Disparos

Escribir un post es pegarle un tiro al día. El post publicado es la bala que impacta y se hunde en la carne y unas veces sale y deja herida limpia -que nunca lo es del todo-, y otras veces se queda alojada en el cuerpo y la cosa se complica, porque los cuerpos empiezan a conspirar contra la nueva inquilina, y se buscan las formas de echarla, aunque sea llevándose por delante a la persona. Para los cuerpos la persona que vive dentro es un incordio, como para los blogs son un incordio los buenos post. Los buenos post son aquellos que no se escriben.

Que tenga cuatro, o cinco párrafos, no poniéndonos muy líricos, con su fotito, sus enlaces. Elegir un tema, intentar darle la vuelta, intentar sorprender. Acortador de uerreeles, pegar en féisbuk, pegar en tuiter, y ver cómo las visitas llegan a trescientas. Y siempre lo mismo, y siempre acortando y pegando y esperando. Y nosquequién te retuitea, y fulanito lo comparte en su muro porque están muy de acuerdo en lo que cuentas, y les hace gracia cómo lo cuentas. No saben que el post bueno se ha vuelto a morir en la recámara y, sin querer, se forma en tu cabeza una legión de fans del blog bueno, del que componen los post que no escribes.

Conoces a bastante gente. Tienes una familia, unos amigos, unos compañeros de trabajo. Gente que se pasa de vez en cuando y lee. Lo hacen por curiosidad, por ver si sigues vivo, por leer si se te escapa algo, si dejas escrita una frase de un post no escrito, y no se dan cuenta que es por ellos por lo que no se puede, porque escribir es un compromiso, y la literatura sólo es real si sirve como pasaporte a la soledad, o no es. Es el pastiche que leen ustedes cada mañana, el bigmac de la literatura, la sensación de que cualquiera puede hacer cualquier cosa sin arriesgar nada, por el mero hecho de tener la posibilidades técnicas de hacerlo.

Son muchas las veces que me he preguntado por el sentido de todo esto. A veces lo veo como una especie de bloc de notas para la novela que jamás voy a escribir, otras veces como parte de la terapia para sanar mi egomanía, en cualquier caso hay veces que los post buenos, los interesantes, aprietan tanto que hacer chirriar los márgenes, los raíles del buen hacer. Porque este blog, no nos engañemos, es un tratado sobre el buen hacer, que es un concepto que se pega de hostias con el de literatura. Al menos les tengo a todos ustedes, bueno tengo su versión mala, la falsa, la que que busca y logra no quedarse sola. Así la vida es la pausa para el café en un congreso de malas versiones, esperando que llegue alguien a pegarles un tiro.

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Ficciones

Dirán que hace tiempo que no asomo el hocico por el blog y dirán bien, porque hace tiempo que no asomo el hocico por el blog. Eso que es tan sencillo, admitir una realidad, es algo que parece de la mayor complejidad hoy día. Me gusta meter en mis post expresiones como hoy día, porque aportan una garantía, son clasicismo, y dotan al post de un cierto cuerpo. Es como muy de la calle, como muy legitimador y, si no todos ustedes, sí alguno de ustedes sabe que si no fuera por ese tipo de expresiones que me anclan a la tierra, este blog volaría por derroteros más psicodélicos, rozando las tres o cuatro visitas al mes.

Hay quien no escribe por falta de ideas, por bloqueo mental, por lo que se llama el síndrome de la hoja en blanco. A mi me pasa lo contrario. A lo largo del día tengo tanta basura que sacar, que no sé ni por donde empezar, y ahí ando. Miren, ya ni separo con visos de reciclar, todo al mismo cubo que es, queridos, este blog. Total, separas, y luego te mezclan todas las ideas y no las reciclan. Y es que en pleno colapso de temas, con las pulsaciones a mil, empiezan las privatizaciones, los tarifazos, los silencios, las torpezas, y creo que es lo que quiere.

Sí amigos, es lo que quiere Mariano. Mariano quiere acelerarme, que me indigne, que me hierva la sangre y me siente ante el portátil día y noche a cantar sus desvergüenzas. Sí, eso es lo que quiere, y por eso escala en su no-discurso. Por eso las declaraciones de unos y otros, los recortes, las subidas, los indultos… y yo me muerdo la legua y me ato las manos a la silla, e intento tomar el camino de la frialdad, heredada del padre. Y cuando creo que no puedo aguatar, aparece el rey y desarrolla una trama de guionista de Los Serrano.

