Feliz tupperware

Son una pareja heterosexual, caucásica, de unos treinta. Si fuera policía anotaría todo esto en mi libro de notas. Luego pondría que se encuentran estacionados en doble fila en un Opel Corsa negro al final de la calle cortada Martín de Vargas. Así cada noche. Si fuera policía me encantaría patrullar con Nico, porque estamos ya acostumbrados a hacerlo, nos conocemos bien, y amamos nuestros defectos. Si en una misión las cosas se complicaran sé que mi perra es tan cobarde como yo, por lo que los dos sobreviviríamos. Nico y yo hacemos la ronda entre las 23:15  y las 00:00 todos los días del año, y todos los días nos topamos con el Corsa en Martin de Vargas, con la pareja dentro, pelando la pava.

Como pueden suponer, las especulaciones que he podido construir a lo largo de todo este tiempo van desde que los padres de ella no lo soportan, hasta que el coche tiene un sistema que genera un microclima con una composición del aire distinta a la del planeta Tierra, imprescindible para la supervivencia de ambos. Ayer, aprovechando un parón en la cena, la cabo Nico y yo bajamos a hacer una vigilancia rutinaria y allí estaban. En plena Nochebuena -que a mí me la suda, pero entiendo que a mucha gente no-, a las once de la noche, en el Opel Corsa, comiendo ambos del mismo tupper.

¿Verdaderamente compensa un amor en el que se interponen el freno de mano y la palanca de cambios? Feliz Navidad.

Share

La Navidad (y de repente la comida se convirtió en manjar)

El sorteo de la Lotería Nacional suele dar el pistoletazo de salida real a las fiestas navideñas. El premio siempre está repartido, más que nunca, cae en barrios humildes, donde hace mucha falta, y es madrugador caiga a la hora que caiga. El de este año a las 10:07, una hora después de empezar el sorteo. Brutal madrugón las diez de la mañana. Considerar “madrugador” a algo que sucede a las diez y siete de la mañana dice mucho del colectivo periodista. Luego gente brindando en vaso de plástico con sidra El Gaitero, sandeces balbuceadas a cámara, y una pequeña fortuna que se dilapidará en menos que tarden los compañeros periodistas en recogerse, tal vez en un viaje a putas a Benalmádena.

El Gordo llega tras dos o tres meses de bombardeo preventivo. Desde octubre podemos comprar dulces típicos en las grandes superficies comerciales, y la televisión nos abrasa con spots de temática navideña, plagados de emoción barata, con divertidos papás noeles y reyes que son tan magos que no cazan en Botswana. Son momentos críticos en los que el pensamiento único defiende la fortaleza de la verdad, el bien y la belleza, en este caso pasar estas fechas con “los tuyos”. Este año hemos encontrado una especial tendencia por parte de las marcas y las agencias, a sacar tajada emocional a la crisis, como si los bancos fueran unos hijos de mil madres, y el consumismo irracional se fuera de rositas en todo esto.

Mi favoritos son  los spots de colonias, que luego se llamaron perfumes para más tarde ser fragancias. Siempre frase final en francés, que si no parece una paletada, siempre imágenes locas, siempre mensajes soterrados, siempre modelos haciendo gestos raros, como si fuera una perfomance de final de curso en Bellas Artes. Perfecto para impactar en el mismo target que hace un rato, en ese mismo canal, veía Gandía Shore. Los perfumes, como los feos en los garitos a las cinco de la mañana, venden por atolondramiento. ¡Imágenes, sensaciones, pasión, caballo, señor con perilla, chica mordiendo manzana…!, ¡¡Compro!! Es posible que no sea necesario pagarle el anuncio a un fan del costo. Los perfumes son regalos de compromiso, se ponga uno lo lírico que se ponga.

