Festivales

Como si nada hubiera pasado. La crisis afronta su última y más cruel vuelta de tuerca: la auto-negación. Aquí no ha pasado nada más allá de un bajón estructural en un ciclo económico, perfectamente autorregulado por un sistema resistente a temperaturas extremas. A correr. A invertir. A comprar.

Es temprano, pero no parece que la crisis haya dejado una marca sólida, aparte del más rentable de los sentimientos: el miedo. Señora, a lo primero que debe perder miedo es a la deuda privada, no se preocupe. La derecha española se ha apalancado en la nada, y la nada le ha servido para salir indemne de una constelación de casos de corrupción que afectan de manera directa al mismísimo presidente del gobierno. La no gestión ha resultado una brillante apuesta política, y ha puesto en entredicho la fuerza de la palabra. La izquierda del sistema sólo ha tenido un discurso descolorido, defendido por figuras de bajo copete, basado en la pereza por poner coto a la deuda. Los partidos antisistema siguen siendo el hazmereír de un país católico, apostólico y romano.

El país, de momento, no ha cambiado en nada sus hábitos. Ha bajado a segunda división, manteniendo entrenador, directiva y jugadores, a la espera que algún día vuelvan los goles por arte de magia, como en su día vinieron. Los jóvenes están tan extraordinariamente preparados que, en lugar de cuestionar la parafernalia de la Transición que les ha dibujado una realidad difusa, ansían vivir una. Como si de un festival de verano se tratase. Quieren ser protagonistas de su propia farsa. ¿Quién podría no entenderles?

 

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Dinero Cash

El proceso Dinero Cash es:

-Tu partido sale elegido y te nombran ministro como reconocimiento por los servicios prestados. Empiezas a cobrar del dinero público, de todos los ciudadanos. Rato cobró unos 69.000 euros al año como ministro, más el sueldo del partido en “A”, unos 150.000 euros, que es un dinero que el Estado da a los partidos en función de su representatividad en las últimas elecciones. Obviamos lo que le entregara en mano Bárcenas. Todo dinero público, ocho años, hacen un total de 1.752.000 euros. Más casi 300.000 euros en dietas variadas.

-Desde el Ministerio engordas una colosal agenda de contactos, y juegas con tu preponderancia legislativa para ganarte alguna que otra simpatía, que luego te cobrarás de manera individual.

-Cuando el Presidente considera que lo haces mal, o los ciudadanos consideran que todo el gobierno lo hace mal, te echan. No te preocupes, Rodrigo, puedes seguir cobrando los 150.000 del partido que, insisto, pagamos entre todos, más unos 60.000 euros durante 2 años más, como indemnización por exministro.

-Es el momento de tirar de agenda. ¿Recuerdas cómo cuidabas a la gente del FMI cada vez que trataban con España? Optas por la parte internacional y te nombran presidente del FMI. Allí ganarás 391.440 dólares al año. Ese dinero sale de los estados, es decir, de todos.

-En el Fondo Monetario Internacional sigues engordando tu colosal agenda de contactos, y continúas jugando con tu preponderancia no legislativa, pero sí en cuanto a recomendación y lobby, para seguir ganándote alguna que otra simpatía, que luego te cobrarás de manera individual.

-Puede pasar que seas un zote, que que te obliguen a abandonar el FMI por la puerta de atrás, dejando al organismo en quiebra, y habiéndola deslegitimado por “análisis insuficiente y falta de métodos de supervisión”. No te preocupes, para entonces habrás tendido un puente hacia fuera, y te habrás garantizado una pensión vitalicia de casi 60.000 euros al año. Insisto, de dinero público.

-Tiras de contactos. Fichas por el Banco Lazard donde consideran que tus contactos internacionales pueden ser útiles, y te embolsas entre 2,5 y 3 millones de euros al año. También el Santander ve utilidad en tus contactos, y te nombra Consejero Asesor Internacional.

-¿Quieres estar más cerca del los tuyos? No te preocupes, Rodrigo, ahí están Bankia y su sueldo de 2,5 millones de euros al año. Además Iberia se presta a pagarte 120.000 como Consejero no ejecutivo. No es mala caída.