Pues no señor, voy a aguantar sin escribir. Permaneceré en la sombra sin opinar, inerte, como un joven modelado por años de masters, como un niño que mira de reojo a su madre para ver si puede coger una pasta en casa de los abuelos. Porque esto que están leyendo no es un post, es sólo producto de su imaginación. Igual que un presupuesto menor no está recortado, sino ajustado, igual que con menos se hace más, igual que pagando más se paga lo mismo, igual que todo eso, sepan que lo que acaban de hacer no es leer porque este post no existe.

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El introblog

Llevo dos días sin escribir. Y no por falta de argumentos, que los hay, sino porque tengo unos post muy claros en la cabeza, pero no los puedo escribir. Con lo lenguaraz que ha sido siempre usted, dirán. Ya, es una cuestión de ética. Y es complicado, porque cuando tienes un post en la cabeza, baja a la punta de los dedos, y atrae cada dedo a una combinación de teclas que dan como resultado el texto que tienes en la cabeza, y no otro.

Por eso llegan temas de los que te apetece hablar, y comienzas a ponerles pegas: demasiada implicación emocional, argumentos muy endebles, populismo, parcialidad… y descartas. y te sientas ante el “Añadir nueva entrada” de wordpress, y no eres capaz a desvirgar el cuadro de texto, y cierras la página. Así hasta que lo asimilas y creas ese post en tu cabeza, lo guardas en borrador, y lo publicas en tu interior.

Este blog es personal, anticomercial, y humilde por la necesidad de huir de la sensación de fracaso. Tiene una media de ciento cincuenta visitas únicas al día. Tiene a ciento cincuenta señoras y señores pendientes de lo que se publica, y no hay por qué pensar que el blog interno, el que se compone de los post que nunca sacas al exterior, tendría menos interés. Por tanto, en mi interior hay otros ciento cincuenta seres que leen, desde el interior, los post interiores del blog interior.

Hígado, intestinos, pulmones o deltóides, permanecen pendientes de todo ese contenido que no puede ver la luz, y comparten en sus redes sociales principales, venas y arterias, que distribuyen el contenido y lo ofrecen a los posibles nuevos suscriptores. De entre los más asiduos lectores, destacan cerebro y corazón, que compiten cada día por influir en los textos. El primero casi siempre lo consigue en el blog oficial, el que están leyendo ustedes, pero el segundo se sabe ganador de lo que denominaré introblog, y por eso late con chulería.

Revelar el secreto de los post que no publico es sólo la verbalización que puede permitir que mañana, vuelva a publicar esos textos que, desde hace unos días, tengo en cola.

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Nunca se disculpa

El problema es que en el mundo pasa todo a la vez y todo el rato, y los artículos que caben en un periódico, como los post que podría albergar internet en su inmensidad, son finitos. Imaginen todas las acciones que se desarrollan en el mundo en un sólo minuto. Las historias, interacciones, decisiones, movimientos, fenómenos que se podrían narrar, no acabarían nunca de ser redactados. Ni aunque viviéramos hasta el infinito. Por eso la actualidad se ciñe a unas personas que, por diferentes motivos, llamamos “protagonistas”. Digamos que los productos informativos se ciñen a una especie de “realidad representativa”. El cotarro está en cómo, cuándo, y quién decide sobre qué parte de la realidad vamos a poner el foco.

Odio que las personas que recuerdan mi nombre se dirijan a mi llamándome campeón. Qué pasa, campeón. Cómo te va, campeón. Sólo por eso odiaría que se abriera un caso en el que me investigaran, que se llamase “Campeón“. En esas está el ex ministro Pepe Blanco. No sé si saben que ayer El País publicó que todo se basa en una mentira, que la juez instructora ha extraído de la investigación y que, por tanto, no existe el cohecho por el que imputaban al entrañable Pepiño. Si leen ustedes El Mundo, La Razón, o ABC, no lo sabrán, porque para ellos, es culpable. Uno de esos periódicos, dirigido por un tipo de reconocido prestigio, sigue defendiendo que ETA estuvo tras la matanza del once de marzo. Dan igual las sentencias e investigaciones.

