Disparos

Escribir un post es pegarle un tiro al día. El post publicado es la bala que impacta y se hunde en la carne y unas veces sale y deja herida limpia -que nunca lo es del todo-, y otras veces se queda alojada en el cuerpo y la cosa se complica, porque los cuerpos empiezan a conspirar contra la nueva inquilina, y se buscan las formas de echarla, aunque sea llevándose por delante a la persona. Para los cuerpos la persona que vive dentro es un incordio, como para los blogs son un incordio los buenos post. Los buenos post son aquellos que no se escriben.

Que tenga cuatro, o cinco párrafos, no poniéndonos muy líricos, con su fotito, sus enlaces. Elegir un tema, intentar darle la vuelta, intentar sorprender. Acortador de uerreeles, pegar en féisbuk, pegar en tuiter, y ver cómo las visitas llegan a trescientas. Y siempre lo mismo, y siempre acortando y pegando y esperando. Y nosquequién te retuitea, y fulanito lo comparte en su muro porque están muy de acuerdo en lo que cuentas, y les hace gracia cómo lo cuentas. No saben que el post bueno se ha vuelto a morir en la recámara y, sin querer, se forma en tu cabeza una legión de fans del blog bueno, del que componen los post que no escribes.

Conoces a bastante gente. Tienes una familia, unos amigos, unos compañeros de trabajo. Gente que se pasa de vez en cuando y lee. Lo hacen por curiosidad, por ver si sigues vivo, por leer si se te escapa algo, si dejas escrita una frase de un post no escrito, y no se dan cuenta que es por ellos por lo que no se puede, porque escribir es un compromiso, y la literatura sólo es real si sirve como pasaporte a la soledad, o no es. Es el pastiche que leen ustedes cada mañana, el bigmac de la literatura, la sensación de que cualquiera puede hacer cualquier cosa sin arriesgar nada, por el mero hecho de tener la posibilidades técnicas de hacerlo.

Son muchas las veces que me he preguntado por el sentido de todo esto. A veces lo veo como una especie de bloc de notas para la novela que jamás voy a escribir, otras veces como parte de la terapia para sanar mi egomanía, en cualquier caso hay veces que los post buenos, los interesantes, aprietan tanto que hacer chirriar los márgenes, los raíles del buen hacer. Porque este blog, no nos engañemos, es un tratado sobre el buen hacer, que es un concepto que se pega de hostias con el de literatura. Al menos les tengo a todos ustedes, bueno tengo su versión mala, la falsa, la que que busca y logra no quedarse sola. Así la vida es la pausa para el café en un congreso de malas versiones, esperando que llegue alguien a pegarles un tiro.

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El blog que no gusta

El otro día un tipo me dijo que mi blog nooo… Que nooo… Que no… me pillaba bien. Lo entendí. No es que sea de un nivel intelectual superior, o esté escrito en castellano antiguo, que para eso ya está Juan Manuel de Prada. Lo que me quería decir era que un día hablo de una cosa y otro de otra, y casi siempre con un criterio regulero.

Ya veo a los listos de los huevos: que si la especialización, que si el posicionamiento… Hay quien no se cree que no tenga pretensiones con el blog. Una cosa es que sea un pretencioso de mierda en mi vida, en mi día a día, en mis conversaciones y acciones, y otra es que afile todas y cada una de las cosas que hago, hacia ese objetivo. No me interesa tener muchas visitas.

El blog es personal, en él cuento lo que me viene en gana, más que nada porque soy incapaz de disciplinarlo, y porque me gusta hablar y compartir cosas que pienso sobre temas variopintos. Si me centro en un tema, contacto con gente de ese sector, establezco relaciones, enlaces, mejoro mi posicionamiento, me convierto en una referencia, Tatá, Mimí, Fofó, Tutú.

Ahora mismo tengo a unas 150 personas que me leen cada día. Ni 1, ni 15 millones. 150 seres vivos, 5 clases de un colegio, que se meten a ver en qué cojones ando. La cuestión es que me gusta tanto encontrarme a gente que le gusta el blog, como a gente a la que no le gusta. Me interesa no generar indiferencia. La única idea con la que posteo es la de no defraudar a aquella persona que pone en Googlesu perfecto caballero británico“, y se encuentra con esta colección de cosas inconexas.

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