Y llega el turno de la comida y las nomenclaturas. De repente todo se convierte en ibérico. Hasta el corte de mangas que se le hace a la crisis es ibérico  Este año, dado que todo es ibérico y por tanto la etiqueta no vale como diferencial, se introduce el concepto “ibérico puro“, que es algo como muy del PNV. Se entiende que al cerdo se le examina antes de los dolores para comprobar lo a gala que lleva eso de ser íbero. Creo que con el lomo embuchado deberían entregar el certificado de nacimiento, árbol genealógico y escudo heráldico del animal. Cada vez que ustedes se consideren seres inteligentes, recuerden que en los 90, en las superficies comerciales, había unos señores que imprimían sus presuntos escudos heráldicos en un folio que simulaba ser un pergamino, se lo enmarcaban, ustedes le daban diez mil pesetas a cambio, y se iban a casa tan contentos.

Hoy no hay caja de mazapanes que no se convierta en una “cuidada selección de figuritas artesanales de mazapán”, nombre que da a entender que en el templo del siglo XIII en el que unas monjas puras han realizado el mazapán con una ancestral receta también del siglo XIII, una de ellas selecciona los mejores para ti, y los introduce en una caja industrial, tirando el resto de mazapanes que no son perfectos a la basura. En navidad todo es artesanal -excepto el packaging-, todo es selecto, todo es de primera calidad, todo es “extra” o, si me apuran, “supremo”. Por cierto que en el convento, en el siglo XIII, se apareció una monja del futuro que les dijo que no se preocuparan, que se descubriría América y de allí traerían fécula de patata para sustituir a la almendra en su ancestral receta, y así se abarataría el coste de la producción.

Un paquete de dátiles ya no es un puto paquete de dátiles, es un “viaje a un mundo del sabor más exótico con la cuidada selección de dátiles que sólo Sekitos puede ofrecerte”. Y aquí los amigos de Sekitos SL introducen un sabio e inolvidable consejo: “Ideales para tomar solos, o para combinarlos como prefieras”. Flipa con el mundo de posibilidades que una caja de dátiles abre ante nosotros. De repente a los turrones, peladillas, polvorones, mazapanes…, se unen desde hace años los dátiles, pasas o frutas escarchadas, perfectamente encontrables en cualquier establecimiento el resto del año, pero que en Navidad se venden como producto típico. Las galletas de barquillo se convierten en “delicias de turrón”, y te lo cuentan con letra Kunstler Script cursiva, como las tarjetas de los abogados en los años ochenta.

Las pasas de Corinto son ahora selecciones supremas, y el Vicente del Bosque de los Frutos Secos, comparece en rueda de prensa en Corinto, ciudad griega del Peloponeso, para dar la lista de las uvas que formarán pare de la selección que llegará al armario de mi casa. Porque ahí tengo todo: en el armario. Estoy atenazado, me siento incapaz, soy gastronómicamente responsable de lo que pase con esos productos navideños. De vez en cuando abro el armario y me pregunto si soy merecedor de tener tal colección de manjares. Si de verdad soy digno de saborear un poco del más puramente ibérico de los chorizos. No sé quién me creo para pensar que merezco ensuciar con mis dientes un turrón duro con una receta de valor incalculable que ha transmitido secretamente durante años, de generación en generación. Vivo con hambre, preso del pánico, porque soy el único hombre de España que se cree lo que pone el envoltorio de las cosas. O se acaba esto y vuelven los productos industriales de mierda de los que sí soy digno, o me temo que me quedan pocos días de vida.

Felices fiestas y que tengan un día repleto de la mejor selección de horas supremas, con artesanales minutos, y extraordinarios e ibéricos segundos.

Vídeo: Los Cavernas

Share

Pártete la chrisma

“Si te pegan un tiro es normal odiar a la humanidad. Odiarla antes es de sabios”

House.

Llega la Navidad -es el inicio de post más patético que he escrito, lo juro- y todo lo que ello conlleva. Es como una boda pero que todo el mundo ve bien, excepto los cuatro gatos que odian la Navidad, que ya forman parte del paisaje invernal. Una de cada diez personas es, en estas fechas, gruñona. La figura típicamente navideña del gruñón.

Que si la sociedad es laica pero a esto se apunta, que si los niños de África y la doble moral-a los de Asia u Oceanía que les den por culo-, que si el consumismo, que si su puta madre. Los gruñones estamos jodidamente integrados en el teatrillo de estas fechas.