-La cosa se puede dar mal. Es posible que hundas Bankia, que te imputen por la pésima gestión, y que la entidad necesite 22.424 millones de euros que, con sus respectivos intereses, pagaremos todos los españoles. Pero siempre caes de pie, Rodrigo. Hacer bien las cosas cuando gestionas el dinero de todos, ayuda mucho a que Telefónica hoy te pague 100.000 euros por asistir a dos consejos, y el Santander 200.000 por otros dos.

Elegimos personas que se enriquecen a manos llenas cuando abandonan la política, porque la han empleado para beneficio propio, en contra del interés público. De hecho hay perfiles que, directamente saquean las arcas públicas para poner información y recursos en manos de empresas. Sin ningún reparo, 20 exministros y 2 expresidentes están a sueldo de grandes empresas españolas. Luego suprimimos médicos y profesores por la incontestable razón de que “no hay dinero”. ¿Tan difícil es aguantar la conversación y preguntar el por qué?, ¿En serio creen que la falta de recursos se produce porque las clases bajas veranearon o se compraron un Megane? De todo esto, sólo espero que se funde de una vez el Partido del Dinero Cash, y que nos dejemos de mandangas.

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Voy al hacheyeme

El Fondo Monetario Internacional y las previsiones son como ese niño que persigue la pelota y que, cuando está a punto de cogerla con las manos, le pega un puntapié. Y así le van pasando al niño los metros y los años al FMI. Ahora es 2016 el año del milagro. Espero que a Mariano no le pille el milagro hablando con Renfe por el móvil, porque deberá estar muy atento a las recomendaciones de los organismos internacionales, en este caso bajar un 10% los sueldos. Es una gran medida para generar empleo. Auguro un 10% de aumento en el empleo, así, a ojo. O un 10% de aumento de ayudas a los bancos.

Otra opción sería eliminar los sueldos, de tal modo que la gente acudiera a sus trabajos sin la motivación de vil metal. Que el personal asalariado trabajara por lo que trabajamos todos: por el sentimiento de pertenencia a un proyecto común. Sería un momento fantástico para comprobar la adicción a este, nuestro sistema.

Esta semana, contra todo pronóstico, los grandes dinosaurios empresariales españoles se han sacado la polla ante medios y accionistas, y resulta que a todos les ha crecido. Es que hasta al H&M en España se le multiplica el beneficio por tres. A ver si al final el que tiene la culpa de la crisis es el H&M y todo esto de empobrecernos lo han montado para que llevemos todos camisetas de algodón y poliester cosidas por un preadolescente chino.

Imagino a los grandes poderes fácticos de este país con sus camisetas con motivos ochenteros, sus cinturones flúor y sus mocasines de colores poniendo broche a unos jeans pitillo. Y el pelo de pasta. Esas melenas engominadas que se juntan con las gafas de pasta en las cabezas de gente con pasta, y que al final no sabes dónde acaba la gafa y empieza el pelo. El rollo ese que tenemos hablado Juan Andrés y yo.

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Sólo Spiderman nos puede sacar de esta

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Aquello que vendimos

El verdadero drama de la crisis, la verdadera desazón, el bocado que todos llevamos dentro y con el que nos movemos como zombis por las calles, es que nosotros fuimos unos hijos de puta. El drama está en el empleado de banca, en el periodista, en el aparejador, en el fontanero y en el concejal. Ahí está el drama. No fuimos esos valientes que se enfrentaran al malo de la película, fuimos sus lacayos. Fuimos el secuaz que hacía el trabajo sucio y que cuando molesta recibe un tiro por la espalda. El drama real es que nos vestimos de clase de media y nos quedamos en primero de primaria.

Cuando el empleado de banca traicionaba a cada uno de sus clientes, lo hacía porque creía que si era un hijo de puta, le iría bien en su carrera, por ello, en su vida. Él sabía que estaba vendiendo basura o concediendo hipotecas con unos niveles de riesgo elevados, pero lo hizo. Lo hizo porque entendió, o porque le dijeron que si era un hijo de puta le iría bien. De manera más refinada a base de comisiones e incentivos, o de manera más directa amenazado por el despido. Ese empleado de banca despachaba mierda para ganar dinero y para que no le echaran, no fuera a ser que al siguiente mes se quedara sin puesto de repartidor de mierda.

