La crisis en el medio (II)

Washington Post is sold

El caso de la venta del Washington Post resulta paradigmático para analizar el sector de los rotativos. En principio los ingresos totales en el Post se redujeron en 2012 un 7%, quedando en 581.7M $. Se perdieron 54M$ en sólo un año, pero es que en 2011 ya se habían perdido 21M$, que se dice pronto. Las pérdidas se doblaron en un año.

Como decimos, el negocio de la publicidad impresa viene cayendo sin remedio, y el Post no iba a dejar de notarlo -un 6% en 2010, un 11% en 2011 y hasta un 14% en 2012- y su distribución ha facturado un 2% menos en 2012. Aunque la pata online ha obtenido resultados diferentes: washingtonpost.com y Slate incrementaron sus ingresos en un 5% (llegando hasta un total de 110.6M$)

Los ingresos por publicidad display aumentaron un 6% en 2012, y los ingresos de anuncios clasificados -todo esto en digital- disminuyeron un 1% el último año. En general, las dinastías de comunicación más grandes del mundo se desangran como nunca antes lo habían hecho. Y no todas vivieron ajenas a la emergencia de la tecnología.

Fundamentalmente la muerte viene de la incapacidad de movilización de la prensa. Los políticos han perdido el miedo a que la prensa oree un documento escandaloso -en España tenemos el ejemplo más claro-, han dejado de creer que los rotativos generen la realidad de los ciudadanos/consumidores/votantes. La sociedad, irónica, se venga con su propio contenido, empondera nuevos corresponsales -bloggers-, e incluso representantes políticos –Ada Colau– que salen de la agenda oficial, generando nuevas redes a las que el poder accede sin intermediarios. O con otros intermediarios (Google, Twitter, Facebook, Tumblr, Amazon…)

¿Por qué, entonces, Bezos compra el Post?

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Lo nuevo II

Vivimos en un mundo lleno de gente que habla del tipo de mundo en el que vivimos. Algunos de los argumentos más reiterados tienen que ver con la inmediatez de la información, la capacidad de acceder a ella, o la necesidad de participar en la carrera esquizofrénica por generar contenidos de manera constante. Desde que me dedico a la creación de contenidos vivo en mitad de un tsunami informativo, y contribuyo al crecimiento exponencial de la producción de información. Aquí lo habitual es incluir el dato de la cantidad de bits que se han producido desde el principio de la Historia hasta los noventa del siglo pasado, y que esa misma cantidad de produce hoy en dos días. ¿Cómo se ha hecho ese cálculo? No lo sé, pero nadie lo pone en duda en las presentaciones. Un señor me dice eso en un powerpoint, me vale.

Los powerpoint dicen hoy que el contenido es el rey. A falta de monarcas decentes, bueno es el contenido, aunque no haya encontrado a dos personas que me lo hayan definido de la misma manera, por tanto ¿Qué es contenido?, ¿Cuándo se considera que se ha consumido un contenido?, ¿Cuál es su vida útil?, ¿Qué es consumir un contenido?, ¿Cuánto contenido necesitamos para darnos por satisfechos? En los últimos meses son muchas las iniciativas online que aseguran basar un futuro éxito en la calidad del contenido, que generará tráfico, y con el llegará el negocio. Debate aparte merece definir el concepto “calidad”. Hasta no hace mucho, pensaba que los medios de comunicación se dedicaban a generar contenido de calidad basándose en caras conocidas, grandes escritores, o estrellas rutilantes, y vivían de la publicidad que vendían gracias a su prestigio. Pero resulta que esos mismos medios anuncian EREs cada dos semanas, ¿A qué llamamos contenido de calidad?, ¿Tiene más calidad un meme que un artículo de Vargas Llosa?, ¿Acaso el contenido no fue siempre el rey?

Tal vez la clave esté en entender las nuevas reglas del juego. En esas nuevas reglas hay espacio para lo inmediato, comido por unas redes sociales que dinamitan cualquier competencia, pero también hay hueco para un contenido de fondo, cuyo ciclo de vida se amplía hasta ofrecer sorpresas como la sucedida en la web de El País en 2011, cuando se colaba entre las noticias más leídas una fechada seis años antes. Parece importante que las historias estén bien escritas, pero resulta fundamental que estén bien contadas y, por primera vez hablamos de cosas diferentes. La tecnología ha bajado a lo doméstico la capacidad para contar historias.

