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Taxistas

Bárcenas aparece en escena como si los informativos de las televisiones no fueran más que el cuarto cuarto de su abrigazo de banquero antiguo, como si hubiera nacido para que su paso ligero fuera el ideal prefacio al primetime de las cadenas, como si ese pelo que le nace recio y se mantiene firme gracias a la disciplina de la gomina, hubiera crecido sólo con el fin de reflejar los flashes de fotógrafos que eran quérubes cuando se repartía en este país gomina en cantidades industriales entre los altos ejecutivos que bebieron de las fuentes neocons norteamericanas, y comieron del maná franquista, que parece no tener fin. La gomina de los empresarios es el gloss de España.

Existen varios tipos de películas norteamericanas: las que empiezan con un juicio, las que van de juicios, y las que acaban con un juicio. No sé en cuál se imaginará Luis que está, en cualquier caso parece que se ha preparado el papel a conciencia, y no es para menos, porque en Suiza le espera un sueldo a la altura de los mejores de Hollywood.

Luis sale del taxi, coge la tabla y se dispone a surfear en una ola de gomaespuma con los diferentes logotipos de las televisiones, mareado por preguntas absurdas a las que parece contestar para sus adentros, porque esboza una sonrisilla que resultará su perdición. En este país puedes se un hijo de puta de los pies a la cabeza, un ladrón, o un asesino, pero España no soporta la risita floja. Roba, pero mantén el rictus, frunce el ceño y tendrás hueco en unos años en una tertulia de Intereconomía, y en la sección de libros de El Corte Inglés.

Ajeno el actor al montaje final, los espectadores vemos su entrada y salida de los juzgados, y también el trajín de Trías, el secretario que se cayó del caballo y del golpe resultó íntegro y clarividente. Ambos van en taxi. Supongan que son ustedes taxistas y que les para el extesorero -ese cargo de 24 kilates- en mitad de la calle. ¿Esperarían que les pagara con un sobre?, ¿Le preguntarían si va a querer factura?, ¿Cómo se viviría esa carrera? , ¿Le preguntarían por dónde prefiere ir a los juzgados? Madrid tiene ese puntazo con los taxis que a los que venimos de provincias nos parece mágico: un montón de tipos con sus coches que te llevan a los sitios por dinero, aunque sea saltándose algunas normas. Te hacen sentir concejal por unos minutos.

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