¿Cuál puede ser la excusa para despachar mierda durante años? Puede ser alimentar a tus hijos. Porque partes de la base de que tus hijos serán felices con su colección de cromos pagada con las comisiones de la mierda que reparte su padre. Crecerán orgullosos. La excusa puede ser pagar el viaje al Caribe, o la hipoteca para una casa que no te puedes pagar. Puede ser un nuevo coche, o cualquier soplapollez de las que se venden en cantidades industriales. El periodista vivió feliz en la ignorancia del culo en la silla y el cortapega de teletipos, al aparejador le iba bien, al fontanero ni les digo y el concejal hizo su agosto. Todos vimos el negocio, todos nos convertimos en una banda de hijos de puta, porque nos dijeron que nos iría bien. Que el mundo es así, hijo de puta y que está hecho para hijos de puta, y que fuera de eso no había nada.

Ahora, los cuatro íntegros que en su día fueron calificados de soñadores o gilipollas, pagan las consecuencias igual que nosotros, los hijos de puta. Lo pasan mal, ven cómo se recortan sus derechos, cómo se les roba a mano armada, cómo pierden su dinero. Pero igual que pasaba hace unos años, no perderán su dignidad. La dignidad es aquella gilipollez que vendimos por cuatro duros, su ausencia es el verdadero drama de la crisis, la verdadera desazón, el bocado que todos llevamos dentro y con el que nos movemos como zombis por las calles.

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Cuando se habla tan claro que no se te ocurre mejor argumento

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Superioridad y desencanto

Me parece arrebatador seguir oyendo cómo hay quien cree que de esta crisis se sale esperando a que “el ciclo económico cambie“. El ciclo económico es una cosa que ahora va mal, pero que Kodràtiev dijo que no nos preocupáramos, que luego vendrían bien dadas, dibujó una sección de una patata ondulada, y se quedó tan a gusto. Saldremos, claro que sí. Algo pasará, las élites lo saben. En este país hay pocas cosas más ignorantes que sus élites, y pocas sensaciones tan desalentadoras como la infinita carta de patatas fritas industriales que hay en el mercado. Los ochenta eran aquel maravilloso mundo en el que sólo había patatas de churrería de barrio, y patatas Matutano onduladas que, por supuesto, molaban mucho más.

La élites me explican, interrumpiendo su conversación sobre la nueva casa en Pozuelo, o la ITV de su Harley -he llegado a oír “ahora mismo sólo podría aspirar a comprarme el Q7“-, que no es justa la redistribución de la riqueza. Que un rico nace rico porque su papá trabajó mucho, de lo que extraigo que un pobre nace pobre porque su papá se tocó los huevos. Me dicen que de esa manera se incentiva a los mejores, entre los que, por supuesto, se consideran ellos. Siguiendo esa primaria teoría, supongo que hay gente que nace siendo mejor y más trabajadora, y que hay gente que nace siendo un bebé vago y lastimero. En este modelo, por ejemplo, las plusvalías en las inversiones también son trabajo, por lo que se comprende.

En pocos días me he encontrado la autojustificación como clase de un señor de la élite, y de una persona humilde, ambos centrados en defender el mantenimiento de sus respectivos estatus, y con las cabezas bien formateadas para administrar el deseo de que nada cambie. Ése es el cáncer. El deseo de que todo permanezca, el miedo a la responsabilidad. Y cómo se refieren a los cambios como si fueran algo imposible, inservible, y del pasado. Hasta ahora la clase obrera de este país ha vivido muy cómoda en la alienación, riéndose de lo poco moderno que es hablar de “alienación”, y autodenominándose clase media, olvidando el discurso marxista, eludiendo su responsabilidad histórica, olisqueando pelotazos, operaciones que en poco tiempo pudieran propiciar símbolos de las clases pudientes -coches más grandes, casas más grandes, televisores más grandes, ropas con más marcas bordadas, viajes más exóticos- para, de ese modo, empezar a asumir el discurso de que el trabajo les había llevado allí. Ahora desde los gobiernos se está desmantelando la farsa que presuntamente garantizaba una cierta igualdad social. Se está acelerando el proceso de generación de antisistema.