Tras los atentados de las Torres Gemelas -cuya autoría era palestina, según la narración en directo de Matías Prats (no busquen el vídeo en Youtube)-, se sucedieron una serie de políticas, restrictivas internas y ofensivas externas, difícilmente explicables, y para nada razonables. El New York Times, agobiado por la Secretaria de Estado, Condolezza Rice -que ya controlaba la información televisiva a través de CNN, ABC, CBS y NBC-, comenzó con una campaña de justificación de la venganza y la “tolerancia cero”, que pasaban por la invasión de Afganistán primero, e Irak después. El columnista del NY Times, Frank Rich, se quejó abiertamente de las “indicaciones” gubernamentales. la prensa europea, la española por supuesto, fue a rebufo del NY Times.

Cuenta en su libro Enric González cómo desde la redacción en Madrid de El País se le exigía que replicara las informaciones del NY Times, con textos plagados de “según el New York Times…”, “cuenta el NY Times”, “informaciones del NY Times aseguran que…”. Es decir, que hiciera de vocero del periódico con el que la cabecera española tiene suscrito un acuerdo estratégico de colaboración. Este tipo de acuerdos, que marcan la línea editorial de los periódicos, no son nuevos. El ex presidente Aznar, por ejemplo, es consejero del Wall Street Journal o el Times, en definitiva, del grupo de Rupert Murdock, “trabajo” por el que se embolsa unos 200.000 euros anuales.

En aquella época el corresponsal el EE UU para Antena Tres era Ricardo Ortega. Sus informaciones, más allá de la superficie dictada por la prensa norteamericana, amordazada como se mostró, eran incómodas para su canal, Antena Tres Televisión. El accionariado de Antena Tres estaba participado mayoritariamente por Telefónica, empresa privatizada por Aznar, cuya dirección entregó a su compañero de pupitre Juan Villalonga. Aznar presionó para que echaran a Ricardo Ortega. Hace días José María García reconoció en Aznar a un censor capaz de hacer y deshacer en Antena Tres. Ricardo Ortega, con la soga al cuello, harto de las presiones e infravalorado, decidió marcharse -poniendo el dinero de su bolsillo- a cubrir las revueltas de Haití en 2004, con el objetivo de demostrar su valía como corresponsal, y poder así permanecer con su corresponsalía en Nueva York. En Haití, Ricardo encontró la bala que le mató.

Años después, demostrada la barbarie invasiva norteamericana, hartos de recibir cadáveres de jóvenes patriotas, y agotados por la ausencia de pruebas destructivas masivas, el New York Times se disculpó ante sus lectores por la posición tomada tras los atentados del Word Trade Center. Supongo que sirve de poco, pero es algo. La prensa española no lo hizo. La prensa española nunca se disculpa. Dispara y, si acierta bien, y si no el tiempo lo curará todo. La política del “no remover las cosas” que hace que las barbaridades salgan tan baratas.

Tras los atentados de Madrid, Aznar llamó a los directores de los medios. Tenían que publicar que había sido ETA, hablar de terrorismo islámico le ponía en el punto de mira justo antes de unas cómodas elecciones. Todos publicaron la apuesta por los independentistas vascos, excepto la SER. En realidad fue Iñaki Gabilondo quien dijo no. Con tiempo, otra vez el tiempo, El Mundo continúa en sus trece, y el resto dejaron que sus primeras argumentaciones, basadas en la llamada del que era presidente, se fueran desdibujando solas. Hoy Ricardo Ortega está muerto -la investigación sobre su muerte cerrada, con sospechas de autoría por parte del ejército americano, como la de Julio Anguita, o José Couso– e Iñaki Gabilondo, que le reconoce a Jordi Évole nostalgia por la redacción, tiene un videoblog. El problema es que en el mundo pasa todo a la vez y todo el rato. El otro problema es que la prensa española nunca se disculpa.

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Siempre la puta seducción

Imaginen que hoy entran aquí y hablo del frío. Del frío que hace. Y que les digo que he hablado con tres, o cuatro personas de la calle que refutan mi teoría sobre lo bajas que están las temperaturas, que hay que empezar a abrigarse, y que ya está aquí el invierno con todas las de la ley. Imaginen que se lo cuento hoy, y mañana, y así hasta que pueda ocupar el 70% de los post hablando de la llegada del asfixiante calor. Ahora imaginen que en vez de un blog me pongo en un plató ante millones de espectadores cada noche. Pues eso se llama “informativo”. Luego preguntarán por el descrédito de los medios tradicionales.