Hace diez años los medios de comunicación estadounidenses gozaban de un cierto prestigio. El 70% de los ciudadanos consideraba que sus medios eran creíbles. En 2011 el porcentaje de creyentes era del 62%, y hoy del 52%. Uno de los factores clave en el descrédito podría ser la cruzada de los medios por contar su propia historia, justificar sus editoriales, proteger sus intereses económicos. Cada vez son más los ciudadanos que consideran que se trata de empresas que comunican, con sus ciclos y sus cuentas. Conceptos como la publicidad camuflada en informativos (ING y sus consejos sobre el fondo del mapa meteorológico), o las autopromociones de productos entre medios del mismo grupo empresarial (muy evidente siempre en PRISA y ahora entre Antena3 y La Sexta), ayudan poco a ganar crédito.

Si a esta falta de crédito sumamos la confianza en la recomendación de nuestro círculo más cercano, encontramos un escenario muy diferente, donde reinan las fórmulas de la información social. El error está en pensar que esas fórmulas no existen, que el tubo por el que nos llega la información ya no es un grupo empresarial, como si Google, Facebook o Twitter fueran hermanas de la caridad.

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Be cool

“The middle class is a group of sharing and caring social network users who lack the ability to question their online existences in the same way that a Middle American is somehow programmed to never question why they are supposed to start a family, get a decent job, and do their best to raise decent kids”

@hipsterrunoff en grantland.com

Hemos visto muchas veces la misma escena: una persona que jamás juzgaríamos como fanática de la tecnología, adopta una nueva costumbre tecnológica impensable. Pasó con el uso del teléfono móvil, ahora con el smartphone, con tener una cuenta en Facebook, luego en Twitter… ¿Sabes que el abuelo manda fotos con el móvil?, ¿Tu madre también quiere ser tu amiga en Facebook? Cada vez que se da una de estas situaciones, un hispter huye despavorido en dirección contraria, buscando la nueva costumbre que le identifique con algo avanzado y exclusivo. La élite, y el pueblo llano llevan dándose de hostias toda la vida, pero ahora convergen en un punto de huida: la tecnología. Para unos representa el avance constante, y para los otros una señal más del estado teenage en el que pretende vivir eternamente nuestra sociedad.

Se nos dice que la pelea por autoconsiderarse élite, ya no es económica, sino tecnológica, pero el caso de Instagram lo desmentía: acceder a él conllevaba tener un iPhone. Los productos exclusivos tuvieron auge en la red con iniciativas como los correos de Google, o las cuentas de Spotify, para cuyo disfrute debías ser invitado. Eso era lo cool. En un mundo que te habían vendido como abierto, libre, y que te permitía acceder a toneladas de información, tenías un pequeño coto de exclusividad, podías sentirte más importante que Mick Jagger, de quien podías descargarte toda su obra sin problemas y en cuestión de minutos.

La élite buscó un hogar cuando las iniciativas basadas en las invitaciones abrieron la veda a todo el mundo, al “público masivo”, al vulgo. La exclusividad ya estaba en otro sitio: el culto por el iPhone. La aspiracionalidad representada por Apple quedó patente con la muerte de su fundador, y la pleitesía en los medios generalistas, replicados una y otra vez en las redes. Por vez primera asistimos a la identificación con una empresa por parte de miles de personas que, incluso cambiaron sus avatares en las redes por el logotipo de una marca a la que, en muchos casos no pueden acceder. El iPhone conlleva toda la parafernalia de la marca, y también un sobrecoste que lo convertía en minoritario, hasta que cambiaron de estrategia. Cuando el abuelo desenfundó su iPhone, de nuevo los hipsters emprendieron veloz carrera en busca de su nueva religión.

Con la popularización del teléfono de Apple, tenía poco sentido que Instagram fuera una aplicación exclusiva: había perdido aspiracionalidad por vía de su sistema operativo, ya en manos del pueblo llano y sus regalos con las tarifas de datos, así que se adapta a todo el mundo, e Instagram, esa aplicación que retenía para siempre instantes más comunes de nuestras vidas, y los convertía en clásicos bucólicos, sale de las costumbres de la élite a la velocidad con que entra en las del mundo común y corriente. Por mil millones de dólares, parece que vale la pena.