Hasta que se invente el “esfuerzómetro“, la cultura de que el esfuerzo tiene premio se basa en generalizaciones muy básicas. Casi a nivel refranero. Los contactos o el clientelismo, siguen siendo esas pequeñas cosas que explican los órdenes y desórdenes de nuestro mundo. El estudio en determinada universidad, garantiza que perteneces a cierta clase con la que sí se puede tratar. Tal coche, tal zapato, tal máster. Eres de los nuestros, garantizamos que no aparezcas dando por el culo como un pepito grillo. Asume tu superioridad, crea una historia bonita y créetela. Que le follen al mundo. Y mientras sigamos construyendo el discurso, sigamos diciéndoles a los pobres que son unos vagos, que no son lo suficientemente aptos. Que no han hecho méritos, que no merecen nuestra vida, que sus problemas son Belén Esteban y Telecinco.

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Algunos mitos sobre la crisis

Así, a la buena de dios. Cansado de escuchar frases vacías que, como mantras, van repitiendo los medios, huyendo de toda reflexión, dándolos por supuestos.

1) Del boom del ladrillo todos tenemos una parte de culpa, todos nos hemos enriquecido. Pongamos un ejemplo con otra materia. Ustedes saben que cuando un país o región emite moneda, aumenta la inflación, la moneda pierde valor. Supongamos que la Real Casa de Moneda y Timbre no tuviera la manía de ejercer el monopolio sobre la emisión de dinero. Supongamos que fuera legal fotocopiar euros, y que éstas fotocopias fueran válidas. ¿Cuánta gente no tendría una fotocopiadora en casa?, ¿No es lógico que todo hijo de vecino se dedicara a tirar copias a diestro, y algunas a siniestro, de billetes de quinientos euros?, ¿Sería el ciudadano fotocopiante el responsable del aumento de la inflación? Pues oigan, parece evidente que, en tal caso, las actuaciones individuales tienen cierta lógica, y que la responsabilidad real está en quien legalizó las fotocopias.

2) Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, ahora toca apretarse el cinturón. Verán, yo he sido joven, guionista y autónomo. Efectivamente puede que sea la combinación que les aporte mayor imagen de ruina económica, y estarán en lo cierto. Bien, pues en aquella época Caja Madrid me ofrecía una hipoteca. Cuando hablamos del crecimiento en la pasada década en nuestro país, nos referimos a un crecimiento basado en el consumo y, la compra más importante para el español medio, su momento más importante de consumo, es la vivienda. En aquella época yo pensaba que comprarme un piso era algo que iba en contra mía: suponía una presión extra, una condena hasta mi jubilación, y era consciente de que mi carrera profesional estaba en un punto poco consistente. Es cierto que tuve que aguantar a todo mi entorno y su cantinela de “vivir de alquiler es tirar el dinero“. La mayoría de la gente -también en mi entorno- accedió a hipotecarse adquiriendo más deudas de las que un entorno deslocalizador, líquido, con relaciones laborales fugaces, podían hacerles asumir, y por eso el país creció. La base del crecimiento de este país ha estado en consumir más de lo que podíamos -en concreto en la compra de vivienda a precios inflados- y, quienes permitieron esto, hoy se garantizan jubilaciones doradas en bancos y cajas. A ellos no les toca apretarse nada.

3) Tenemos que hacer lo único que podemos hacer. Si lo hacemos saldremos de la crisis, si no lo hacemos no saldremos de la crisis. Equiparable a Coco, de Barrio Sésamo, son palabras que salen de la boca del presidente de nuestro Gobierno, con el objetivo -en serio- de intentar tranquilizar a mercados y calles por partes desiguales. Es evidente que no es lo ÚNICO que se puede hacer. Lo más simple sí. Recortar en todo es algo que podrían haber hecho una docena de chimpancés. De hecho, a pesar de que a los ciudadanos les encanta criticar los desmanes de los políticos, como si éstos fueran seres de otro planeta, el problema real está en la deuda privada. Aunque Mariano recortara tanto que hiciera desaparecer al Estado, es decir, suprimiera absolutamente todos los ministerios, funcionariado, y privatizara todo tipo de empresas públicas, se seguiría desahuciando a personas de sus casas -a muchas más-, el paro se dispararía -mucho más-, las empresas seguirían sin tener acceso al crédito, y todos los problemas actuales incrementarían de intensidad. Pero si queremos seguir viendo el problema billonario en los coches oficiales, somos muy libres. En definitiva, las acciones del Gobierno no garantizan absolutamente nada, y pensar que sólo caben estas opciones es estar ciego. Otra cosa es que estemos muy calentitos en la ceguera, que vivamos cómodos después de décadas aniquilando pensamientos alternativos, pensando que vivíamos en el mejor de los mundos posibles.

