En diferido

En el cole siempre había valientes que se quedaban hasta muy tarde viendo la tele. Mis padres insistían en que los padres de estos valientes no eran más que unos kinkis a los que la vida devolvería tal despreocupación con la mayor de las desidias, y a cuyos hijos esperaban terribles castigos bíblicos. Hoy les veo en facebook esquiando por Sierra Nevada, así que parece que Biblia ha cambiado un poco. Igual por eso ha dimitido el Papa. El caso es que también se esperaron a las dos de la mañana para ver el Corea-España con el que debutamos en el mundial de Estados Unidos, en el verano de 1994.

Una selección con Cañizares, Sergi, Ferrer, Nadal, Hierro, Guardiola, Caminero, Julen Guerrero, Luis Enrique y una larga lista de talentos superlativos en la flor de su fútbol, se apiñaban en derredor de su área saliendo al pelotazo. En la era Clemente seis centrales eran pocos, y Fran veía los partidos por la tele allá en Coruña. Jugábamos contra Corea que, en el fútbol siempre es una, y la componen once tipos iguales en cuya camiseta siempre aparece “Park” en cualquier combinación. Yo me perdí los goles de Bakero y Salinas, que nos hicieron arrancar con brío un Mundial que nos cortaría los capilares rotos de Luis Enrique. Clemente, siempre tan atento a la tarea defensiva, acumuló a Nadal y Hierro por delante de Alkorta y Abelardo, y prescindió de su delantero centro, siendo pionero en el falso nueve, profundizando en el falso fútbol, y muriendo de empate en el minuto noventa.

Hasta hace bien poco, queridos niños, la selección española era una tragedia que había explorado todas las formas posibles que tiene la derrota. En este caso, para un chaval decente de doce años, la única opción posible era no escuchar nada, no hablar del tema en el cole, no poner la radio, y llegar a casa porque daban el partido en diferido. El pacto tácito funcionaba y ni siquiera los kinkis que se habían acostado a las cuatro de la mañana, destripaban más detalles que tal o cual regate. Les valía con vivir la superioridad de haberlo visto en directo. Hoy sería imposible. Los mecanismos para evitar el contacto con la información en directo tendrían que contar con tal cantidad de puntos de contacto, que el concepto “diferido” no tiene mucho sentido.

Hay pocas cosas que tengan valor en diferido. Sólo quien tiene tiempo para bajar del carrusel del hoy y el ahora, es capaz de paladear un diferido, que es algo así como un museo de los directos. En los últimos días, María Dolores de Cospedal lo ha vuelto a poner de moda. Sus compañeros de recursos humanos han ideado los despidos e indemnizaciones en diferido, supongo que intentando obviar el lapso de tiempo entre lo indecente y lo ridículo. Deberíamos estar tranquilos, sólo los kinkis lo vieron en directo. Y ya saben que les esperan durísimos días de esquí en Sierra Nevada.

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Adiós al culto de palo

Ayer me entero de que Esteban Granero se va al Queens Park Rangers, el divertido y ramplón equipo londinense con nombre de centro comercial, en el que jugara por ejemplo Michael Robinson. Se crea un vacío dentro de mi, porque se nos va el jugador que ha querido encarnar el papel de culto que nadie quería recoger desde las retiradas de Valdano primero y Guardiola después. La prensa siempre habló de él como ese estudiante de psicología con más inquietudes que jugar el domingo y conquistar el reservado del Budha. Hasta que lees una entrevista en serio, como la que le hicieron en Jot Down, y se le ven las costuras. Son cosas que pasan.

El titular ya arranca fuerte: “Los jóvenes en su tiempo libre prefieren Twitter o la play. Yo soy más de leer un libro” . Un tipo de veinticinco años, que habla de los jóvenes como un colectivo al que es ajeno, y que idolatra al libro como tal frente a las redes sociales y la videoconsola. Hay pocas cosas que me hagan meter en el saco de los ignorantes con tanta facilidad, como idolatrar al libro frente a otros medios, sea cual sea el contenido. Como si sólo exisitieran libros buenos por un lado, y alternativas que te idiotizan por el otro.