La venta de la aplicación a Facebook es el certificado de divorcio entre la aplicación de las fotos y la élite. “Ahora se ve que lo bueno no era Instagram, era la cámara de los iPhone” comentaban algunos usuarios que no se querían resignar a perder su condición de early adopters. Habrá que buscar otra cosa para ser “especial”, y para que la comunidad de gente “especial” nos reconozca y acepte. Tal vez Pinterest, o el enésimo intento por el triunfo de la geolocalización, o Vkontakte, o Qzone, o iBibo

Seguimos buscando herramientas para demostrarle al otro y a nosotros mismos lo que molamos. Como decía PalahniukCrecimos con la televisión que nos hizo creer que algún día seríamos millonarios, dioses del cine, o estrellas del rock. Pero no lo seremos, y poco a poco lo entendemos” Pero en lugar de cabrearnos como en la novela, y montar un club en lugar secreto en el que nos liemos a mamporros, decidimos vivir en la ficción de que sí somos millonarios (triunfan las delicatessen, los lugares exclusivos, la cocina de autor…), dioses del cine (protagonizamos la película de nuestra vida con vídeos, fotos, textos…), y estrellas del rock (followers, fans, seguidores, suscriptores…)

No liarse a mamporros tiene consecuencias positivas y negativas. La buena es que nuestro cuerpo sufre menos o, viendo la composición de los menús de McDonnald´s, sufre de otra manera. La mala es que la huida de la realidad es sólo eso: huida. La búsqueda constante de la personalidad online nos convierte en previsibles y manejables. La mierda está ahí fuera, esperando nuestro filtro lomográfico para que parezca una adorable mierda, pero sigue siendo una mierda. Una puta mierda. La puta mierda con la que nos engañaron.

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Anticonsejos para montar una startup

Me dice un amigo que se acabó lo que se daba. Que un notario ha certificado la defunción de la empresa en la que más he aprendido, una empresa que nunca pasó de proyecto eternamente arrancando. Miramapa era una idea audiovisual basada en la geolocalización, que arrasó con amistades, patrimonios, autoestimas… pusimos toda la carne en el asador y fracasamos. Igual hubiéramos aprendido lo mismo con algo menos de dolor y alguna hora más de sueño, pero no hubiera tenido los tintes de heroicidad que finalmente tuvo. Por si están pensando en liarse la manta a la cabeza, les dejo una serie de humildes consejos:

-Cuando piensen en montar una startup, tengan en cuenta que sin la pata de la financiación no deben mover un dedo. Primero la pasta, y luego el trabajo. Como ese mito de los siete folios con los que Jesús Encinar puso en marcha idealista. Tal cual. Vayan con la idea, encuentren un socio que invierta dinero, y a funcionar. Si no es así, no lo hagan.

-Es posible que entre los socios haya desarrolladores informáticos. Les dirán que no quieren financiación porque no quieren perder cuota de poder de decisión, porque luego todo se trastoca, pierde autenticidad. Les hablarán de Google, de garajes, de sueños, de pensar muy fuerte en una cosa y pasará, de cosas que llegan… Ni caso. Primero financiación, luego respiren.

-Intenten no asociarse con amigos. Es posible que los pierdan en el camino. Intenten que los socios no capitalistas tengan el mismo objetivo y las mismas necesidades profesionales y económicas. De lo contrario se producirán fisuras y aumentarán los recelos. Sacar una empresa significa una implicación del 110%, y al 110% las pequeñas fisuras se abren hasta los huesos. Todo bien soldadito. Y financiación.

-Olviden el concepto subvenciones, ayudas, etc. Montar una empresa es un coñazo, cuesta dinero, te cobran dinero si sacas beneficios, y no te ayudan si lo pasas mal. Las ayudas de cámaras de comercio, institutos de empresa, etc… son una puta mierda pinchada en un palo. Una mierda. Gigante. Les darán una plantilla que llaman “plan de empresa” en el que tienen que calcular cómo será su empresa a tres años vista. En tres años todos ha cambiado. Menos las cámaras de comercio, institutos de empresa, etc.