4) No nos podemos permitir aquello que no sea rentable. Con esta frase se suelen referir a que aquello que no ingrese directamente más de lo que gasta directamente, debe ser eliminado. Es curioso porque si algo necesita nuestro país, es inversión, que es justo lo contrario: depositar confianza en futuras rentabilidades directas o indirectas. Precisamente definir lo que es rentable, es la política. Por ejemplo, si una sanidad pública prácticamente no tiene ingresos directos (no extiende facturas al usuario), y sí gastos -sueldos y salarios, gastos corrientes, instalaciones…-, hemos de tener en cuenta que recibe dinero de nuestros impuestos -para eso los pagamos-, y que una sociedad sana es más productiva y menos problemática que una enferma. Es, pues, rentable la inversión. Lo que pretenden con esa frase, es que pensemos: 1) que la sanidad es gratis, que no la estamos pagando ya, y 2) que para que sea posible, tenemos que pagarla. La argumentación, como vemos, basa en un puñado de inconcrecciones bastante peligrosas y reducidas. La función del estado no es la RENTABILIDAD, es la EFICIENCIA, y la REDISTRIBUCIÓN de la riqueza en busca de un equilibrio social.

5) Tenemos que arrimar el hombro y redoblar esfuerzos todos juntos. Ese discurso lo encontramos en el Gobierno, y deriva a otros líderes de opinión, como la muy trabajadora Marta Sánchez. Verán, no seré yo quien se arrugue ante las adversidades, o quien rehuya la pelea, pero así no. Remar todos a una y a gran velocidad es una metáfora magnífica si se descontextualiza y dejamos de ver que estamos remando hacia el precipicio. Creo que la pobreza no es tan mala. De hecho la considero purificadora, y creo que hasta podría venir bien, pero con un Estado de Bienestar que garantice ciertos mínimos, y con los responsables del estropicio en el trullo. Desde las amnistías de la Transición, este país parece que funciona con un piloto automático. Tras el franquismo no pasó nada, consenso, todos tan contentos: oligarcas manteniendo el coto de sus chiringuitos, inmovilidad entre estratos… Parece que lo que se propone ahora es algo parecido: no se sabe qué ha salido mal, pero mientras el personal pase hambre, los Montoro, Solbes, Rato, De Guindos, Salgado, Roig, Zaplanas, Fabras… y una bochornosa e interminable lista, salen indemnes de la gran estafa, tan tranquilitos. Cuando exista un plan, un claro liderazgo, y una idea moral en torno a la que remar, pídanlo. El resto es palabrería de patriotillas de bandera en el cinturón y huida de capitales.

6) Los funcionarios viven muy bien. Los consejeros de los bancos intervenidos tienen responsabilidad directa en la crisis y viven mucho mejor que los funcionarios. De hecho usted, querido lector, ha tenido cientos de miles de posibilidades de ser funcionario, y usted mismo las ha rechazado, probablemente porque hasta que en El Gato al Agua se lo han dicho, ha considerado que no vivían tan bien. El mito antifuncionario se alimenta esperando colas, e imaginando a vagos tomando cafés, como el mito antifutbolista lo alimentan gordos frustrados desde las gradas, imaginando tardes desafortunadas de los jugadores y justificándolas mentalmente con que salen de copas. Si usted es tan bueno, baje al campo. Si no es usted funcionario es porque o no ha tenido ni arrestos ni talento para superar una prueba de acceso, o considera que ser funcionario no mola demasiado o bien usted considera que los funcionarios viven muy bien, pero es usted gilipollas y prefiere no vivir bien. Ni soy funcionario ni tengo familiares funcionarios, sólo es que el mito de los funcionarios me parece estúpido. Es curiosos que todos los fans de emprendedorísmo odian al único sector meritocrático de este país, y obvian que la mentalidad de trabajador pasivo existe en toda gran empresa, sea ésta pública o privada.