De la entrevista se deduce que Granero ha vivido en el autoengaño “Llevo tres años aquí, ahora empiezo el cuarto y quiero estar… ¡todos! Creo que hasta ahora he dado un buen rendimiento con el club y creo que puedo dar mucho más“. No está mal si en los años cruciales de tu carrera prefieres la fama y el dinero a jugar, dado que en sus dos últimas campañas ha sido titular en Liga en ocho y siete partidos de Liga, respectivamente. No contó para Mourinho como centrocampista. Tampoco como suplente de los medios, ya que sus 687 minutos en Liga palidecían frente a los1.171 de Lass Diarrá, que fue titular en diecinueve y quince partidos de competición casera en los dos últimos años.

Las autoindulgencia no se aplica sólo a lo deportivo, también a su salto a la educación privada, ya que según dice “Mi primer año en la Complutense fue muy bueno, pero por temas de horarios y según crecía mi carrera futbolística, tuve que cambiar a una universidad privada“. Para Granero tampoco deja de tener justificación la actitud estúpida de su ya exentrenador con la prensa “Estamos un poco indefensos ante la posibilidad de que alguien pueda escribir algo que no sea verdad y pueda perjudicar a un grupo como el nuestro, con unos objetivos importantes, y no nos podemos permitir esa clase de problemas“. Lo defiende al punto que destaca la honestidad de Mourinho, que quizá sea una virtud que ni la propia madre del técnico portugués conocía. De poco te ha servido el peloteo: estás en la calle, Esteban.

Una de las cosas que más llama la atención de la entrevista, es el síndrome de Estocolmo que logra Mou. Hay momentos reveladores como cuando habla del juego del Barcelona y dice “Todo el mundo habla del mejor equipo de la historia y otro equipo le ha ganado por nueve puntos cuando no paran de hablar maravillas de ellos ¡Pues nosotros hemos estado muy por encima en esta Liga!”, como si de un forofo se tratara, como si la coincidencia en destacar el juego azulgrana fuera un complot alejado de la realidad. Su dosis de ignoriancia se incrementa cuando espeta que  “Como madridista no podría jugar en el Barcelona jamás, ni en las mejores condiciones ni por todo el oro del mundo“. En fin.

SIguiendo por la senda de la cultura, afirma que “Gil de Biedma es mi poeta favorito. He hablado mucho de él con amigos, era un gran personaje, la verdad“. Joder cómo serán las quedadas con Esteban. Oye, voy a casa del colega este del Madrid ¿Qué te parece Gil de Biedma?, porque voy a criticarlo un poco, y temo que me rete a un duelo… Oiga Granero, que no hace falta que fabule. Por no hablar de “Miguel Hernández no te puedes creer que escribiera eso en la situación en la que lo escribía. Me cuesta meterme en su pellejo“. Cuando le digan que Kant tenía la espalda como un acordeón y no salía de una espartana rutina de estudio y paseo por su finca todos los días de su vida, va a sufrir el bueno de Granero, obligado a ponerse en el pellejo de sus autores favoritos. El comentario matador es “También me gusta la novela negra. Pero a mí lo que me gustan son los libros buenos” Como Murakami, no te jode. Menudo es Esteban. Para cerrar, decide sacar su mejor golpe, ese que tantos polvos le ha procurado “De Brahms soy muy fan“. Sólo le falta decir que es sensible, y que no le importa llorar en público, aunque yo ahí hubiera demostrado mis dotes para el ripio con un “de Brahms soy muy fans“.