-Trabajen. Trabajen un huevo. Descubran lo que es vivir con miedo, con inseguridad, con la responsabilidad que quien hace crecer las cosas. Vivan apurados, sin una mano que les dé palmaditas en la espalda, sin alguien a quien quejarse. Aprendan a ponerse en la cabeza del resto y a tener perspectiva. Comiencen a tomar decisiones, a cuestionarse a ustedes mismos. Intenten prever las posibilidades que se abren tras las decisiones que toman.

-No escuchen a sus amigos, porque no les serán de mucha ayuda. Sobretodo frases como “yo siempre he querido ser mi propio jefe”, “admiro lo que haces”, “qué huevos tienes”… todo el mundo está harto de sus jefes, y opinan que es magnífico ser” tu propio jefe”. No piensan en la posibilidad de que sean pésimos jefes de sí mismos. De hecho cualquier trabajador es, en cierto modo, jefe de sí mismo. Y la gestión de sí mismo que hacen muchos que conozco, es bastante pésima.

-Con suerte, su familia no va a entender nada. Con menos suerte lo entenderán, y por tanto les dirán que si están locos, que de qué van, que qué necesidad tienen de complicarse la vida. Hacen bien, pero no les hagan demasiado caso. Es preferible eso, a que les apoyen sin condiciones. Las familias, y en general, la gente que apoya sin condiciones, me parecen inquietantes, sospechosos, y jipis. Y si quieren montar una empresa en España, y les apoyan sin condiciones, es que son muy muy jipis.

-Se van a volver locos y paranoicos. Al principio muy locos y muy paranoicos, y luego madurarán, es decir, aprenderán a disimular su locura y paranoia. Que si en Georgia están haciendo lo mismo, que si hay una aplicación que se le parece, que si ese hombre preguntaba mucho… Canas. Salen canas.

-Aún así les animo a que prueben. Pasarán los peores y mejores momentos profesionales hasta el momento, y aprenderán. Aprenderán mucho. Ni de la empresa, ni del sector, ni de la industria, que también. Aprenderán de ustedes mismos, que es algo que todo el mundo vende y nadie consigue, y que no tiene precio. Bueno, y lo de la financiación ¿Lo he comentado?

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Una sitcom lamentable

Una sitcom es un formato de teleserie cómica de entre veinte y veinticinco minutos de duración, grabado con público en directo, y nacido en Inglaterra, aunque popularizado en Estados Unidos. Las radios emiten, de manera machacona, una cuña de autopromoción, apoyando su causa contra la Liga para poder entrar en los estadios de fútbol, y retransmitir los partidos en directo, como siempre hicieron. En ese anuncio, entre otros testimonios, aparece el presidente Rajoy. Dice que no le parece bien la prohibición, porque a él le “gusta mucho el fútbol“. Me parece una declaración muy sesuda, lo que se dice de interés, a cargo de un tipo comprometido, si llegaba al poder, a “mediar” para que las radios puedan retransmitir su deporte favorito. Vital importancia.

Anteayer desde Marsella, en directo en el 24 Horas de TVE, el propio Mariano se esforzaba en torpedear a los periodistas con el machacón “tengo que” hacer tal o cual cosa, tomar esta o la otra medida (tienen abajo el vídeo con grandes momentos como el m06 s57). Como si se hubiera encontrado con un ser supremo que le hubiera dictado unas normas poco comprensibles por los humanos. Ya lo sabía antes de ser elegido, y todos lo sabíamos, lo que no quita que la campaña fuera una -cara- pantomima de esta cosa tan representativa que parece teatro, que es la democracia. Preguntado por la convocatoria anticipada de elecciones por parte de Álvarez Cascos, admitía no tener datos para pronunciarse.

Esto es: vengo a contar una cosa, preguntar lo que queráis, que yo no contesto, porque no sé qué tengo que contestar. Daba grima verle pasar hojas del guión. Literal. El caso es que, a las doce de la noche, el presidente del Gobierno no tenía datos de una decisión que Cascos había anunciado a las ocho de la tarde. Entre una hora y la otra, más de dos mil tweets, dos términos diferentes relacionados con la noticia como trending topic en Twitter España, más de quince mil entradas en Google, y reflejo en todos los medios online, donde ya era la noticia más leída. Pero él no tenía datos.