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Miércoles negro

Hay quien dice que los mineros piden mantener “los privilegios” y “vivir subvencionados”. Es la forma en la que unos señores cobardes e ignorantes intentan desprestigiar la pelea por que se cumpla un acuerdo firmado, y la lucha de unos trabajadores por sus puestos y una industria con futuro (se estima que el crecimiento del consumo será del 65% en los próximos 25 años). Los que vienen con la milonga de la subvención, suelen ser de los que, cuando se ven en la calle, llaman a la puerta del sindicato (¡los sindicatos! esos vividores, blabla…). Es una forma de no querer entender por qué los mineros han venido hasta Madrid, sacrificando sus futuros. La ceremonia de la confusión es rentable, porque así no te paras a pensar con claridad. Porque no sé muy bien qué puede suceder con su presencia en la capital, lo que sé es que están muertos: sin trabajo, sin futuro, y todavía les quedan las represalias a su vuelta. Cuando ya no esté el foco, cuando la gente esté ya a otro trending topic, es cuando las cuchilladas entran mejor. Ellos lo saben. Saben que su marcha no es un sacrificio de un mes y diez días, saben que su marcha es un sacrificio personal y la única salida.

Verán ustedes, la minería no es la única industria subvencionada. Cuando la producción de carbón empieza a ser deficitaria, los responsables del gobierno, los gestores a los diferentes niveles, tienen la misión, el trabajo, el deber, de reorientar laboralmente un sector. Probablemente atendiendo a criterios económicos, decidieron que era mejor subvencionar que reorganizar a todo un sector, o llevarlo al paro. Para reorganizarlo se necesitan tiempo, trabajo y talento, y de eso no hay. Lo mismo sucedió con la energía, y ahora producimos la energía más cara del mundo. Pero es que eso ha pasado con la ganadería, agricultura y la pesca, en la que España no es competitiva comparada, por ejemplo, con Marruecos. También han sido subvencionados por la Unión Europea. No somos competitivos porque se puede ser competitivo por calidad o por precio. Por lo segundo, no veo a nuestros niños cosiendo balones. Ser competitivos en calidad necesita un plan, una apuesta a largo plazo, y supone que nos convirtamos en una sociedad más inteligente, por tanto, incómoda para un país con unas castas superiores inmóviles desde hace siglos. Y dirán los neoliberales: que se jodan, si no son competitivos que se pudran.

Pues verán, lo primero es que si se pudre el noventa por ciento de un país, difícilmente va a ser competitivo en términos macro. Lo segundo es que en este puto país prácticamente NADA es competitivo. Las telecomunicaciones, sin ir más lejos. Hay pocas empresas más subvencionadas que Telefónica. No son subvenciones directas, son concursos sacados a medida y adjudicados a dedo. Puestos a hablar de neoliberales y subvenciones, el Ayuntamiento de Madrid de la Legionaria Ana Botella, se gasta doce millones de euros en asesores. Doscientos cincuenta y cuatro asesores, ni más ni menos. El gobierno del gestor Rajoy, cuenta con seiscientos treinta y dos asesores, ochenta de ellos sólo para él, que son veinte más de los que empleó Zapatero. La ultraliberal Esperanza Aguirre, siempre dispuesta a encontrar partidas de las que recortar, no lo hace de los treinta y cinco amigos a los que ha colocado en el gobierno de Rajoy, y a los que tenemos chupando del erario público. Es muy cómodo criticar la competitividad del otro, sentados en la poltrona de la autoindulgencia.

La propia Espe, tan fanática del desmantelamiento del Estado, esa gran traba para los negocios, se desayuna estos días con la subida del IVA, una medida que ella tanto amó en el pasado. Es maravilloso en estos días poder tirar de hemeroteca, y ver a Arturo Fernández, presidente de la patronal madrileña, alineado con su presidenta hace un año contra la medida. “La subida de impuestos es una medida que no funciona” decía. Siguiendo con los recortes, la frase “La subida del IVA tiene pros, todos para el Gobierno, y también contras, todos para los ciudadanos“, es de Soraya Sáez de Santamaría. Supongo que habrá que esperar a que el presidente de la Cámara de Comercio madrileña salga a la calle a poner carteles contra las subidas, como hacía el año pasado.