La idea del desarrollo inusitado de la información meteorológica, es que a la gente le interesa el tiempo. Es un tema de conversación recurrente sobre un fenómeno que se percibe de manera literal. No hay un sistema representativo, como sucede con la política. Cuando estaba en la radio había ostias por patrocinar el tiempo. Eso mismo pasa en todas las cadenas de tele. Es el pastelito publicitario, el producto estrella, seguido de los deportes. Haces un boletín de noticias y el personal se queda con el tiempo, porque si hace frío se les congela la nariz, si hace calor sudan, y si llueve se mojan como los demás.

Para que la política interesara, sería necesario que el espectador/ciudadano, padeciera o disfrutara de las decisiones políticas, sintiera que le afectan. Pero en este mundo en regresión non stop hacia la adolescencia, ni siquiera la declaración de la renta le une a lo público (que me la haga el gestor, o el programa PADRE, o confirmo el borrador). Debería tener una incidencia directa. Por ejemplo, si cada operación del lobby especulativo que nos tiene cogida la deuda por las pelotas, fuera un delincuente -por ejemplo- que nos roba cada día 50 euros en el portal, el personal estaría interesado en saber todo del delincuente. Todo. ¿Por qué nos interesa poco conocer la milonga económica?: que nos lo den hecho, me representan, el enemigo no tiene cara ni cuerpo, creo que no me afecta.

Estamos viviendo una realidad peliaguda que todo el mundo comenta: da la sensación de que si los negocios van bien las grandes fortunas disfrutan de los beneficios, y que si los negocios van mal, pagamos todos de manera directa. Hace ya tiempo el consumo comenzó su lucha por la calle. De una lícita idea de buscar el máximo beneficio, los popes del marketing desviaron los paseos a los grandes centros comerciales. Son muchas las familias que dedican el fin de semana a pasear por centros comerciales. Tan es así que algunas zonas de importantes ciudades se han visto obligadas a convertirse en “centros comerciales abiertos” para resulta atractivos. Convertir al ciudadano en cliente, en consumidor.

Parece que los espacios privados han sustituido a los públicos. Esa desafección provocada por el culto a la propiedad privada, entendiéndola como única forma de propiedad, ha generado la idea de que la calle o no es de nadie, o es del Ayuntamiento de turno, por lo que ni se cuida ni se aprovecha. No voy a caer en el tópico demagógico de que los niños ya no juegan en la calle, porque es patético, pero entiendan que por ahí va la cosa. En ese momento lo público, el sistema democrático, perdió una gran batalla, absolutamente tangible, pero que siempre se ha disfrazado para que no lo parezca. La gente rompe farolas en la calle, no en el Factory las Rozas.

-Está próximo el día en que la palabra “ciudadano” nos suene tan cascuda como hoy nos lo parece la palabra “proletario” . Hemos pisado el acelerador.

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Blogpolar

Me decía mi mujer que el viejo blog no tiene nada que ver con el nuevo blog. Y es cierto. Me decía que antes -hace un par de años- era ultrapersonal, y que ahora es pura opinión, y entiendo perfectamente lo que dice. No es que los post sean más aburridos, es que ha perdido el gancho con el que comencé a escribir en blogs hace tiempo. Antes era jodidamente sincero y ahora escribo cuidando la pose.

Creo que cuando te gusta escribir la vida te ofrece dos opciones: o ser escritor, o no vivir en la más absoluta soledad. El escritor sólo puede serlo desde la angustia y la soledad, porque el escritor sólo puede serlo desde la verdad, y la verdad no le gusta a nadie. Luego, en función del talento de la pluma, las historias pueden ser muy refinadas, complejas, de apariencia inocua y lejana. Pero es indiscutible que el buen escritor tiene llegar al fondo, tiene que arriesgar, tiene que rasgar y dejar recuerdo.