Me contaba un amigo, que los diputados nacionales del PSOE en una provincia, no hablaban con la prensa hasta que no llegaba al mail del departamento de comunicación, el documento word desde Ferraz, que les dictaba lo que tenían que decir. Aguantan el chaparrón, en caso de que la prensa zalamera tenga algún tema peliagudo, y lanzan su propaganda. Todos juntitos. Son influencers, crean el discurso a base de la repetición. A más alto nivel ocurre lo mismo. Y si hay alguna persona inteligente viéndolo, que le den por culo.

Así que ya tenemos a un presidente que no dice nada -a la prensa, a otros dirigentes se ve que sí- y hace lo que sabe. Increíblemente el cambio no ha solucionado lo que le motivó -la crisis-, y sí están rápidos con aborto, educación, criminalización de la pobreza, invitación a realizar trabajos voluntarios de mantenimiento… Y tenemos a los otros mirándose el ombligo con toda la jeta del mundo. Se pueden caer las torres de Florentino, mientras se decidan las primarias. Me recuerdan esos niños de Dickens, peleando por las migajas de una comida a la que llegan tarde.

La puesta en escena es cutre, y no por falta de presupuesto, sino de gusto. La distribución ha cambiado, aunque parece que a los actores no les llegan los datos. El protagonista, que en cualquiera de los capítulos nos hablará de formación y reciclaje, puede no saber inglés, ya que en su época se estudiaba francés. Pero toda esta farsa tiene una duración limitada. Lo que tarde crítica y público en cansarse de ver a los actores sin saberse el guión.

PD para el ministro Wert: Dickens es un novelista inglés. La marca de ropa de skaters es Dickies.

PD2: Vean el vídeo. Entero, hagan el esfuerzo. Yo les espero en el baño.

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Grandes pufos de marketing para 2012

-La consolidación de Google+. Hasta hace bien poco, al entrar en mi correo gmail, aparecía un mensaje que decía “Google Buzz va a desaparecer, pero puedes conservar tus publicaciones“. Supongo que quien redactó el texto dejaría escapar una risilla. Google Buzz resultó un pufo. No entiendo el Google+, ni por qué cojones hay señores desconocidos que me agregan a sus círculos, ni qué sentido tiene abandonar Facebook para vivir en la nueva gran apuesta de Google.

-El futuro está en la geolocalización. Cuando te has arruinado apostando por una startup basada en la geolocalización, escuchar esa memez es particularmente hiriente. La geolocalización lleva tres años siendo el futuro y, qué duda cabe, puede que lo acabe siendo. O puede que no. Como puede que el futuro de los automóviles esté en los coches que vuelen. Hay que reconocer el valor de Foursquare en determinados países para introducir a empresas humildes y con poca educación digital, en Internet, sin pasos intermedios como página web, blog, etc…, igual que se reconoce el valor de los smartphones como agentes que están logrando que la mayor parte del planeta se “conecte” de una manera más rápida que si tuviera que esperar a adquirir un pc conectado. De ahí a que en 2012 la geolocalización tenga un uso masivo hay un paso. Y parece poco razonable pensar que no se producirá un salto que probablemente anule el efecto de la geolocalización. Blabla y vacío.

-Consolidación de lo audiovisual. Los números que hablan de consumo de audiovisual en la red son aplastantes, pero todavía pobres en comparación con el consumo de lo mismo en medios tradicionales (TV). La producción audiovisual de calidad es cara, o bien porque no se cubren los costes del mismo modo si Antena Tres compra tu serie, o si la cuelgas en la red, o bien porque pagar a un cerebro que consiga crear productos audiovisuales adaptados a la red y exitosos, cuesta mucho. No se ha dado con la fórmula para que el retorno de la inversión haga rentable la inyección audiovisual, o para crear una ficción de retorno que convenza como la que se da en los medios tradicionales, así las grandes empresas (tanto productoras como marcas) no entienden muy bien qué cojones deben hacer en Internet, y se ve en sus pueriles estrategias.

