trabajo sucio, del lado oscuro llevado con naturalidad, de la condescendencia socarrona con lo políticamente correcto. Ídolos del anonimato, expertos de las sombras, humanos. Los antihéroes de verdad han puesto toda su sabiduría en un grupo con un talento superlativo -no mucho más del que tuvo Clemente en el 94, o Camacho en 2002– para cortar siempre el cable amarillo.

Han sido capaces de caminar sobre las aguas que revolvía la siempre cruel e ignorante prensa deportiva, han capeado bajos estados de forma, lesiones, contratiempos, y no se han equivocado. Sólo quien asume los errores con naturalidad, entra en el estado perpétuo de gracia, de no equivocación. Lo de anoche fue una obra maestra, que apeló a todos los sentidos que remueve cualquier gran película, cuadro, o canción, pero con un regusto diferente. El regusto de venganza de la generación de nuestros padres, y todos estaban en un banquillo de Sudáfrica.

Anoche el entrenador del abrigo estandar de El Corte Inglés repleta de pegatinas de patrocinadores, estrechaba la mano del elegante seleccionador alemán, imagen de la bohemia y la intelectualidad muniquesa, transmitiéndole la calma de la superioridad perfecta. Anoche cumplió la fecha de caducidad del VHS de Malta. Anoche Puyol incrustó el gol de Cardeñosa y el de Salinas, el codazo de Tassotti, el penalti de Raúl, el silvato Al Gandour, el poste de Hierro y la mano de Zubi, en lo más profundo de nuestro recuerdo, en lo más hondo de nuestro olvido.

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  1. de punta me has puesto el pelo con tu ultima frase, compadre.

    estamos en la final y lo bueno es que vamos a ganarla. sabemos ganarla al menos. y lo vamos a hacer.

  2. Te has dejado, por supuesto, muchas otras, como aquel balón que se coló por debajo del cuerpo de Arconada en la final de la Eurocopa en Francia, y Míchel apartando la cabeza ante Yugoslavia, y tantas otras. Pero no importa. Lo cierto es que sería estupendo ganar un mundial y archivar tantas miserias. Y resetear muchas mentes, sobre todo las de nuevas generaciones.

  3. ¿Y ahora que hago yo?
    Apenas si comprendo el arte balompédico, por eso a la hora de “ir” con algún equipo, yo siempre elijo “ir” con el que a priori parece el perdedor; no sé, me parece más emocionante.
    Ya en el europeo me empezaron a tocar las narices, pero lo de anoche no tiene nombre; mira que volver a ganar a los alemanes, tan rubios… anda que si Hitler levanta la cabeza y ve a un jugador de color negro en la selección alemana… tan fuertes, tan… de las mil leches, polacos incluidos.
    Y seguro que se van a chorrear a “la naranja mecánica” que pasará a llamarse “la naranja exprimida”
    Pero bueno, me da igual. A partir de ahora elegiré “ir” con Ghana, ya está; que le den a “La Roja”