No voy a entrar en el debate sobre el malditismo en el arte, sobre si los miles de casos de artistas atormentados lo son por su acentuada sensibilidad, o por la destrucción que merodea el castillo de la verdad. Y no creo que todos tengamos claro lo que es la verdad, pero sí que sabemos lo que no lo es, y de eso no se encuentra nada en la buena literatura. La literatura es, por tanto, una especie de fortaleza de sinceridad, cuyo interior desconocemos. Por eso nos atrae y nos gusta. Por eso nos divierten y enriquecen la música de cadáveres precoces, los libros de cirróticos, las películas de auténticos perdidos…

En definitiva, aquel blog no soportaba conocer a mi mujer. Ni tener una nómina. Ni ir por la M40 a una oficina cada mañana. Aquel blog era en el fondo cobarde, porque no se exponía a perder casi nada y, por tanto, igual no hablaba de verdad, ni la buscaba. Era más morboso, inquietante, personal, cruel… pero no mejor. No creo, por tanto, que fuera mejor el viejo blog, eso sí, igual había post mejores que éste. Y, desde luego, mejores finales.

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10 Consejos para aumentar el número de lectores de tu blog

Hola, querido lector que basas tu autoestima en el número de visitas de tu blog. Estabas esperando este momento como agua de mayo: el post en que todo un gurú del socialmedia, un pope de la blogosfera, repartiera, a modo de píldoras, una serie de trucos para que vuestros pobres, grises, y aburridos blogs, tengan un puto lector más que vosotros mismos. Estáis de suerte, apuntad o, como siempre, guardad en favoritos:

1) Postea mucho. Abrasa al personal actualizando con asiduidad. Si crees que no hay contenido te equivocas, como siempre. El espacio para la ciberporquería es infinito, y  tenemos que competir contra esos frikis grasientos, que no tienen más vida que su blog, y están permanentemente contando sus lamentables quehaceres. ¿Se van a comprar un disco de Manu Tenorio al Corte Inglés de Chiclana? Lo postean. ¿Se levantan con la necesidad de pedir el fin de ETA, como si Josu Ternera estuviera suscrito a su basura cibernética mediante RSS? Lo postean.

2) En caso de que tu vida sea triste y monótona, y tu cerebro adolezca de la capacidad de generar reflexión alguna, al ser un joven alocado e inconsciente, te recomiendo que cortes y pegues textos de otros blogs, o webs. No cites fuentes, y parecerá que es cosa tuya.

3) Links. Los enlaces son muy importantes y google lo valora mucho a la hora de hacer las búsquedas, es decir, que mejora el posicionamiento en buscadores. Si tu blog es loprimeroquehaceunamariquitacuandoseponeentumanoesecharteunpis.blogspot.com, por ejemplo, y enlazas bien bien, a sitios de calidad, como la NASA, Burberry´s, o tube8, la gente pone “blog” en google, y sale el tuyo el primero.

4) El título. Si quieres visitas a montones, lo suyo es que vertebres tus post en forma de listas, y de ese modo el título es más atractivo. Por ejemplo, no es lo mismo entrar en un post que se llame “Carta de San Pablo a los Corintios“, que en uno titulado: “diez consejos para cazar liebres“, “cinco momentos antes del sexto“, o “Quince consejos para mendigar fans“. No hay color.

5) Elige bien los tags. Los tags, o etiquetas, son palabras clave por los que quieres que los usuarios te encuentren. Por ejemplo, si tu post va de ciencia, los tags deberían ser palabras como: “ciencia”, “naturaleza”, “investigación”, “tetas”, “divulgar”, “sexogratis”, “experimento”, “follando”, “teen”, “ebony”, “doublenal”… De tal manera que los lectores que busquen las palabras relacionadas con tu campo, te encuentren. Y el 99´9% restante también te encuentre.

6) Que tus post no sean extensos. Ten en cuenta que el ser humano contemporáneo, amén de la escasa capacidad de reflexión que le queda, vive en un exceso de información (Sálvame Deluxe, lo último de Alejandro Sanz, el catálogo del Ikea, el programa PADRE…) de tal manera que no tiene mucho tiempo para perderlo leyéndote, así que no escribas un chorrazo de texto, sin fotos y sin , porque, directamente, se van a ver porno. Seamos un agradable paso previo.