Conformista, rey del postureo y de gustos ramplones, el centrocampista de Pozuelo acaba de matarme con: “¿Hasta dónde tengo que bajar para pensar que un equipo es mi tope? No lo sé, no sé si en un equipo de segundo nivel” Pues mira, Esteban, de momento al Queens Park Rangers, pero se irá viendo. Mucha suerte, culto, alto, yeyé.

http://www.youtube.com/watch?v=4jUo6U9tX40

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Gracias

Es posible que se trate del fin de un ciclo, o es posible que no. Si el mejor jugador del mundo hubiera marcado el gol más fácil del mundo, y la uña del dedo del portero checo no hubiera desviado a un palo que se hizo gigante, su enésimo gol, habríamos hablado de otra goleada más, liderada por la pulga. Pero no fue así, y la casi cincuentena de disparos en la eliminatoria quedarán ocultos tras la caricatura del análisis fresco y ligero de la mañana. Se les vio cansados, enredados en su posesión, como yo me he enredado en la apertura de este post.

Todo el mundo juega para ganar. Eso lo decían los dibujos animados y se sabe con antelación, pero hay quien ve necesario ganar desde la trascendencia, y a quien no le importa hacerlo en un callejón oscuro. A mi tampoco me ha importado nunca, excepto si me intentan convencer de que el callejón es, en realidad, un extraordinario bulevar. No les negaré que, si me dan a elegir -y hay presupuestos que permiten elegir-, voto por la trascendencia y la búsqueda de lo sublime. Será porque soy ateo, y no espero tener una vida mejor después de esta. Igual porque soy pobre y lo único que puedo dejar en herencia son las cosas algo mejor de lo que estaban cuando me las encontré.

Guardiola no es un remilgado frívolo obsesionado con la trascendencia. Por el contrario, opino que sólo sabe encontrar resultados desde la belleza. Sabe que sólo puede sobrevivir manteniendo distancias y luciendo máscaras, como su equipo sólo lo puede hacer desde la posesión y el toque. Ha visto cómo el Camp Nou devoraba entrenadores, y su salida como jugador fue una muestra del maltrato con los ídolos. Conoce, sabe, reflexiona y actúa. Y lo hace por pura necesidad.

Su concepto del fútbol es eterno, reconocible, emocionante. Durante cuatro años ha mantenido a un equipo jugando como nadie lo había hecho, y ganando. Y ganar no es fácil. Pero es más difícil jugar bien.  Como el partido que perdió ayer, había ganado unos cuantos. Supongo que cuando pasen los años todo el mundo recordará a este equipo fantástico, como quien recuerda a Sócrates, Elder, Jairzinho, Falcao, o el resto de jugadores que no ganaron el Mundial de España, pero que dejaron una huella imborrable. Supongo que olvidaremos a otros que hayan ganado tanto como los hermanos Neville, Irwin, o Roy Keane, que acumulan miles de millones de Premier Leagues.

El convencimiento que desde el buen juego llegan resultados, sólo se ve mermado por entrenadores y jugadores mediocres, incapaces de crear belleza, empecinados en defender su falta de talento construyendo todo un mundo de justificaciones, amparados por el fútbol. Porque al final esto es fútbol, un deporte abrasado por factores casi nunca controlables, un deporte en el que los que juegan mal también ganan. Y por eso es bonito. Pero que no nos hagan de la minoría  estadística una ley, por favor. En estos años hemos llegado oír a los que vibran con la selección, armada desde el Barcelona, que en sus estadios se silbaría el buen juego.

Como en la música, el cine, la pintura, o cualquier otro arte, la belleza y el mérito no está en el ruido, la velocidad, el número de brochazos o la sensación de vértigo. El mérito está en conectar con el corazón de la gente, en interpretar deseos, en anticipar pases como quien anticipa conclusiones, antes de que el espectador lo espere. Y luego en hacer cosas inesperadas por difícilmente imaginables,que es a lo que nos acostumbró Messi. Por eso ya no pasa nada, porque ya generaron suficientes recuerdos para que los tengamos siempre prendidos al corazón, que es el órgano con el que se ve el fútbol.

