Otro martes más

Si dosmil ocho fue un viaje a la deriva, dosmil nueve se está revelando como el año en que achico aguas. Como si se tratara de un número básico de clown, cuando logro tapar un agujero, el agua sale a propulsión por otro. El agua siempre gana. Ayer me arreglaron la caldera. Tras diez días sin agua caliente, me había acostumbrado y me da algo de pena. Las duchas con agua fría son un suplicio, pero sanamente reconfortantes cuando vuelves a sentirte los miembros. No me atreví a decírselo al técnico, parecía tan profesional. A juzgar por la factura, de los buenos.

Un yonki duerme en un sopotal de la calle Tribulete parapetado tras una bici. La bici mola y fantaseo con robársela. Igual es lo único que tiene, pero igual tampoco la valora. Igual es uno de esos ricos a los que se le ha ido la pelota y viven en la calle. Igual es el Chava Jimenez, que no murió, pero que se dedicó a la indigencia de manera profesional. Igual. No se la robo porque me dejaría en muy mal lugar. Durmiéndole con algo… No. Y la pintaría con un spray y no se enteraría nadie. Que no.

No tengo hambre, llevo días sin cenar. Tengo agobio en la tripa y Nico vomita, chica esto es así. El de la caldera me dice que era actor figurante en series de esas chulas que ponen en prime time, pero que no vio futuro y que se metió a robar a base de manguito y termostato. Si fuera católico hubiera visto en él una señal, un enviado del todopoderoso. Hablando de seres supremos… ¿Qué fue de Cachuli?

Esta mañana, haciendo un requiebro a la crisis me he comprado una caja de conchas Codan y me siento como una especie de tendero-custodio. Cuando era pequeño, los niños de bien llevaban a recreo conchas Codan u otras cosas que anunciaban por la tele. Yo bocata de fuagrás. El fuagrás de los cojones. Ruido de papel albal y olor a fuagrás. ¿Qué es lo puto peor? El puto fuagrás. Para un grupo de punkrock mola el nombre, pero para un alimento de recreo… Si no hubiera sido un fanegas hasta hubiera tirado los bocatas. Anda que me pedía nadie un bocao. Puto fuagrás.

Seguro que al reparador/figurante -¿Qué confianza reporta un tío que te va a cobrar trescientos pavos y, encima te dice que antes era actor? No me jodas…- le daban conchas Codan, o Panteras Rosa, o Tarzanes. Con muñequito de regalo. ¿Qué regalo te trae un bocata de fuagrás? El que hagáis sobre la loza tú y tu esfínter con mucha creatividad y paciencia. Siento ser escatológico pero, ya que ando con el apetito regular os jodéis y sois un poco solidarios. Por eso no le ofrecí ninguna concha, que le den. Que se gaste los trescientos pavos en bollería industrial al peso.

Fuagrás. Ni he tenido infancia, ni he tenido .

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Limón

PTDC0007Todo el mundo tiene amigos gays except for me and my monkey. Es lo que pienso mientras me incrusto en Tribulete, atravesando como un golpe de cámara de Wes Anderson (es la última referencia cultural, prometo. Denle una oportunidad al post, sigan leyendo) y diseccionando un pequeño conflicto enmarcado en metros y segundos. En el estanco, el de la tienda de chucherías florea entre babas a una señora que acaba de entrar riendo cómplice. A diez metros, en la tienda de chucherías, la mujer del tendero barre ajena a la escena dos paredes más allá.

El sexo picotea en sms y los vestidos del barrio me dan la impresión de que sólo bastaría una chispa para que todo el latinismo y negritud contagie a los oriundos de la zona, propagando una pandemia sexual callejera. En verano el sudor ajeno sabe bien, y eso lo conocemos todos. O por lo menos nadie se ha negado a probarlo. Hasta los desconchones de los bajos parecen desnudar las casas empezando por lo primero. En la mía, Radio Gladys Palmera no ayuda a enfriar el ambiente. Limon & Nada, de Minute Maid, la última tentación del moderno, se desliza por el gaznate y recuerda el color de la camisa que me ha gustado esta mañana.

Ir al Corte Inglés tiene algo de ese sueño que tenía de pequeño: quedarme encerrado en un centro comercial. Puedes pulular, probarte cosas. Me voy a pillar camisetas de la NBA, y voy a ser Nowitzki, Ginobili, Rudy y Garnett. Cuando me pruebo la de Boston me dan ganas de pegar o hacer llorar a alguien así que las dejo y paso por Puri, donde veo la camisa blanca y limón que me gustó, o por Hugo. Un rato en Caramelo, pero un rato, se está volviendo muy cascuda esa firma. Armand Bassi tiene cosas que no me podría permitir ni ahora, que está al 50%, es de coña. Odio tener clase, no es nada barato. Me molaría ser feliz con unos pantalones pirata y una camiseta sin manga que ponga “Italy”. Iría a hacerme fotos con una poligonera en la fachada del Prado.

PD: Mañana presento el Festival de Cortos de Humor de Guada. Por algo se empieza, pensaría Billy Crystal. Siempre empezando. Pericles se tocaría.

PD2: El post de ayer no significaba nada. Era parte del juego del propio post. Soy la leche ¿eh?

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