7) Comparte. ¡Claro que sí, hombre!, ¡¡Abrasa a tus amistades en las redes sociales!! Autotuitéate, autorecomiéndate, que siempre hay algún colega pringado que también lo hace. De vez en cuando, tú has de hacer lo mismo con sus blogs, o contenidos. Un “me gusta” no cuesta nada, si luego nos pueden traer unas cuantas visitas que hagan crecer nuestro ego, y seguir siendo las personas más influyentes de entre los vecinos de nuestro portal.

8) Empapela tu barrio con carteles para que te sigan, habla del blog en cada ocasión, llama a radios y televisiones locales para que te hagan un reportaje, incluyendo datos de Analytics. Que vean que eres un tipo relevante que recibe entre 0 y 12 visitas al día, y eso ya es más que muchos diarios locales, que se ponen en PDF, y se llaman online.

9) Acude a eventos. Los hay por doquier, de todo tipo, pelaje y condición. Beers&blogs, fútbol&blogs, felaciones&blogs… Tu misión allí es hablar de lo importante que es el dospuntocero, y la clave es el contenido. Lleva un PPT, por si acaso, y coméntales a los comensales lo grandísimo seguidor suyo que eres, lo injusto que resulta que las marcas sigan metiendo pasta en periódicos, y no en el mundo online, o lo lamentables que son los gurús que no estén presentes en el sarao. Importante colar las palabras “Instagram“, e “infografía”.

10) Fantasea. Los blogs fueron fundamentales en la resistencia al nazismo, en la Revolución Francesa, o en la Guerra de la Independencia española. Sin ellos, el mundo sería mucho peor, no sabríamos a qué restaurante japo-peruano ir el sábado por la noche, o no se habría producido el movimiento 15M, cuya consecuencia ha sido el cambio de la Constitución a espaldas del pueblo que, de alguna manera, era la idea.

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Violencia gratis, oiga

Tuve mis tiempos de miembro de lo que se llamó “Aula contra la Guerra“, proyecto de la Facultad de Ciencias Políticas de la Complutense, surgido al calor de la intervención en Irak, y cuyo contenido queda al descubierto por el propio nombre. Entonces me comí un puñado de “encuentros” con los antidisturbios. Son esos seres que pueden permanecer como estatuas durante horas, en ausencia de diálogo, y emprenderla a palos en cualquier momento y sin preguntar. Recuerdo los gritos desde dentro de las furgonetas, y sus mandíbulas batiéndose sospechosamente.

El antidisturbio bufa. La respiración tras la máscara integrada en su casco, es un bufido que se olvida tan poco como el ruido de las pelotas de goma pasando cerca. O dándote en los riñones, por cierto. El sonido de las botas contra el asfalto, los gritos y los insultos. Se jalean a base de “hijoputas“, y “cagonlahostias“, que ascienden en tono a medida que llevan repartiendo estopa.

Pero lo que está pasando en los últimos días en Madrid es muy grave. Los medios no están dando cancha a los sucesos -ayer expliqué el por qué-, pero en la era de las redes y los blogs, sólo engañan a un público mayoritario pero indiferente. A un público que se podría sentar a ver una ejecución en directo, como en Texas. Al resto, a los que nos preocupa tener una idea de los sucesos más allá de los intereses económicos de tal, o cual medio, Internet nos ha salvado la vida. Aunque sólo sea por mitigar el deseo de saber.

El miércoles 17, una periodista fue obligada a identificarse por un animal disfrazado de policía y, por supuesto, sin identificar. La cosa fue así:

Ayer, jueves 18. Minuto 1, segundo 30. Se aprecia perfectamente cómo los policías dejan pasar a toda aquella persona que porta una mochila vaticana y, en cuanto ve a una ciudadana sin ella y, sin mediar palabra, la emprende a palos. A palos.

http://www.youtube.com/watch?v=9zJCgUu5mtE&feature=youtu.be

Si se dan cuenta, después de la primera hostia, se ven flashes tras los que salen los animales disfrazados de policías. Es un fotógrafo que, en este post, cuenta cómo vivió la jugada. Se trata de agresiones. Vandalismo. ¿Qué puede hacer el ciudadano? La delegada del Gobierno no abre la boca, así que, de momento, puñetazos, patadas y porrazos gratis.

