“Luis, nada es fácil, pero hacemos lo que podemos. Ánimo”

Les confieso que vivo más tranquilo desde que mi Ministro de Economía asegura que lo de la crisis es agua pasada, que fue un mal sueño, un pequeño bache en la triunfal historia de nuestra nación. Me lo dice como saliendo de un bosque, como si le hubiéramos interrumpido un picnic con Díaz Ferrán, Bárcenas, y Miguel Blesa, que se agazapan todavía tras el arbusto, devorando cupcakes de alegres colores y tomando té de mandarinas y ajónjoli. 

Lo dice además con una sonrisa contenida, como si tuviera la carcajada a buen recaudo en una cuenta suiza, mirándonos pícaro, burlón, sabedor de que el encendido asalariado tertuliano de barra de bar anda por Torrevieja, o por Salou, con otras preocupaciones. Porque ahora mismo el encendido asalariado tertuliano de barra de bar, tiene alerta naranja ante su principal problema estival: la familia, ese rompecabezas del ministerio del interior de cada cual, que aflora siempre en verano, y que rebaja el voltaje del cabreo para con el exterior.

Ayer, dentro de la espiral de sinsentido en el que se ha convertido la política nacional, saltaban a la palestra los sms que se cruzaron Mariano Rajoy Brey y Luis Bárcenas, algunos tan fríos como:  “Luis, nada es fácil, pero hacemos lo que podemos. Ánimo“.  Anteayer González Pons reivindicaba a su partido, diciendo que el PP no era Bárcenas, era Miguel Ángel Blanco, ante lo cual tengo la duda de si se trata de una de las utilizaciones de las víctimas más chapuceras de todos los tiempos, o si Miguel Ángel Blanco era el tesorero nacional del Partido Popular. El siguiente paso podría ser una línea de merchandising protagonizada por Miguel Ángel Blanco. Aunque tal vez, lo que en realidad pretende decir Esteban González Pons, es que Miguel Ángel Blanco estaba detrás de toda la trama de financiación ilegal del partido, en cuyo caso me parecería una jugada maestra, porque ya se habría solucionado el problema. Muchas veces González Pons es confuso y se presta a las interpretaciones. Los valencianos, en general, son confusos.

Sólo espero que mañana, cuando salgan los DM´s de twitter, los privados de facebook, y los chateos en badoo entre Bárcenas y Rajoy, los guionistas del Partido Popular sigan tan inspirados como hasta el momento, porque lo más complicado en comedia es mantener el tono durante tanto tiempo. Ni los Monty Python pudieron. Mientras nosotros a lo nuestro: sangría, siesta, y playa, que la vida son dos días. Reenvío el sms del presidente al triunfal De Guindos de la fotografía de arriba que seguro romperá ese rictus bucólico para ver en su Blackberry el mensaje que le acaba de llegar:  “Luis, nada es fácil, pero hacemos lo que podemos. Ánimo”.

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Taxistas

Bárcenas aparece en escena como si los informativos de las televisiones no fueran más que el cuarto cuarto de su abrigazo de banquero antiguo, como si hubiera nacido para que su paso ligero fuera el ideal prefacio al primetime de las cadenas, como si ese pelo que le nace recio y se mantiene firme gracias a la disciplina de la gomina, hubiera crecido sólo con el fin de reflejar los flashes de fotógrafos que eran quérubes cuando se repartía en este país gomina en cantidades industriales entre los altos ejecutivos que bebieron de las fuentes neocons norteamericanas, y comieron del maná franquista, que parece no tener fin. La gomina de los empresarios es el gloss de España.

Existen varios tipos de películas norteamericanas: las que empiezan con un juicio, las que van de juicios, y las que acaban con un juicio. No sé en cuál se imaginará Luis que está, en cualquier caso parece que se ha preparado el papel a conciencia, y no es para menos, porque en Suiza le espera un sueldo a la altura de los mejores de Hollywood.

Luis sale del taxi, coge la tabla y se dispone a surfear en una ola de gomaespuma con los diferentes logotipos de las televisiones, mareado por preguntas absurdas a las que parece contestar para sus adentros, porque esboza una sonrisilla que resultará su perdición. En este país puedes se un hijo de puta de los pies a la cabeza, un ladrón, o un asesino, pero España no soporta la risita floja. Roba, pero mantén el rictus, frunce el ceño y tendrás hueco en unos años en una tertulia de Intereconomía, y en la sección de libros de El Corte Inglés.