-El reinado de lo emocional. Leo a sesudos expertos en cualquier materia, hablando sobre la emocionalidad, sobre lo importante que es que Campofrío apele a la risa para vendernos jamón de pavo. Personalmente creo que cuando le pegamos un muerdo a un bocata de chopped-pork (adorable concepto), no pensamos en el abrazo entre Josema y Millán. Con el tiempo será el anuncio de los humoristas, y resultará complicado encontrar el hilazón emocional con la marca. En realidad no queremos que nos emocione. Es un puto bocata. Hay una serie de marcas confundidas con esto de la emocionalidad, guiadas por creativos que llevan la cuenta de Frutas Pepe y creen que trabajan para Nike, empalman con sus ideas a los band managers de Frutas Pepe, y acaban abrasándonos con canciones épicas y con historias desgarradoras. Este fenómeno sólo conlleva inflación de emociones, la hiperemocionalidad nos volverá insensibles.

-Las marcas tendrán que escuchar a los usuarios, o quedarán fuera de juego. Por lo pronto, hay muchas marcas en fuera de juego, odiadas por sus clientes, que siguen facturando mucho dinero, y lo seguirán haciendo. Si escuchar al usuario es la pantomima del 15M que ha planteado Movistar, permítanme el aplauso. Aquí existen un par de problemas. El primero que hay marcas a los que no les interesa una puta mierda lo que digan sus clientes potenciales, ni sus clientes, ni sus empleados, ni nadie de Consejo de Administración para abajo. El segundo que el personal no participa en la vida pública, en sus problemas políticos, económicos, de derechos… ¿Auguramos un futuro participativo sobre el color que debe llevar la etiqueta de unas sardinas en escabeche? Díganme que no.

-A modo de conclusión, me gustaría felicitar a todos aquellos que a finales del año pasado auguraron que 2011 sería el año de la consolidación de WatsApp, y de las protestas ciudadanas en la calle. Es decir, nadie.

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Irrealidad virtual

Los medios de comunicación de masas causaron un impacto tan brutal como difícilmente asumible. De un día para otro, después de millones de años de existencia sobre la Tierra, podríamos enterarnos casi de cualquier cosa que pasara en el mundo. Y no nos adscribimos a un interés local, que nos haría pensar que vemos las cosas desde un etnocentrismo atroz, sino que tenemos un punto de vista global, porque a todo llegamos.

De tan manoseado, casi no tiene sentido decir que la primera sensación que deja la revolución de los medios, es que lo que no aparece reflejado, no ocurre. ¿Conocéis a Víctor Sandoval? Cada show en Sálvame es un denodado ejercício por sentir que existe. Como él cientos de personajes televisivos, y millones de personajes no televisivos, pero que creen que merecen su propio programa, educados para ser estrellas, como dijo Chuck Palahniuk.

De esta primera consecuencia, deviene la segunda, y es que tener acceso a información desde cualquier parte del mundo, hace que tengamos una visión global. La cuestión es que toda información recibida, es buscada, capturada, procesada, transmitida y asimilada desde el etnocentrismo, no existen esos puntos de vista globales que pedía Lyothard.

La red ha supuesto otro estado de shock para la forma que tenemos de comunicarnos, pero también de ver, de entender el mundo. Si lo que no aparecía en la tele no existía, imaginemos si existe algo que no aparece en la tele ni deja huella digital alguna. Ni en redes sociales, ni una entrevista perdida… Por eso, hay veces que me pregunto quién ordena todo. Me pregunto si la red está al servicio del usuario y, si es así hasta cuándo.

Si ustedes buscan en google a la jamelga de Beyoncé Knowles, el servicio de autocompletado del buscador le ofrece a la cantante en cuanto han marcado las letras “be“. Busque a Lyothard, y el mismo servicio se lo autocompleta cuando hemos escrito “lyothar“. Los servicios de coockies y matching son tan fantásticos, que apetecen. Espiarnos para obtener nuestros usos, costumbres, gustos y depravaciones, parece bueno para el negocio y útil para nosotros, pero teniendo en cuenta que hay personas que talan el Amazonas, o producen bombas de racimo, dudo que no sea tentador que nos introduzcan productos interesados entre nuestros gustos, y que llegue el punto en el que los fabriquen (los gustos) atinando más que ahora, que no van mal: el control absoluto (con trasfondo, obviamente político y de control social).