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¿Por qué los equipos echan a los entrenadores cuando las cosas van mal?

El joven Javi Clemente

Los entrenadores, esos nómadas del deporte que van con su teatrillo a cuestas allá donde les lleven el destino y los resultados. Javier Irureta vivió siete años en la habitación de un hotel de A Coruña, sabedor de que las alegrías más gigantes se borran con cuatro malos resultados consecutivos. Su trabajo no es sencillo: ser el tirano que logre que un puñado de egos millonarios no salga a hostias en cada entrenamiento y, si pueden, enseñarles a realizar marcajes en los córners. Para los que se acercan al deporte con reservas, ahí van las posibilidades por las que el entrenador se puede ver en la cola del paro:

1. Porque hay veces que los entrenadores tienen la culpa del mal juego, o los malos resultados. No son capaces de sacar el máximo rendimiento a sus plantillas, no aciertan con el sistema, no dan muestras de trabajo táctico, no dejan su sello, no aportan personalidad ni hacen crecer al equipo. Casi nunca se les echa por eso y, casi siempre que esto sucede, aguantan mucho tiempo en el puesto. El ejemplo más claro es el de Javier Clemente como seleccionador nacional español, derrochando a una generación colosal.

2. Porque hay veces que los jugadores tienen la culpa del mal juego, o los malos resultados. Los jugadores salen de parranda, van a entrenar tarde, juegan de resaca, piensan en sus selecciones, en futuros traspasos, pasan de todo. La prensa suele utilizar el tópico de que “es más fácil echar a uno, que a veintidós“. Obviamente es falso. Obviamente es más fácil echar a uno, pero ese uno puede ser un jugador. El caso más evidente es el de Frank Rijkaard en el F.C. Barcelona. Si hubiera echado a Ronaldinho, Deco y Eto´o, hubiera solucionado su problema y el equipo hubiera seguido siendo dominante. Guardiola lo hizo en la siguiente temporada, y mira.

3. Porque hay veces que los directivos tienen la culpa del mal juego, o los malos resultados. Planificaciones demenciales, jugadas patéticas en los despachos, plantillas imposibles, fichajes de oscuras comisiones, ventas el último día del período de fichajes… El directivo jamás asume su culpa, siempre considera que les han dado una plantilla brutal con la que tienen que ser campeones de todas las competiciones. Es el caso de Mike D´Anthony, año y medio para crear un grupo en los Knicks de NY, que vió cómo destrozaban su equipo para traer a una superestrella (Carmelo Anthony) que anotó la friolera de un punto en un partido la semana pasada.

4. Porque el entrenador está en el Atlético de Madrid. En realidad es juntar un poco todas las opciones anteriores.

En cualquier caso es el entrenador el que paga los platos rotos. Sirva este post de absoluto apoyo en los malos momentos al entrenador que mejor encarna los valores de su club, uno de esos que debería tener contrato vitalicio: Manolo Preciado. Para quien no recuerde quien es, se trata del primer tipo que le dijo a un canalla, que lo era:

http://www.youtube.com/watch?v=4KAWoRVK8Hg

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Pases, golpes, y pereza

La sobredosis de clásicos a los que estuvimos expuestos la pasada temporada hace que la pereza presida los terrenos de juego en que se disputa la Supercopa. De hecho, si fuera Guardiola, la entregaría, así como los seis puntos de la Liga. Dos incomparecencias, dos partidos perdidos por tres goles a cero, y a correr. Me daría pereza saltar al campo para jugar frente a los gladiadores de Mou.

El gol de Messi fue un reflejo de lo que son estos partidos. El argentino aprovecha un error y, entre un galimatías de piernas verdaderamente enemigas, logra el gol. Y no lo hubiera conseguido sin un último empujón. Observando la repetición, se puede ver cómo Leo no hubiera llegado, de no ser porque el último empujón cambia su trayectoria, y lo alinea con el balón.