Ajeno el actor al montaje final, los espectadores vemos su entrada y salida de los juzgados, y también el trajín de Trías, el secretario que se cayó del caballo y del golpe resultó íntegro y clarividente. Ambos van en taxi. Supongan que son ustedes taxistas y que les para el extesorero -ese cargo de 24 kilates- en mitad de la calle. ¿Esperarían que les pagara con un sobre?, ¿Le preguntarían si va a querer factura?, ¿Cómo se viviría esa carrera? , ¿Le preguntarían por dónde prefiere ir a los juzgados? Madrid tiene ese puntazo con los taxis que a los que venimos de provincias nos parece mágico: un montón de tipos con sus coches que te llevan a los sitios por dinero, aunque sea saltándose algunas normas. Te hacen sentir concejal por unos minutos.

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Cojones con frac

Es un tipo inteligente éste Xavi. Inteligente. Fuera del campo habla con la prensa y siempre deja chicha, porque no es un robot, porque es inteligente, y la inteligencia fuera, se nota en el campo. Otros, muy buenos sobre el terreno, son instintivos. Maradona era instintivo y llevaba la física al extremo. Como Mágico. Pero no eran inteligentes. Con instinto puedes ser un gran central, o un delantero de talento. Pero la inteligencia se cocina en la Masía.

pep-guardiolaPep es otro tipo inteligente. Cruyff le llamó un sábado a una discoteca. Estaba a punto de pedirle bailar a una chica, y el flaco le requirió en la primera convocatoria. Como era un esmirriao de dieciocho años, le soldó al eje de la zaga. Con Koeman. Y la gente se echó las manos a la cabeza. Pioneros. Luego a Frank de Boer se lo hicieron en el Ajax campeón de Europa. Otro inteligente, Johan. Pep, fajándose con grandes delanteros se hizo un hombre, subió a la posición de cuatro, dió clases particulares y se retiró por la puerta de atrás, como todos los inteligentes. Se le llamó maricón y cobarde. Como a todos los inteligentes. En la recta final coincidió en entrenos con Xavi, y avisó “hay un chaval de la cantera que será mejor que yo”.

Y entre medias otro inteligente más romántico, De la Peña. Construyó el mito de Ronaldo y sucumbió a los cantos de sirena italiana. Quedó varado en la misma costa que Mendieta, Cláudio López, Farinós, Ayala, Roberto Carlos, Anglomá, Laudrup, Paul Ince, y tantos otros… Y no volvió a levantar cabeza. Demasiado NBA. Un jugador 2.0, algo demagógico, poco dosificador. Pero Xavi es el hermano mayor que, sabiéndose la lección de mañana,  baja a la calle a vacilar a los niños con la pelota. Y ahora es cuando más luce. Pero no cuando más me gusta. Igual que Elvis en las Vegas, Xavi en un equipo desmotivado o sin calidad, es mi favorito. Porque él está igual. Cuando el Barça no estuvo de moda, y se plagó de jubilados borrachos copando espacio en el terreno, él siguió marcando goles, buscando pases, paredes, huecos. Pero nadie le acompañó y la afición, que no reconoce la inteligencia, sólo la demagogia, le olvidó. Y ahora vuelve.

Campeón de todo (del mundo sub-20, de la reciente Eurocopa, liga, Europa…) trotando con su pesada mochila (escuadra, cartabón, transportador de ángulos…) por todos los campos, con la idea de la belleza como himno generacional. Hace lo que ves y lo que no. Ayer la Sexta le señaló como el que más velocidad media empleó frente al Madrid. Y toca, y protege la pelota, y la acompaña, con esa figura tan característica, de jugador pequeñito que se salvaguarda con los codos y cose el cuero la diestra, por dentro o por fuera, como una extensión del pie, mientras el cerebro le manda información y bombea juego. 

Pero cuando el equipo andaba mal, y los compañeros se convertían en rivales, mantener la pose y la elegancia, atacar como si pensaras que puedes hacer gol, salir del terreno con la cabeza alta, morir con la estética por bandera, significa convencer de que el fútbol es algo tan complejo como simple.

En un país en el que los mediocentros con talento quedan en la sombra –Mazinho, Urrutia, Milla…-, y sólo ocupan el titular después de un millón de buenos partidos –Mauro Silva, Senna, Pirlo–  lo de Xavi es un reconocimiento a los caídos por la pura clase, a los abatidos en combate frente a los advenedizos que ponen el acento en el músculo y los cojones. España se estrelló con los cojones. Siempre. La selección que maravilló con Camacho -la del 9-0 a Austria– tenía a Pep en la manija. La que palmó en el mundial, a Albelda. Y palmamos con Hierros y Nadales. Hasta que Luis no rindió pleitesía a la clase en el centro, no hubo copa. Camacho, por más que grites no hay jugada con más cojones, que un golazo por la escuadra. El resto es pura impotencia.