Esta mañana se consuma el robo: subida del IVA, reducción de sueldos a funcionarios, reducción de la prestación por desempleo, reducción de las empresas públicas, sumados a los recortes en derechos laborales, los recortes en sanidad en educación… ¿Qué pagan los causantes de la crisis? pues nada. Ahora lo paga el ciudadano y las políticas públicas, en un futuro próximo lo pagarán las empresas, bien mediante reacciones violentas, bien mediante el desplome de la demanda de sus productos. La oposición ha quedado también retratada: de cartón, estéril, sin un ápice de energía. Las claves cada vez están más en la calle. Espiral negativa, robo, estafa. Es difícil imaginar un sistema genere más desigualdad, mayores porcentajes de pobreza, y parezca más intocable. Su mérito está en la seducción, pero cada vez lo hacen peor. A gente que trabaja en la oscuridad de una mina, no es tan fácil seducirla.

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Derecho a celebrar

Son días en los que toca leer y escuchar cómo algunos están de celebraciones, y otros andan de enfados varios. Los unos salen a la calle, explotando de alegría con las caras pintadas ante el nuevo éxito de la selección. Los otros, refunfuñan ojipláticos, viendo las muestras de alegría en un escenario que da para todo, excepto para la felicidad o la reivindicación nacional. Entre ambos un problema de esfuerzo en comprenderse, que se salva con tópicos como “dejadnos que seamos felices, aunque sea noventa minutos“, o “cómo podéis celebrar nada, con la que está cayendo“.

Verán ustedes, es evidente que vivimos de pie sobre un vertedero, atracados por políticos corruptos, mafiosos de las finanzas, instituciones vacías de legitimidad, y rodeados de ciudadanos ignorantes y egoístas, que parece aceptan sin límites cualquier tipo de imposición, incrustada con fuerza por las herramientas más básicas de control social. Y también es cierto que cualquier aficionado al fútbol reconoce que ni ha visto ni verá un espectáculo semejante al que nos ofrece la selección de Vicente del Bosque. La pregunta es si este país de mierda, bochornoso, ignorante y cainita, tiene derecho o no a celebrar algo. Si es positivo o no, festejar el circo cuando falta el pan.

Hay teorías que incluso justifican el exceso en la fiesta, basándose en que el sufrimiento que la sociedad viene acumulando desde el comienzo de la crisis, ha de salir por algún lado, y los triunfos de la selección parecen la perfecta vía de escape. Estas teorías carecen de sentido si imaginamos las celebraciones cada vez que un club gana la Champions. O la Liga. O la Copa. O la Supercopa. O permanece en Primera. O asciente de categoría, o está a punto de descender administrativamente, o cambian de estadio, o se va una de sus estrellas, o… Las movilizaciones masivas por acontecimientos deportivos, principalmente el fútbol, son un clásico de nuestro tiempo, que se da cualquier país del mundo con cualquier deporte popular. Aunque no hubiera crisis, la gente saldría igual. ¿Por qué para algunos, entonces, resulta molesto?

Supongo que debe dar rabia abrir los periódicos y que las calles no estén tomadas cada tarde. Zapatero, Rajoy, Rato, Cospedal, Aguirre, Chaves, Dívar, Bankia, Caixa Nova, Gürtel, Malaya, espionajes, indultos, elefantes, convertibles, recortes, copago, privatizaciones, subidas de luz, gas, agua, monopolios privados, exministros consejeros, impuestos, recapitalizaciones, corrupción, falta de representación, descrédito, desahucios… Es cierto, a la izquierda le saca de quicio que un gol de Silva, o un pase de Xavi, tengan mayor capacidad de movilización que un recorte en la educación, o la privatización del sistema sanitario. Y quienes reprochan a sus conciudadanos que no disfruten de las celebraciones, no pueden dejar de ver un punto de irresponsabilidad en la alegría. Da la sensación de que el fútbol supone un paréntesis de noventa minutos sobre nuestra miseria, pero es eso: una sensación. No es real. Y esto no significa nada, se puede ser feliz con cosas que no son reales, con ilusiones. La muestra más evidente es que la gente es feliz con su condición imaginaria de ciudadano libre, que tampoco existe en la realidad.