Y en el momento que nos cuelen productos (como comenzará realizar Twitter con sus invasivos tweets de empresas a las que no sigues), podemos empezar el debate sobre cómo nos moldean más el cerebro. Y habrá quien diga que siempre habrá intrépidos cabrones, viejos topos, capaces de explorar, y de ofrecer cosas que mejoren nuestro mundo. Y te diré que su número es residual, que el resto se deja llevar entre cantos de sirena de un futuro donde llevar unos pantalones CK te haga más feliz.

Hemos creado un mundo virtual en el que podríamos hacer cosas tan extrañas e increíbles como nos pudiéramos imaginar. Y sin embargo no las hacemos. Los juegos de simulación social funcionan. Juegos en los que podemos huir de las frustraciones del día a día, y convertirnos en otro. Y muchas veces ese “otro” se corresponde con el “yo” que nos gustaría. Es decir que podríamos ser exploradodes en Andrómeda, pero la mayoría se quedaría como está, pero con huevos para decirle a la del cuarto que si se lo montan en el ascensor.

¿Se podrá tocar lo virtual?, ¿Las herramientas de marketing serán siempre tan cutres como en Second Life?, ¿O se refinará la cosa? Suena tan tentador poder generar los anhelos de las personas de manera directa. Y suena tan peligroso, como lo ha sido siempre. Y ahora me voy con el Tamagotchi a por el Paper.li. Buen domingo.

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Cosas que envejecen mal

-Vetusta Morla: la primera escucha mola. En la segunda te haces fan, y en la tercera estás hasta los huevos de gorgoritos y épica. Muse pueden aburrir por su grandilocuencia porque son extranjeros y se lo pueden permitir. Piensas “allí esto será normal”. Vestusta son de Rivas, chico. Metidos con calzador en todos los festivales, hasta en la Feria Agroindustrial de Pepino (Talavera). Son la nueva versión de Mecano, considerados ahora el copón bendito, en década y media nos dará grimilla reconocer que los escuchábamos.

-Sexo en NY. El problema de basar una serie en un montón de tópicos sobre las relaciones entre mujeres y hombres, las últimas tendencias en moda elitista, esnobismos de ricachones, y zapatos Manolos, es que llega un día en que los tópicos sobre las relaciones entre mujeres y hombres no pueden manosearse más, y el resto de cosas pasan de moda a la vez, y de sopetón. Y ese día ha llegado.

-Yahoo! era el recopete, uno de sus creadores, asiático, vino de promo a Lo Más Plus, y vendió color, creatividad, locura. Lo que vende Google ahora, vamos. Antes Internet era meterte a Yahoo! y explorar las carpetas de subcarpetas, que te llevaban a primitivas webs con el objetivo de ver tetas de actrices. Como Google ahora, vamos. No supo renovarse, y ahora se dedica a cosas que el común de los mortales desconoce. Cuando alguien te da su mail @yahoo.es, lo miras con un gesto de fría compasión.

-La estética de Lydia Lozano. No nace como un homenaje a los 80, sino como un desarreglo espacio-tiempo. El ultrabronceado marrón, a lo Zaplana (gran cantera de políticos la de la Comunidad Valenciana), hace que destaquen los colores claros y brillantes, como de videoclip de Tina Turner. El pelazo atufa a laca a través de la pantalla. Ese pelo se puede tocar desde casa. Inventó el 3D. Lápiz de ojos que les den profundidad, cual Fétido de la familia Adams. Curiosa ella.

-El pareo masculino. Cuando era pequeño ya aparecía Miguel Bosé con la cantinela del pareo para los varones, sin perder por ello virilidad. Cada año desfilan sobre las pasarelas, se comentan en reportajes, y vemos sus fotos al final de El País Semanal. Señores de la industria de la moda: el pareo masculino nace viejo, porque nunca jamás, en la puta vida, se va a llevar con normalidad. Nunca.