Veréis amigos, soy aficionado del Athletic de Bilbao desde pequeño, así que de la parafernalia de la épica me queda poco por ver. Luis Fernández nos metió en Champions con un gol en el que el timorato Julen Guerrero estaba pisando al portero del Zaragoza. Hemos aplaudido a rabiar la tibia rota de Maradona, o a personajes de la talla de Gurpegui, o Carlos García, nos hemos identificado con un fútbol indigesto, que hemos dado en llamar “directo”, o “eléctrico”. Hemos glorificado la testosterona, y escribimos el manual de “Cómo un estadio puede influir en el resultado final“, así que nada en este Madrid me sorprende.

Pero sí hay cositas que me rechinan. Un tipo aguerrido, que eleva el nivel de agresividad (la patada de Kedhira que hace olvidar su reiteración en la falta, la reconversión de Alonso en leñero, o la actuación de Pepe, digna de gabinete psicológico), que se presenta ante los medios con altanería, y despierta devoción, no debe llorar en las ruedas de prensa, ni hacer shows a pie de campo, chirría el amaneramiento.

Con Valdano en un dulce destierro, con prensa y afición adictas a lo que se ha denominado “otra forma de jugar al fútbol“, Mou campa a sus anchas, envía a su segundo a ruedas de prensa, o desprestigia competiciones desde la impunidad millonaria, impulsado por el silencio de su presidente, y el rugido de la afición.

Creo que la parroquia de San Mamés se adaptó a unas posibilidades. Ni criamos finos estilistas en la cantera, ni los que salen cuajan (Yeste, Tiko y otras eternas promesas), ni tenemos dinero para traernos a lo mejor dentro de nuestra política de club (Bakero, Mendieta, Xabi Alonso…). Pero si pudiéramos fichar a los mejores de entre los mejores, creo que la afición de La Catedral exigiría algo más de lo que el Bernabéu hace con el equipo de la banca rota.

Si fuera Guardiola me daría mucha pereza.

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Goliat F.C.

“Muchas veces, la victoria empobrece a las personas. Yo prefiero la estética a la victoria”

Julio Llamazares.

Cualquiera que me conozca, puede sospechar de mi simpatía por la frase del escritor leonés, incrustada en un artículo que pretende ser una loa a la derrota, en la edición de ayer (por hoy) de El País, firmado por Juan Cruz, ese editor con voz de chica, que es el intelectual del Grupo PRISA. Es decir, que si sacaran una línea de muñecos articulados del grupo empresarial de Polanco, “el intelectual”, el “smart spice“, sería Juan Cruz.

De ahí, me bajo a Mercadona pensando en el puto relato de David contra Goliat, y me doy cuenta, años después de haberlo oído en el colegio Marista, que en realidad voy con Goliat, o que el personaje y la historia de Goliat, honestamente, me resulta más atractivo que el de David. A mí también, como a Llamazares, me seducen más los perdedores, pero creo que en la historia bíblica, el que tiene todas las de perder es Goliat, el favorito.

Ya he comentado en otras ocasiones, que mi Elvis preferido es el de Las Vegas, el acabado, el decadente, el devorado por un personaje incontrolable, comido por contratos, marcas de gomina y barbitúricos. El Lennon interesante no es el colocado de ácido clamando por la paz, sino el que pega una paliza a unos mariachis que, en un resturante newyorkino, intentando agradarle, interpretan Yesterday.

En el último minuto de una liga, David no era Djukic. El central yugoslavo del Deportivo, con la Liga en sus botas, tenía 24 pies de ancho por 8 de largo para ganar, y González, el portero del Valencia, sólo sus dos manos para detener una historia ya escrita. Y ganó David, y los focos huyeron de Goliat a Barcelona, donde años después, Guardiola ya lo advirtió: “algún día perderemos“.