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Detalles

Llevo un tiempo intentando escribir un post personal, en el que hable sobre los dos mundos laborales en los que me muevo. Sería un texto emocional para unos, y almibarado para otros, en el que concluiría intentando utilizar el clásico truco de “esos dos mundos que se creen tan diferentes pero que son, en realidad, más cercanos de lo que creen“. Lo hubiera hecho si supiera que un productor de comedias románticas, va a consultar el blog desde su residencia en Bel-Air. Los sueños dorados siempre son casposos.

Voy a ser mucho más crudo y con menos adorno. Habitualmente trabajo con gente normal*. Rodeado de cientos de personas absolutamente normales, de españoles medios. Llevo toda la vida vacilando con ese hombre que vota la PP, o al PSOE indistintamente, que tiene un pene de 13,5 centímetros, que es católico pero no practicante, que produce media tonelada de basura al año, y tiene una hipoteca a cincuenta, y ahora trabajo escoltado por un ejército de gente así.  La dictadura de la normalidad, sólo violada por detalles. Detalles que recolecto con esfuerzo, porque cuando tengo una teoría, busco su justificación cueste lo que cueste.

Es así como de un café puedo sacar un jirón en la costura de la corrección política, a través del que me asomo, intentando fantasear con personas que no siempre tuvieron todo tan claro, intentando buscar rasgos oscuros que los conviertan en humanos, en semejantes. Busco bajadas de guardias, off the records, despistes en el discurso machacón del “esto es así, y así lo hago porque así soy”. Y las hay.

El otro hemisferio laboral es rico en rarezas, orgulloso de darles relevancia, casi siempre en exceso. Es el lugar en el que la diferencia es un valor, y lo snob abofetea caras y chequeras, y te impide ver un País de Nunca Jamás en nómina y al abordaje, orientados por las últimas versiones de navegadores de nombre impronunciable y desconocido. En ellos busco su necesidad de acudir a una cierta convención, a los lugares comunes, a postulados irracionales, al gran relato en el que afirman no creer, pero en el que nos han programado y contra el que no se puede luchar de manera integral, sin pagar con una sensación enajenante de pérdida.

Este fin de semana el hombre de hojalata ha sentido a @Adoiz, @guillepedrero, @edugarcia, @cuerpo, @scresposan, @Guillemvideo, @mimadrenomedeja, @alvgarcia, @estelity, @diazcaneja, y @Softhardskills, más cerca. Probablemente unidos por un gesto como el de la foto, la búsqueda de algo. Algo que está fuera del cuadro y que, quizá sólo por eso, ya vale la pena buscar.

Saludos al productor de Hollywood. Soy barato.

*Obviemos lo de que “la normalidad no existe”. Seamos irónicos.

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El blog que no gusta

El otro día un tipo me dijo que mi blog nooo… Que nooo… Que no… me pillaba bien. Lo entendí. No es que sea de un nivel intelectual superior, o esté escrito en castellano antiguo, que para eso ya está Juan Manuel de Prada. Lo que me quería decir era que un día hablo de una cosa y otro de otra, y casi siempre con un criterio regulero.

Ya veo a los listos de los huevos: que si la especialización, que si el posicionamiento… Hay quien no se cree que no tenga pretensiones con el blog. Una cosa es que sea un pretencioso de mierda en mi vida, en mi día a día, en mis conversaciones y acciones, y otra es que afile todas y cada una de las cosas que hago, hacia ese objetivo. No me interesa tener muchas visitas.

El blog es personal, en él cuento lo que me viene en gana, más que nada porque soy incapaz de disciplinarlo, y porque me gusta hablar y compartir cosas que pienso sobre temas variopintos. Si me centro en un tema, contacto con gente de ese sector, establezco relaciones, enlaces, mejoro mi posicionamiento, me convierto en una referencia, Tatá, Mimí, Fofó, Tutú.

Ahora mismo tengo a unas 150 personas que me leen cada día. Ni 1, ni 15 millones. 150 seres vivos, 5 clases de un colegio, que se meten a ver en qué cojones ando. La cuestión es que me gusta tanto encontrarme a gente que le gusta el blog, como a gente a la que no le gusta. Me interesa no generar indiferencia. La única idea con la que posteo es la de no defraudar a aquella persona que pone en Googlesu perfecto caballero británico“, y se encuentra con esta colección de cosas inconexas.

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