Ahora bien, preguntémonos por qué para reivindicar un derecho básico hay que pedir permiso a la Delegación del Gobierno, o atenernos a las consecuencias policiales, y para salir a berrear que somos españoles, no. No es casual. Preguntémonos por qué ayer no vimos a los cuerpos y fuerzas pidiendo documentaciones al personal. Preguntémonos también por qué los medios de comunicación andan a hostias para acordar una cifra de manifestantes, y en este tipo de concentraciones todo son acuerdos en cifras históricas. De repente los sistemas de recuento de personas en espacios públicos, disonantes durante las campañas mediáticas, concuerdan en género y número a una y otra acera. No es casual. De repente todos los poderes públicos se suman a la fiesta, todos los que nos saquean 364 días, se visten de “la roja” uno. Pertenecen al pueblo, nos representan. No es casual. De repente las portadas de los diarios se emborrachan de patria mientras los mercados siguen haciendo su trabajo, pacientes. Nada de eso es casual. Pero, ante todo, preguntémonos por qué te movilizas tú, que no lo haces para la defensa de un derecho básico. No me vean como un tipo aburrido -que por otro lado soy-, me encanta que la gente sea feliz y celebro cosas, no se crean. Me gusta ver al personal reivindicando las calles que son suyas, con el motivo que sea. Pero lo que no me gusta es que esta celebración no es casual.

Defender las celebraciones -de cuyos costes, por cierto, no se habla- significa, en este caso, defender la anestesia, y habrá quien lo haga. Es un pedo de tequila colectivo, es un gritar para olvidar que nos hundimos, es la esperanza en la ficción. Y todo el mundo está en su derecho de pillarse un pedo de tequila, gritar para olvidar, o tenerle fe a las ficciones, claro que sí. Ahora recuerden sus BUP y COU, y díganme si estudiaron ustedes en Historia de España del Siglo XX a la selección de DiStéfano, Suárez, Gento… ¿Qué creen que pondrá de relieve el paso del tiempo sobre nuestra contemporaneidad?, ¿Creen que se estudiará al equipo de Casillas o al fin del Estado del Bienestar? Dirán ustedes, como siempre, que ante las vicisitudes políticas no se sienten partícipes porque “no podemos hacer nada“… ¿Es que “hemos hecho algo” para conquistar la Eurocopa?, ¿Ha cortado usted un balón, ha parado su vecina un penalti?

Ahora mírese en el espejo. Mírese un buen rato. Sin hacerse muecas ni observar cómo le queda la camiseta de Zara. Mírese a lo ojos. Un rato. ¿No es cierto que usted se mueve por su propio interés?, ¿No es cierto que construye argumentos tramposos para autojustificar sus actos?, ¿No es cierto que sus actos, en este caso, van encaminados a no “complicarse la vida”?, ¿No es cierto que no quiere pensar en su responsabilidad histórica, y que prefiere vivir cómodamente instalado en el “no se puede hacer nada“?, ¿No es cierto que se crió usted en la educación del “hijo mío, no te marques”?, ¿No es cierto que las respuestas son insoportables, y que invitan a la anestesia? Responda, pero no en alto. Hágalo con sinceridad. Hágalo para usted. Y la próxima vez que nos veamos, no me diga que si no tiene derecho a celebrar. Pues claro que sí. Tiene usted todo el derecho del mundo.

PD: Ahora que son días de vino y rosas, momentos de hitos míticos, me gustaría recordar aquella polémica de 2007, un año antes de que todos estos fueran héroes. Eran Xavi y Puyol. La polémica es que eran catalanes, y que ocultaban la bandera nacional de sus medias. Aquí lo cuenta Marca. Aquí lo hace Libertad Digital. La COPE había empezado la campaña. Hoy Xavi y Puyol, otrora antipatriotas, son dioses, héroes de la patria balompédica. La pregunta es si este país de mierda, bochornoso, ignorante y cainita, tiene derecho o no a celebrar algo.

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