Los trending topic en los informativos de la tele. La irrupción de Twitter y las redes sociales como excusa para dar noticias, o incluir opiniones, recuerda abrazos de los bustos parlantes televisivos a fenómenos innovadores como el “teletrébol“, citar teletipos, o hablar de conexiones “vía satélite”. La idea es que el medio legitime el hecho de seguir creando contenidos chapuceros. Cuando palme Twitter, localizaremos temporalmente los vídeos de época del boom social.

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El blog que no gusta

El otro día un tipo me dijo que mi blog nooo… Que nooo… Que no… me pillaba bien. Lo entendí. No es que sea de un nivel intelectual superior, o esté escrito en castellano antiguo, que para eso ya está Juan Manuel de Prada. Lo que me quería decir era que un día hablo de una cosa y otro de otra, y casi siempre con un criterio regulero.

Ya veo a los listos de los huevos: que si la especialización, que si el posicionamiento… Hay quien no se cree que no tenga pretensiones con el blog. Una cosa es que sea un pretencioso de mierda en mi vida, en mi día a día, en mis conversaciones y acciones, y otra es que afile todas y cada una de las cosas que hago, hacia ese objetivo. No me interesa tener muchas visitas.

El blog es personal, en él cuento lo que me viene en gana, más que nada porque soy incapaz de disciplinarlo, y porque me gusta hablar y compartir cosas que pienso sobre temas variopintos. Si me centro en un tema, contacto con gente de ese sector, establezco relaciones, enlaces, mejoro mi posicionamiento, me convierto en una referencia, Tatá, Mimí, Fofó, Tutú.

Ahora mismo tengo a unas 150 personas que me leen cada día. Ni 1, ni 15 millones. 150 seres vivos, 5 clases de un colegio, que se meten a ver en qué cojones ando. La cuestión es que me gusta tanto encontrarme a gente que le gusta el blog, como a gente a la que no le gusta. Me interesa no generar indiferencia. La única idea con la que posteo es la de no defraudar a aquella persona que pone en Googlesu perfecto caballero británico“, y se encuentra con esta colección de cosas inconexas.

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Notas de martes loco

Inditex lo revienta porque ha hecho las cosas bastante bien durante bastante tiempo pero, al comienzo no muy allá de su tienda online (que ya es la número uno, obviously), sumamos detallitos como choricear fotos de bloggers para ilustrar su nueva colección. Otros que se piensan que Internet es gratis, y que la popularidad en la red es barata. Desde luego si lo que querían era ruido, parece que lo van a tener, pero creo que es jeta más que estrategia, porque no es el primer caso de plagio de la marca de Amancio.

Celebrity. Pero que muy celebrity. Por cualquier spot pide 2 millones de euros. No hay posibilidad de medir el retorno de la inversión en ese spot. Por hacer una campaña online pide 200.000 euros. Se realiza una medición de impacto y se valora esa presencia, en lo que costaría realizar anuncios por valor de 2 millones de euros. La marca no quiere invertir esos 200.000 euros. Ese es el estado de la publicidad en la red, y no es otro.

-La opacidad en las subvenciones tecnológicas, así como en las empresas concesionarias, es muy de El Padrino y me encanta. De ese modo tenemos, por ejemplo, asociaciones de comerciantes con una gran presencia online, que verán incrementadas sus ventas, como Distrito 12, que es un ejemplo de ecommerce. Otras empresas, como Telefónica, se llevan la mitad del Plan Avanza Uno, además de perlitas como aquella web de la presidencia europea, con un pliego realizado a medida de Telefonica, y que costó 12 millones de euros. Supongo que lo invirtieron todo en seguridad.

Facebook renueva la imagen de sus fanpages. Esto conlleva algunos cambios más profundos, y es que lo que antes eran intentos vagos por personalizar espacios dentro de la red social, ahora permitirá desarrollar auténticas web dentro de esas fanpages. Lo que pretenden es que las webs se hagan dentro de Facebook. Hace tiempo que las empresas descubrieron que les sale más rentable estar donde está la gente -redes sociales- que resultar atractivos desde fuera. En realidad lo que plantea Facebook es un hábitat paralelo, es decir, acabar plantando cara a google como buscador por la vía de atraer, y no de vincular, el contenido. Peligro en el ambiente. Sin ropa interior.

PD: El título es un sentido homenaje al Bucle Loco.

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