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Clásico diario

Todos están contentos, y como diría cualquier abuela del mundo, eso es lo importante. El Barcelona porque ya tiene la Liga en el bolsillo, y porque ayer, llegaron a ofrecernos jugadas con cincuenta o sesenta toques, y nos mostraron un equipo reconocible. El Real Madrid porque cortó la sangría que en los últimos años vienen representando los encuentros frente a los blaugranas.

Guardiola arriesgó la recuperación de Puyol, y Mourinho sorprendió con el tribote, ese concepto con el que no se atrevía ni Javier Clemente, y dejando en el banquillo a su jugador más talentoso. Dos detalles que mostraban preocupación y respeto por el envite, pero que diferenciaban las propuestas de uno y otro. El central catalán se resintió de sus molestias, Pepe, defensa metido a centrocampista, se dedicó a barrer el juego interior del Barcelona. Con un colegiado normal, Pepe debería haber visto no menos de 5 ó 6 cartulinas: entradas duras, corte de jugadas claves, reiteración…

El Barcelona tuvo momentos de desconexión, de pausa. Xavi, Iniesta, Messi, Busquets, parecía que querían dejar pasar los minutos para ahorrar combustible, convencidos como están, de que el chispazo siempre surge, aunque esta vez no encontró chispazo. El chispazo es Villa, muy revoltoso, pero poco integrado en la excelencia que ya se da por supuesta cada vez que vemos al Barça. Tuvo opciones pero no las aprovechó. El Real Madrid, tras aceptar la dimisión de Xabi Alonso, se limitó al pelotazo. Una y otra vez balones largos, y fútbol eludiendo cualquier tránsito de la pelota por el centro del campo, que es el lugar en el que las jugadas se vuelven inteligentes.

En la primera parte Iker hizo penalti al Guaje. Los de La Sexta todavía están buscando una toma de la repetición en la que vean dudas. No las hay. En la segunda se lo hizo Albiol, y fueron casi tres penaltis en un mismo forcejeo, así que el valenciano se marchó sin rechistar, que para eso ya está su entrenador. El empate llegaría por una pasada de frenada de Alves que debería haber visto su segunda amarilla. Ni hubiera significado gran cosa, ni equipara los errores del colegiado. El árbitro fue casero sobre todo por la permisividad con Pepe, matón a tiempo completo. Mou acabó metiendo balones a la olla para Adebayor, cual Julio Salinas.

Hoy los periódicos aparecen repletos de interpretaciones, Eduardo Inda estará más o menos inspirado en función de la drogas que haya tomado (no os perdáis en Wikipedia su biografía y sus amigos en Baleares), y Mourinho seguirá engañando al personal, cobrando nueve millones limpios al año por no ser capaz de proponer más que la sombra de un entrenador oscuro y cavernario, que en su día fue seleccionador. Seguirá esta historia de autoengaño. Para quien no le aburra ya.

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Cada vez te queda menos

A John Carlin se le acabó la paciencia en su espacio de El País. Yo nunca la tuve. Hay personas que son eternos niños mimados por unos padres a los que cualquier pataleta hace gracia. Son niños frívolos e ignorantes, que se toman el mundo como todo aquello que gira en derredor de ellos. Es el caso de Mourinho, un traductor al que nadie respetó en su paso por el Barcelona, que pasó a ser entrenador y que, tras su paso por la Premier, el lugar en el que ríen las gracias por antonomasia, ha llegado acrecentado a España.

Si queréis mi teoría sobre la mediocridad de Mou, aquí escribí hace no mucho al respecto. La diferencia entre un buen entrenador y él, es que si le pusieras todo el dinero del mundo encima de la mesa, y le dijeras “haz que jueguen bien“, sería incapaz. El Chelsea, el Inter y el Real Madrid pueden dar fe de ello. Contaba José Ramón de la Morena, que en Coruña, un escolta del club había sido herido con un punzón, que tenía como destino a José Mourinho. Nadie supo nada de ello durante semanas.