Reportajes sobre cómo se fabrica el turrón, tópicos sobre suerte, tapar agujeros y lotería, falsos reportajes sobre la puta casa de Papá Noel en a tomar por culo, y su fábrica de explotación de acondroplásicos, reportaje sobre juguetes con una frívola reflexión acerca del consumo, y entrevistas a jugueteros (obligado hablar de crisis) y peña de la OCU señalando el peligro de las piezas pequeñas y de los juguetes que vienen de China

El típico que el 22 de diciembre, por la tarde, te dice que “es el día nacional de la salud“, esperando que algún extraterrestre que no ha oído el chiste todavía le pregunte por qué lo dice, futbolistas dando juguetes baratos a niños entubados de hospitales, películas chungas con un filtro como de neblina y muchas chimeneas, cenas de empresa/amigos/familia/equipo de fútbol/asociación de numismática/fans de Star Wars/asociación de tíos abuelos/federación de defraudados por la nueva temporada de Mad Men… incendiando los niveles de colesterol…

Los gruñones hemos sido engullidos por la parafernalia, y somos tan parte de la Navidad como el árbol o el caganet. Somos turrón duro, somos muérdago podrido, somos parte del maimstream de todo esto, y nuestra condición subterfúgica ya no existe. Quizá sea el momento de lo camp, de la exageración, y de vestir de rojo y blanco hasta los pedos que nos tiramos.

Preparen los brindis con algo de oro, ropa interior roja, algo nuevo, algo divertido y un chocolate. Yo me piro a casa de Judit Mascó a ponernos de bombones hasta las tetas.

[youtube=http://www.youtube.com/watch?v=seU5S5DLDpU&translated=1]

Share

Christma

Sol está horrible, lleno de gente con cara de encantarse a sí mismos, niños boquiabiertos con un bigote de mocos, señoras-pivote (dícese de esas señoras de 55 años o más, que no llegan al 1,65, con abrigos de piel, polipiel, o derivados, que caminan en packs de dos o más, sin rumbo fijo. Vamos, que molestan por la calle, te salen por las axilas, etc…) dando por el saco, y todas esas cosas de fechas cercanas a la gran cena de Navidad, ese momento familiar y entrañable.

Luego determinados comportamientos que me hacen preguntarme por mi condición humana, si es que pertenezco a ella: el comentario sobre las cestas de navidad. Concepto cesta de navidad: regalo de empresa, con cosas de lujo poligonero, así como cava, o espárragos, y vinos y JB y movidas. Que si la paletilla estaba salada, que si tal.

Sombreros graciosos/pelucas absurdas. Las venden en la Plaza Mayor (lírico tema de Revólver, que calzó el otro día Angels Barceló. No tienes perdón, Angels, yo que te hubiera puesto un piso…) y la gente las compra a espuertas, y te bajan a manadas por la calle Atocha con sus pelucas ridículas, como si nada. La visera cabeza de venado… no sé es como las camisetas divertidas, que no me pueden dar más por culo (Escuela de la Puta Vida, Demasiada cerveza nubla la vista, Sex instructor, y un desgraciado y largo etcétera…).

Las cenas de empresa. A mí me da igual, porque mi cena es multisectorial, ya que nos juntamos varios autónomos. En realidad cada noche que me hago un sandwich estoy en una cena de empresa. Lo malo es que recibes las influencias de otras cenas de otras empresas y te encuentras a sinvergüenzas a las diez de la mañana con la corbata puesta en la cabeza. La corbata porque en navidad, tanto a nivel cena de empresa, como a nivel fin de año, es imprescindible disfrazarse de comercial de Tecnocasa, sólo combinable con una gorra-venado.

Las calles llenas de vómitos, muy chachis, con sus tropezones de escalopes y tal. Seguro que si subimos mil metros, las potas componen un precioso mosaico que pone “pacharán”. A ver, que la navidad me mola. Lo que me mola menos es la gente, pero eso me pasa en cualquier momento del año. No me llames amargao, llámame incómodo.

PD: Carlos Goñi, si lees esto, ten claro que no te voy a decir eso “le has puesto banda sonora a mi vida… siempre me has acompañado…”, ten claro que te llamaré D-E-S-A-P-R-E-N-S-I-V-O.

Share