La generación que pasea perros

La historia se suele dar del siguiente modo: niño o niños que tienen el capricho de un perro, un cohete, o un viaje a Eurodisney, padre, o padres, que se lo conceden pensando que es mas factible que un cohete, o un viaje a Eurodisney, niño, o niños que pasan de cualquier tipo de responsabilidad y cosifican al animal, padre que asume las responsabilidades que acarrea tener un perro.

Cuando le preguntas a un niño si está dispuesto a asumir las responsabilidades que acarrea tener un perro, como cuando le preguntas sobre economía a cualquier miembro del gobierno de España, te expones a la mentira más grande del mundo.

Si son ustedes madrugadores podrán ver cada día en cualquier barrio de cualquier ciudad de nuestro país -en Europa hasta los niños son más civilizados y nacen con carrera- a una tribu urbana callada, apocada, con escasa visibilidad y nula reivindicación: son los padres que pasean perros. Tienen entre cincuenta y setenta años, visten chándals, forros polares y chaquetas guateadas. Algunos fuman, otros escapan furtivamente a por el primer café y la portada del Marca. Los hay motivados que pasan de la clásica vuelta a la manzana y se adentran en la vegetación de cualquier parque. Todos ellos sucumbieron a las miradas ilusionadas de los monstruos de la casa y ahora padecen las consecuencias de semejante desliz.

La victima suele ser el padre. Como si el hecho de que la madre lleve toda su vida haciendo todo en casa fuera un eximente, la condena del animal recae sobre el varón, y perro y padre se miran cada mañana y cada noche, sabiendo que protagonizan una actividad de segundones, una tarea de serie B. Mientras, los hipócritas y bastardos monstruos disfrutan con su videoconsolas y ordenadores, fresquitos en verano y calentitos en invierno. Para mi abuela la máxima aspiración laboral para su nieto es que trabaje en un sitio en el que esté fresquito en verano y calentito en invierno. Ya fuera teniente coronel de las SS.

Padre y perro establecen una suerte complicidad que sólo se da entre los descastados. Como la amistad inquebrantable entre dos prófugos de la justicia. Como los Amedo y Domínguez en versión de barrio, los que pasaron a un segundo plano por los años, o los juguetes nuevos.

Después de las vacaciones Nico me ha despertado a las 05:25. Me voy a comprar un forro polar.

Howling for Rigodon from yeltser on Vimeo.

Share

Nico es

IMAG0909 Evidentemente Nico es del Sporting.

Share

Tres años

Saltó del coche con el nerviosismo que atribuí al viaje, pero que que se convirtió en la característica principal de su personalidad. Con ese rabo mutilado, convertido en hélice, siempre a punto del despegue. Con seis meses de vida y varios traumas, un chucho negro e inquieto asomaba el hocico a la glorieta de Embajadores, y echaba su primer pis cuando se cruzó un autobús, atronando sus peores recuerdos.

Olores nuevos, lugares extraños. Primeros días caóticos en los que devoró un kilo de patatas crudas, tres manzanas, un litro de leche, y otro de zumo de naranja. Había decidido que mi ausencia era el momento perfecto para darse un buen festín. Las estrategias que dispuse siempre eran poco para ella, que convirtió la basura y el saco de pienso en sus principales objetivos. Cuando te haces con un animal que sufre ansiedad por separación, no sabes a lo que te expones, pero tu vida se traslada a metro y medio de altura.

Pasas por diferentes fases: empatía, nerviosismo, ira, desesperación, hasta llegar a la comprensión. Entender que las cosas no son -y probablemente jamás serán- como nosotros deseamos, es una forma de enriquecimiento que se ha cobrado víctimas en forma de cojines, zapatillas de deporte, chaquetas, ropa interior -ajena-, puertas… Y llega la sabiduría, el momento en que ella se adapta a ti, y tú a ella. El preciso instante en que sabes que aunque seas el encantador de la tele, en cualquier momento, cualquier día, todo su cerebro ha vuelto al punto original, y hay que empezar de nuevo. Y empiezas.

Ella me ha servido de coartada ante los efectos de muchos de mis desequilibrios: el gusto por madrugar, la huida de los actos sociales, la necesidad de pasear por la ciudad como un viejo… así que he de pagar comprendiendo los suyos. Hoy hace tres años que llegó Nico, y me vienen imágenes del día que logró acceder al pienso y me la encontré inerte, con una panza gigante y la cabeza metida en el saco, y de los paseos, y de sus inacabables persecuciones a moscas que siempre son más hábiles, y de lo que disfruta escuchando a Jonny Cash. Feliz aniversario, Nico.

Share

Perros

Ya que he recomendado vídeo, no puedo no poner esta foto:

Es de Elisabeth Molin. Es grande. Aquí su curro. Buen finde.

Share

Ombligueando

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los lectores habituales del blog, tal vez desconozcan que éste tiene tripas. Vísceras en forma de estadísticas que miden el impacto en influencia de los textos, o eso intentan. Lo que más me ha molado siempre es analizar las formas en las que los no habituales llegan al blog, y ver lo bien posicionado que estoy en el mundo de la zoofilia. Esto me genera dudas con respecto a la capacidad de los buscadores de ofrecernos un buen servicio, y de la necesidad de los buscadores semánticos desde ya mismo.