La declaraciones que hizo contra Manuel Pellegrini, la entidad, y la ciudad de Málaga, fueron repugnantes, propias de Mou. Propias de alguien que cree que sus victorias se fundamentan en algo que no es puro talonario. Lo curioso es que parece no acabársele el crédito en el Real Madrid. Hizo que Valdano pasara a la retaguardia y tenga que soportar el chorreo de estulticias que el portugués suelta en cada rueda de prensa.

Siempre que su equipo falla es por los árbitros, por el calendario, por los horarios, por la velocidad del viento, o por la gran conspiración que hace que el Madrid no gane una Liga detrás de otra. Ver su respeto hacia Guardiola me recuerda a ese respeto del ignorante, que considera que respetar al superior y pisotear al inferior, es una postura inteligente.

Nueve millones de euros cada año. Eso es lo que cobra el tipo más estúpido y que menos sabe de fútbol que más alto ha llegado. Esperemos que el mundo vuelva a posibilitarle jugar con el mismo horario que el Barcelona. A ser posible en el mismo campo. Y a ser posible que le caigan otros cinco.

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Notas de martes

– El señor siempre gratifica y hace que los malos tiempos tengan rayos de esperanza, como el resultado del Camp Nou, o que Carmen de Mairena sacara más votos que Rosa Díez en las elecciones catalanas.

– Lo de ayer en Barcelona fue un triunfo de la justicia poética, y de la realidad de la belleza frente al marketing de portada cutre (no perderse la del Marca de hoy). El verdadero mérito de Guardiola y del colosal grupo de jugadores que lidera, es ganar, obtener resultados. La justicia poética casi nunca se da, y los aficionados recordaremos a este equipo como quien se acuerda del Brasil del 82, de la naranja mecánica, o del Dream Team de Cruyff.

– El Barça tiene estilo. En las dos últimas décadas, ha tenido tres equipos superlativos -el de Cruyff, el de Rijkaard, y el de Guardiola– que han jugado al fútbol como nadie en el mundo. Entre tanto el equipo de la primera era Van Gaal que ganó dos ligas, con Rivaldo y Figo, también jugaba de manera espectacular.

-El Real Madrid lleva mucho jugando mal. El Madrid de Zidane no jugaba bien. Ganaba, y sus “galácticos” realizaban jugadas individuales magníficas. El mayor mérito de Del Bosque, era gestionar egos. Incluso la semifinal de Manchester con el famoso taconazo de Redondo, fue un gran partido, pero de poder a poder. No era un equipo inalcanzable. Era un equipo con grandes jugadores. Considerar que el Madrid de Zidane jugaba bien, sería como decir que el Barcelona de Robson también lo hacía -ganó todas las competiciones menos la liga, donde fue segundo- por las genialidades del mejor Ronaldo.

-Cambiando de tercio, Wikileaks no sólo pone en tela de juicio a la administración norteamericana y los equilibrios geopolíticos, sino mucho más. Por ejemplo la penosa gestión de la información por parte de los medios -el tratamiento de El País, que ha empezado a meter mano dos días después a la información relevante, ha sido sensacionalista y obvio-, y la indiferencia social ante cualquier tipo de revelación. Sociedad del espectáculo, que decía Debord.

-Creo que Wikileaks, comparado con la señora que friega la escalera de mi casa es pura mierda. Pura mierda.

-Ya estoy en Foursquare. No puedo ser más tonto, pero venga, #socialmediayolé, y geolocalización al canto. Sigo muy de cerca esto de la geolocalización, y es un mercado bastante verde que, como todo lo relacionado con el marketing online, no se sabe muy bien si dará tiempo a madurar antes de que muera, o si las nuevas formas de marketing son, en realidad, la capacidad para invertir en publicidad en la tendencia del moda en el momento adecuado. Todo nace y muere demasiado pronto.

