Gracias

No sé cómo se cierra un blog porque es la primera vez que lo hago.

Alguno menos florido y concurrido se me apagó de muerte natural. En realidad lo he terminado. He terminado de escribir Su Perfecto Caballero Británico y la sensación de terminar algo para alguien que no termina nada, aporta mucha paz.

Lo he acabado. No queda ni uno de los cimientos sobre los que construí este personaje que siempre será fabuloso, rico, y sin el que sería difícil explicarme.

Ha sido como documentar un historial médico de la década (de los 22 a los 32) más fantástica de la vida de cualquiera.

Agradecería con una copa de Moët & Chandon a todos y cada uno de los lectores. Nacerán otras aventuras que se adapten al contexto.

Gracias.

Share

Gracias

Publiqué este texto en un blog, ya extinto, el día después de la última gala de los oscars. Como quiera que desde el blog Las Gafas de Mafalda, han seleccionado este, su humilde (¡ja!) blog entre los cinco mejores (miren), y me han concedido un Thinking Bloggers Awards, creo que viene al pelo recordarlo. Así curro menos.
¡Gracias bloggers! Pondré el premio por aquí:

Y aquí el dichoso texto

And the oscar goes to…

…y mi nombre. Lo tengo todo preparado. En realidad me considero cómico, y el mundo de los cómicos se divide en dos: los que, como yo, tenemos un discurso preparado para el Kodak Theatre, y los que dicen que no lo tienen. Los segundos son los actores de método, los sesudos, los humildes, los que ennoblecen la profesión. Yo estoy entre los primeros, lo jetas, los que se lo quieren llevar caliente y sólo están en esto por la posibilidad de firmar autógrafos, pasear por alfombras rojas y estar bidimensionalmente en la habitación de miles de quinceañeras.
El señor Chuck Palahniuk (que, por cierto, acaba de publicar), en su seminal “El Club de la Lucha”, clava literalmente cómo han hecho que crezcamos pensando que somos actores de cine, millonarios o estrellas del pop. La ostia de mi generación llega cuando te das cuenta de que no puedes serlo, que era una engañifa, una patraña, que eres un juguete roto, un britniespírs de barrio, que te han inventado miles de necesidades inútiles y te han hecho creer que tienes que satisfacer al monstruo.
Cuando ves el más mínimo resquicio te cuelas y te salvas. Bardem lo ha conseguido esta noche. Llegarán las franelas, las piscinas en forma de riñón, el terreno en Denver, Colorado, los papeles jugosos y los anuncios de perfumes. Aparecerá la odiosa gente que siempre rodea al artista, y que siempre soñamos poder odiar. Y pondrá el oscar en la estantería de casa y se esforzará en hacer miles de reportajes destacando su lado más humano.
Sé que Woody chocheará y habrá cedido a las presiones de la Academia para entregar un premio (porque al año siguiente, le prometen, se lo darán a toda su carrera) y abrirá el sobre y dirá mi nombre. Y la realización se olvidará de Denzel Washington, Owen Wilson, Tom Cruise y Kevin Spacey, y cerrará en mi reacción, en el abrazo y el beso que daré, en cómo en el paseo al escenario me alisaré la chaqueta (probablemente me la abotone, también. Por hacer algo con las manos en el trayecto). Sé que iré a darle la mano a Spacey porque se lo merecía, pero esto es así.
Besaré los pies de Woody y bromearé con que no creo en Dios, pero sí Woody y diré que eso me suena (homenaje a Trueba)… y cogeré las estatuílla por las piernas y miraré a la platea, porque eso siempre me ha tranquilizado y, si ves en primera al puto Jack Nicholson, tiene que ser anestesiante, y diré que “I want to be grateful for this prize to the whole people who always has leaned me. And to my mother” y tendré esa cara de hijoputa jugador de poker que me enseñó mi padre en los momentos de máxima tensión vital y la gente pensará que todas las putas noches alguien me da un óscar.
En la fiesta en casa de Elton John me colaré y le diré al puerta que le pase la minuta a Tom Cruise, que creo que esta noche no le importará pagar y Tom me mirará a los ojos, subido en una silla y se descojonará y sacará la ciencióloga billetera. Y charlaré y tomaré champán y los yankis me vendrán a hablar del cava como si fuera catalán, pero como me han metido el guión de Batman V bajo el brazo, me la sudará y diré a todo que sí. Y charlaré de fútbol con Beckham, y de política con George Cloooney hasta las 9 de la mañana, hora local, y como siempre creeré que a todas las tías les molo, que en una fiesta de Hollywood tiene que tener otros matices…
Share