Con lo depravado que me considero y, resulta que estoy posicionando del copón en un delirio sexual con el que no me divierto para nada. El famoso “perro follando a su dueña”.Me llama la atención lo de “violencia”. De aquí a estar en la lista negra de la CIA son dos post, y si no al tiempo. Dejo una última idea: la movida no es que me encuentren por “perro follando a su dueña”, es que lo busquen.

Que tengáis buena resaca.

Share

Tengo perro. Segundas 24 horas.

Yo tengo un pincho clavado en la palma de la mano, que no consigo sacarme con las pinzas de depilarme el entrecejo (¿?), la perra creo que anda con un poco de gripe, el casero me tiene contra las cuerdas, y probablemente me tenga que pirar del piso -pese a que me autorizó, es lo que tienen los piratas farloperos– y mi paciencia está poniéndose a prueba.

Ayer volvió a estar mogollón fuera, pero pasa de mear outside. Donde esté la entrada de la casa, que se quite eso de miccionar en la calle. Además vemos cómo el homínido echa exabruptos, que es muy divertido. Esta mañana ha comido cual alimaña, ha cagado en la ronda matinal, ha jugado mogollón, ya he conocido a una punki lavapiesera que paseaba a su perro -y se quería follar a Nico– y va de buen rollo y de felixrodriguezdelafuentista (y que creo que era bollo, todo sea dicho de paso) y nada de pis. Ni una gota. Le levanto la pata, le oprimo la vejiga. De verdad, es de comedia americana de medio pelo. Pero bueno.

Por lo demás bien. Ah, y le estoy cogiendo cariño. Toda una proeza. Esta tarde posteo sobre lo del domingo.

Share

Tengo perro. Primeras 24 horas

Mientras liviano mi discrepancia acerca de las divinidades, como modo de explicación de las cosas, por tener que limpiar el segundo meado de la perra, me decido a darle al post.

Ayer llegó Kía -vaya nombrecito- que, inmediatamente ha pasado a denominarse Nico (doble homenaje: por un lado a la vocalista que colaborara con la Velvet, y por otro al presentador de Cuatro: me la dieron ayer que España conquistó Europa). Así es, ni tan pequeño, ni macho como me prometieron que sería George. Una perra negra con pintas marrones, un cachorro supersimpático, mezcla de boxer. Seis meses tiene la hijaputa. Vale.

La he paseado hasta la extenuación, lleva más tiempo fuera que en casa. Bueno pues dos veces me ha meado la entrada. Por lo menos ha cagado fuera, pero ya me espero lo peor. Ayer superpaseo -me perdí el gol de Torres, aunque lo escuché por la SER, que casi es mejor- y durmió requetebién. Durante la noche se despertó un par de veces, lo que está guay, ya que vivo en un bajo y anoche, la celebración, pareció el fin del mundo. Se intentó subir a la cama, pero la eché de sendos manotazos. Ni empatías ni ostias, hay que demostrar quién es el jefe de la mañana. O eso dice el encantador de perros.

Ha estado en una casa en la que no la han sacado en tres meses. Muy listos. Por lo tanto: ni sabe pasear, ni controla meadas y cagadas, ni soportar ausencias, ni cojones. Seamos positivos, este proceso creará lazos. Digo yo. O la mataré.

Hoy ha llorado cuando me fui a currar y a la vuelta tan feliz, al Retiro. Y la hijaputa se me mea. Me da por el culo. A ver mañana, cuando la vea la dueña que, tras mi fiasco matrimonial, y las humedades de la casa soportadas, me admitió que tuviera un gato, que no es exactamente lo mismo que un perro. Bueno, creo que ella es transexual, así que lo sabrá entender.

Share

Perros

Madrid y Lavapiés son dos lugares de los que recelé. Bueno, a priori. Osea que sería un prejuicio… o dos. Y ahora me duele irme. Me voy porque quiero y necesito. Por ellas y por mí. Pero no me marcho, me arranco. He vivido aquí cuatro años de soledad: la que quise, y la que no. Y en las dos me he sentido agusto. Esta ciudad es un sitio que provoca la ficción de que perteneces, y que te deja ser -que no hacer-. Definitivamente soy un nómada, y sólo a los nómadas les cuesta partir. Además, cuando los nómadas nos vamos, los sitios se despiden, y lo hacen todo más difícil. Madrid es el mejor sitio para que te apetezca estar en otro. El mejor.

Ladra el perro y los pájaros se dan un festín, cuando a la hierba le da por delimitar los charcos de la ciudad que te llora. Llorarla a ella sería demasiado. No puedes permitir que otra urbe te vea así los ojos. Como mucho, alguna foto.

En una mano tengo un libro y en la otra un porro, y los chavales sólo paran para pedirme el porro. Algo he/hemos hecho mal. Lo sabemos, y por eso decimos que no al porro y a la pregunta.

Los dueños ladran más que el perro, y los perros están cansados de que el ídolo de la tele se forre conjugándoles. Leo a García Montero -otro nómada de Madrid– que insinúa entre versos que las miradas se pueden alargar, y me quedo temblando en el parque. ¿Por qué nos educan en la prosa?

Share