– Investigando, veo el éxito de una campaña de McDonnald´s. Por lo pronto, para la cadena de hamburgueserías, ya es un éxito que la OMS no les meta mano. Pero hablan del éxito de la experiencia piloto en Foursquare. Me juego el cuello a que es mentira y los números son falsos. Conozco las agencias, las plataformas, y el bombo promocional que se han de dar. Jamás reconocerían un fracaso, pero no han vuelto a hacer una gran inversión. Huele a pufo.

-El viernes en La Noche Temática vi un docu llamado “La fábrica de famosos”, y mañana se lo pongo a mis alumnos del taller de radio. Es ilustrativo sobre la influencia de los famosos y lo que les rodea en nuestras vidas. Del análisis antropológico, a la utilización en la política. Descárguenselo aquí.

-Os dejo el teaser de la serie en la que anda Bárbara López: Las crónicas de Maia. Dando bolilla al mundo blogger

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Los diez apuntes finales

Uno.Guardiola dijo de él la semana en que subió de la cantera a entrenar con el primer equipo del Barcelona: “este chico me retirará y será mejor que yo“. Palabra de Pep. Hoy Xavi es, indiscutiblemente el mejor jugador español de la historia. Sin spots, ni titulares, ni prensa lameculos. Con rivales pequeños o grandes, en pretemporada o la final de la Copa del Mundo, ha demostrado que la pelota es siempre suya.

Dos.– Las extrapolaciones políticas que realizan algunos medios con los éxitos, calan en la gente. Y son mezquinas.

Tres.Vicente del Bosque no era un entrenador moderno, no cumplía el perfil, no le quedaban bien los trajes. Sólamente es un tipo capaz de tomar las decisiones perfectas en los momentos de tensión extrema. Sólamente eso. Enhorabuena Florentino.

Cuatro.– Imagino que Tomás Roncero y el resto de marujos de la prensa deportiva, estarán tomando un gintonic con Raúl González Blanco, hablando de lo buenos que era los viejos tiempos, en el espíritu de Juanito, la furia, y otros grandes conceptos del ideario victimista de la selección.

Cinco.– Resolvía César Luis Menotti, que entre jugar bien y perder, o jugar mal y ganar, le gustaría conocer al iluminado que pensaba que jugando mal se ganaba. La selección ha jugado bien porque tiene jugadores que juegan bien. Cuando no los tenga, no se ganará. Lo que parece una estupidez, no lo será tanto, y volverán los Ronceros, con el “Santiago y cierra España” en la punta de la lengua. La tradición oral holandesa perpetuará su naranja del 74, y hundirá entre patadas a Robben y compañía.

Seis.– Las lágrimas de ayer demuestran que el fútbol es un deporte en el que los buenos planos ni se compran ni se venden. Es, esencialmente, un juego de equipo, de orígenes humildes, en el que los mejores actores son los que no actúan.

Siete.– El campeonato se ha desarrollado en Sudáfrica como podría haber sido en Groenlandia. El circo ha ascendido peldaños, ha resultado, más que nunca, un Mundial para aficionados ricos. Los africanos, vuvucelas aparte, han visto cómo el circo les daba la espalda. Tras los titulares, se quedan con su 40% de desempleo.

Ocho.– La introducción en las retransmisiones de la slowcam, y de la cámara cenital, desde el cielo, han dado un salto de calidad a la belleza estética del juego. Manu Carreño no ha estado a la altura en los últimos partidos, Paco González se lo ha comido con patatas. Quique Flores ha sido el mejor comentarista, de largo, y Camacho un hooligan cavernícola que no aportó nada. En general la prensa ha saturado con demasiados minutos de atención y poco contenido.

Nueve.– Le hubiera pegado un tiro a Ángel María Villar a la salida del avión. Y rezaría porque Reina se quedara mudo en la celebración de esta tarde.

Diez.– Mi equipo, el Athletic de Bilbao, tiene a dos campeones del mundo. Eso no se ha visto, ni se verá.

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