Esta es mi verdad

El tertuliano digiere la información para que al pueblo le llegue mascada. El tertuliano es el médico, y el cura y el veterinario de un país acostumbrado a que se lo den todo hecho. Y los tertulianos son del PSOE y del PP. Te cuentan sus milongas, e interpretan una misma cosa de una y otra manera. Siempre de dos maneras, por supuesto. Manteniendo la coherencia del sistema por quien todo fue hecho: machacando a base de tópicos no sólo para hacernos ver que este es el mejor de los mundos posibles, sino acrecentando el miedo a alterar orden alguno. Es un bipartidismo mental y psicológico, propio del país del Madrid-Barcelona, y del centralismo y la periferia, de la república y la monarquía, propio del país que no hizo justicia pasados cuarenta años de basura, sino que puso parches, como si el tiempo, de verdad, curara algo. Y no.

Ayer, abandonando mi relectura de Sartre, y mis clases de lapón, estuve viendo Gran Hermano. Para mi, la telebasura es el nuevo Galdós, y nadie me va a bajar de la burra. En la gala se trató un problema -un caso de infidelidad-, y se hizo desde dos puntos de vista: quien estaba a favor del chico -traicionado-, y quien lo estaba de la chica -traidora-. Ante un mismo acto, visto en directo por todo el país, se admitían y jaleaban dos tesis muy diferentes, en función de si la simpatía iba más hacia uno u otro. En diversas ocasiones los participantes en el duelo dialéctico se parapetaban tras la frase culmen del relativismo: “esa es mi verdad“.

Si quieren reírse un rato, y siguiendo con la ración de buena televisión a la que estoy acostumbrado, nos podemos pasar por el “Gran Debate, donde pusieron en contacto a la subdirectora del fanzine La Razón, y a dos de los “líderes sindicales estudiantiles” que protagonizaron una de las portadas más fascistas que se recuerden en la prensa de nuestra querida España. Véanla porque no tiene desperdicio. Si no tienen tiempo les resumo, que la subdirectora se defiende como gato panza arriba basándose en dos pilares: el primero que a su periódico le pueden gustar o no las cosas, y esa es la explicación última del “enfoque” de sus portadas, por lo que debemos sobreentender que venden opinión y exigen trato de medio de información. El segundo, que aunque los “líderes sindicales estudiantiles” afectados aseguran que han mentido en su información, y aportan pruebas de que es así, para la subdirectora esa es “su verdad“. Como si existieran varias interpretaciones acerca de la posesión o no de un título universitario.

Cuando las cosas van mal existen dos opciones: inflarse a anís Castellana, o recurrir a Manuel Cruz. Hace unos días el filósofo recibía el premio Jovellanos de ensayo por su obra “Adiós Historia, adiós, una bomba contra el relativismo dictatorial y obsesivo, un rayo de luz y esperanza sobre el olvido hacia la Historia, la sensación de que cualquier cosa hecha antes es un pueril fruto de personas incapaces de aportarnos nada con su experiencia. Por ejemplo, por volver a nuestros días de tempestades en el ÍBEX: fijarnos en el New Deal es una gilipollez, el keynesianismo ya no vale, es algo antiguo.

Dice Cruz, que para nosotros la Historia es “un pasado entendido como un parque temático. Como diciendo: anda, mira, cómo vivía esta gente. En realidad, nos hemos desentendido tanto del pasado como del futuro. Vivimos en un permanente presente y las nociones heredadas han saltado por los aires.” Y es un parque de atracciones en tanto hemos de hacer que absolutamente todo sea rentable para que sobreviva. Manuel Cruz acierta concluyendo que “en los debates televisivos se escucha a mucho petardo hablar con ligereza de «mi verdad». Pero ¿cómo que tu verdad? Si aspiramos a un horizonte de conocimiento, esto no es posible. Lo que sucedió, sucedió. Y punto.

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Bilardo vs Menotti

Los medios de comunicación siempre han vivido un eterno pulso entre lo artístico y la supervivencia. El poder de la seducción y el del dinero, la calidad o la rentabilidad. La historia se encarga de juzgar si los productos son buenos o no. Por ejemplo Crónicas Marcianas se vio como el adalid del mal gusto y la esencia de la telebasura, pero cada formato que ha perfilado desde entonces su cadena, parece dejarlo en mejor lugar. A algunos, hasta se la cuela Sardá cuando dice que hacía tele de calidad.

CNN+, sin embargo y pese al ruido dospuntocero a su favor, demostró ser una cadena de una calidad periodística enorme, pero sin rentabilidad, en unos tiempos en los que el espectador, educado en los mejores estercoleros, no valora en absoluto la calidad periodística. El espectador quiere que le cuenten cosas, que le distraigan, que le hagan hablar, sin importarle el cómo, ni siquiera la veracidad de las mismas. Por tanto, con el tiempo, CNN+ será un proyecto muerto más.

En Internet esa tensión parecía decrecer, con la dictadura de lo tecnológico, que imponía diseño. Con el paso del tiempo, hemos visto blogs que viven muy bien del tráfico -visitas- y que representan una derrota para la estética, una hostia a los ojos (este post lo es, un poco). Y luego está Google.

Entre una página con un diseño fenomenal, comida por los gusanos, y otra con un éxito brutal, parecida al maillot de un ciclista, aparecen las redes sociales como una vía de escape. Pierde el diseño, y la creatividad sale a presión contra el socialmedia. Facebook, Twitter, Tuenti y compañía reciben ideas que no cuajan -no en el sentido estricto de un departamento de marketing, dispuesto a exigir números de medios tradicionales-, y pasamos a entrar en los espacios privados a spamear.

Bajo la licencia de un discurso hippy de comunicación horizontal, los anunciantes pelean por bases de datos a la velocidad que les exigen informes semestrales con dibujos de líneas que deben tener un trazo ascendente. Sin tiempo para que las redes sociales demuestren un gran resultado, o la creatividad se amolde a las nuevas formas, llega la rentabilidad a corto plazo con todas las de la ley, y de su mano concursos y compras de aficionados, fans, seguidores, o lo que queramos, para nada interesados por algo más allá del cacharrito, viaje, o cuenta premium de turno.

Los puristas andan perdidos, y los creativos un tanto amordazados por la amenaza de las mediciones implacables. La rentabilidad siempre aporta su plan, y parece que es el momento de que la estética y lo artístico hagan lo propio, en lugar de buscar un nuevo lugar de exilio en el que practicarse felaciones gremiales.

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