Y nunca le pidió nada a nadie. La inteligencia seduce.

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La sempiterna Euro

Pelé

Hay que sacar curro acumulado, y reflexionar sobre lo que ha supuesto este verano para la autoestima futbolera nacional. Era una cuenta pendiente en un blog que se visitió de corto durante un mes, para desgracia de l@s lectores/as más antifutboler@s. Aprovecho que llevo en el curro desde las 8:25 y son y 46 y aquí no aparece ni el tato ni aparecerá. Prometo post sobre la mentalidad empresarial española, que tanto raja de la yanki ¿Qué prefieren una secta americana o la inquisición española?. Pues eso.

Cuando Casillas levantó la copa hace un par de domingos, creo que nadie nos lo creímos. Otras veces, intentas observar los detalles, quedarte con todo, porque sabes que es algo muy difícil de ver, como cuando pasa un cometa, o hay un eclipse -de esos que son cada mil siglos, que luego resulta que hay cada quince días- o cuando el Athletic se clasificó para la Champions y empató a uno en San Mamés con la Juve de Del Piero. En este caso no fue así, porque todo fue tan perfecto, que parecía una especie de experimento.

De hecho estoy seguro que lo fue, que se trata de una más de la NASA -¡Ahhhh, los de la NASA!- que pretendieron demostrar cómo controlar la conciencia colectiva de un país. Y lo lograron. Luis pasó el escaner por la tradición futbolísitica española (que en el mundial de Chile 62 se presentó con cuatro balones de oro en sus filas y no hizo nada), y creó una máquina imperfecta, por ello arrebatadora.

Porque si hubiéramos sido aficionados franceses en el 98 y viéramos a Makèlelé, Vieira, Thuram y el resto de gladiadores, arropando a Zidane mientras pinta ribetes en ataque, no nos hubiera extrañado. Pero es que nosotros veíamos a Silva, Xavi, Iniesta, Villa… esos muchachos que no han leído un libro nunca, pero que son tan entrañables… tan endebles… que esa debilidad es la que generó la mayor empatía. Sabíamos que cualquier torpedo podría hundir el centro de las ideas rojas, pero mira por donde, ninguno alcanzó.

La Eurocopa de Luis, denostado -como cualquier seleccionador que se precie- ha sido tan maravillosa, que no recuerdo nada igual. Estoy intentando pensar alguna decisión que no fuera perfecta, y no la encuentro. Bien es cierto que de no aparecer el talento de Villa en los estertores suecos, el rifirafe con Torres en la concentración podría haber crecido, pero ese torpedo también salió rozando.

Tanto talento tan en forma a la vez, es algo que no habíamos visto. Yo por lo menos. A base de VHS primero y youtube después, me sé de memorieta la Holanda de Cruyff -que precisamente nunca pudo con Alemania en las finales- y el Brasil del 70 y el del 82 -que no pudo con Italia– y, la verdad es que poco más. Hace décadas que ningún equipo juega así de bien, y tardaremos 20 o 30 años en volver a ver un gol regañado en el área de Alemania en la segunda parte de una final.

Un triunfo del fútbol de barrio, una bonita forma de encumbrar a un superclase, Xavi (siempre a la sombra de Guardiola primero, Ronnie, Deco…) que puso las aspiraciones tan lejos y tan bien, como los pases. Ojalá podamos seguir soñando… y Suráfrica es terreno abonado para los sueños.

Y os dejo por aquí el famoso sketch de Monty Python de la Inquisición Española. Es lo primero que vi de ellos ¡Genial!

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¡Uf!

Estoy un poco como cuando te dicen que tienes seis meses de baja y tres de rehabilitación. Como cuando te dicen 4,75. Como cuando te dicen que mejor como amigos. Buscando un puntito de luz para acordarme cuando sople el viento.

Pero mientras, voy capturando frases. Por mi barrio, un homeless, primera vez que le veo sereno, diciéndole, en una esquina a una rubia que “el pan duro es para el gazpacho. Pero no para el gazpacho andalúz, para el gazpacho machego“. No esperaba que esas palabras pudieran salir de entre esa barba.

Otra, de Luis Aragonésla clave de España es el grupo, el tema y tal“. Ese “tal” es la clave real del fútbol. Toda la irracionalidad de un juego tirano, donde una esfera tiene la última palabra, está encerrada en ese “tal”. Lo inexplicable, lo que hace que las entrevistas a jugadores no tengan ningún sentido ni interés. Sabio Luis. Yo confié siempre en tí.

Voy a hacerle una perdida a Raúl. Haremos terapia.

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